José Rodríguez Paterna Gilberte y Blandina Balanzategui Bañares

José Rodriguez Paterna, Blandina de Balanzateguiren senarra, Logroñoko alkateetatik maitatuenetarikoa izan zen, eta horrela oroitzen dute gaur, bere izena duen kale batekin.

 

José Rodríguez Paterna Gilberte, uno de los ediles más recordados a finales del XIX y que aún conserva la ciudad una calle en su nombre, fue Alcalde de Logroño entre 1885 y 1891 durante tres mandatos consecutivos. Era hijo de un militar albaceteño afincado en la capital riojana durante la primera contienda carlista y que posteriormente mantuvo responsabilidades políticas. Al finalizar la última guerra carlista, contrajo matrimonio con Blandina Balanzategui Bañares, heredera de una de las haciendas más importantes de Elciego. Fruto de sus trabajos en la alcaldía fue la condecoración con la Gran Cruz de Isabel la Católica y la de Carlos III. Participó activamente en la vida social logroñesa siendo miembro fundador y Presidente del “Círculo Logroñés”. En 1894 fue presidente de la “Cámara Agrícola Riojana”.

El matrimonio vivió en Logroño, pero compartió tiempo y estancia en Elciego, ya que el padre de ésta vivió hasta 1893. Tuvieron un primer hijo nacido en Logroño en 1880 al que le pusieron por nombre José Fausto Canuto Julián, nombres  que hacen referencia a los antepasados de ambas familias. Este muchacho falleció en Elciego el 23 de diciembre de 1889 como consecuencia de una angina diftérica, a los nueve años. El 6 de enero de1883 nace una chica en nuestra villa a la que le pusieron por nombre María Manuela Juliana Adoración, quien fallecería de infante en Logroño en la epidemia de cólera de 1885. El 4 de enero de 1886 nace en Elciego otra chica, a la que no llegan a ponerle nombre, puesto que fallece a las dos horas de haber nacido. Posteriormente tuvieron otro hijo nacido en Logroño y que ha sido el que fusionó en su persona las dos haciendas de sus padres , Vicente Rodríguez Paterna Balanzategui, quien falleció en Logroño en 1952.

Blandina, ya viuda, se retiró sus últimos días en Elciego, donde falleció el 10 de noviembre de1916. En el Cementerio de nuestra villa, en una sepultura preparada por Canuto Balanzategui, descansan ente otros los restos de Canuto, su segunda mujer Paula, su hija Blandina y su nieto José Fausto.

Agradecemos una vez más a la familia Bañares quien nos ha facilitado la documentación gráfica para este artículo.

 

 

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1797.- Enchapado de los púlpitos de la Parroquia de San Andrés

XVIII.mendeko azken hamarkadan Sakristia berriaren eraikuntza ondoren, tenpluaren apaingarriak eta edertzapenak pulpituen estalpenarekin jarraitu zuten 1797an

En 1792 se comenzó la obra de la Nueva Sacristía bajo el diseño y la dirección de Justo Antonio de Olaguíbel. Trabajo intenso y de cuidado artístico al extremo tuvieron los ejecutores y los responsables de la obra. Ya en su fase final (1794) Antonio Uribe Ojanguren, el cantero que había venido del valle de Aramaio a establecerse en nuestra villa con su buen hacer en cantería, abrió la nueva puerta en el muro del edificio y la remató artísticamente con su cornisa incluida. Posteriormente, con la ayuda de su alumno aprendiz,  se le pidió que adecentara y reconstruyera la escalinata de piedra de los dos púlpitos adosados en los dos extremos del final del crucero del templo.

   En 1797 encargan a un buen herrero afincado en Bernedo la construcción, remodelación y embellecimiento de la baranda de hierro de estos dos púlpitos. Pablo de Valencia, que así se llamaba el maestro herrero, recortó en buena chapa los adornos y flores que se adosaron a los balostres y baranda. Un buen trabajo de herrería que costó a la Fábrica de la Iglesia 3.300 reales de vellón.

Al finalizar la obra, otro artista, de pintura y dorado, que se había establecido en la villa, Matías Garrido, doró esta obra de herrería que ha llegado a nuestros días.

Así consta en la escritura de obligación que firmaron los Patronos de la Fábrica de la Iglesia y el Maestro Herrero

1797-01-08 ESCRITURA DE ENCHAPAR LOS PULPITOS

En la Villa de Elciego a ocho días del mes de Enero de mil setecientos noventa y siete años, ante mí el infrascripto escribano y testigos parecieron presentes de la una parte los Señores Don Francisco Antonio Sáenz de Olano, Presbítero Beneficiados y cura en la Iglesia Parroquial de esta dicha Villa, Don Julián Amestoy, Don juan Antonio Sáenz de Olano Mayordomos eclesiástico y secular de la referida Iglesia y su Fábrica y de la otra Pablo de Valencia, natural y vecino de la villa de Bernedo, y estante al presente en esta y dijeron que en efectivo cumplimiento de lo mandado por el Ilmo Señor Obispo de este obispado de Calahorra y La Calzada en el auto de Visita, que dejó en esta Villa, han tratado y ajustado con el citado Pablo de Valencia Maestro Herrero, el hacer y construir un enchapado para cada uno de los púlpitos de la enunciada Iglesia, con arreglo a las Condiciones que se insertarán en esta Escritura, traza y diseño que están rubricados por mí el escribano de que doy fe en la Cantidad de tres mil y trescientos Reales Vellón con la obligación de darlo todo concluido para el día primero de Abril de este presente año, que el tenor de las condiciones, con que se ha de ejecutar la citada obra es el siguiente:

1.- La primera, que el enunciado Pablo de Valencia ha de ejecutar las dichas chapas para los dos Púlpitos con arreglo a las dos trazas que se hallan sombreadas en el Diseño, con el primor de que es susceptible alternativamente, fijándolas en los Balostres con una flor en cada clavadura.

2.- La segunda, que las Chapas tendrán el grueso de las muestras que ha presentado a este fin, quedándose los Señores Patronos con una de ellas

3.- La tercera que será de obligación de dicho Maestro reformar las Rejas de los dos Púlpitos, desde el principio de la subida hasta el principio del cubo, colocando los Balostres  a la misma distancia, que tienen entre sí los del Cubo  y observando en todo lo que se halla dispuesto en la primera condición, con la diferencia, que debajo del pasamanos, ha de colocar una fenefa pequeña, y de gusto, dando a los  Balostres la altura que tienen los Cubos. Lee el resto de esta entrada »

1827 Contrato de arriendo de los molinos de Edesilla

Edesillako errotaren alokairuaren kontratuak, bere mekanismoaren berariazko hiztegia ezagutzea baimentzen digu

La necesidad de moler cereal para la alimentación de las personas, así como la de la obtención del aceite de la oliva recolectada, dio lugar en los siglos anteriores a la actividad molinera en nuestra villa.

No son abundantes los datos acerca de los molinos de nuestra jurisdicción, incluso desconocemos si la obtención de aceite se realizó en algunos de ellos.  En las diversas documentaciones  siempre se habla de molinos harineros y tres de ellos son los más reseñables: el de La Mocha ( en La Mezana) y La Canal, de titularidad municipal y los de Edesilla, en la orilla del río Ebro, cerca de la desembocadura del Río Mayor, propiedad hasta mediados del siglo XIX de los Ruiz de Ubago.

De este último es del que más documentación conservamos ya que sus propietarios reflejaron su existencia y su actividad en los diversos papeleos del Mayorazgo. Existen datos desde el siglo XVII hasta inicios del siglo XX y en 1845 lo vendieron a Marceliana Hurtado de Amézaga por 4.500 reales vellón.

Parece ser que poco antes de 1827 se hizo una reforma importante en los molinos, tanto en materiales del mecanismo como del encauzamiento y salto del agua para su movimiento. En este año se hizo un contrato de alquiler entre el último poseedor del Mayorazgo, Juan Antonio Ruiz de Ubago, con Manuel Elguea, afincado en Elciego y de profesión molinero. En él  se detalla y tasa el valor de las piezas del molino y de la obra de cantería realizada. La tasación la hizo Antonio Arocena, cantero de Cenicero. Aquí se recogen, aparte del mecanismo de funcionamiento del molino, el vocabulario específico de cada pieza: corredera, cello, costaneras, tornos, maroma, palmillas, tramoya, guindador, mayal, rodete, saetín, ….

En la villa de Elciego a veinte y siete de Abril de ochocientos veinte y siete ante mí el Escribano y testigos infascriptos compareció Don Juan Antonio Ruiz de Ubago, vecino de esta villa y dijo que en el término de Edesilla jurisdicción de esta misma villa le corresponde en propiedad y dominio dos molinos arineros que radica en dicho término y una pieza de cuatro fanegas de tierra de sembradura sita en el término que llaman el Roquial, surco por el ondón al Río Mayor y a Don Aniceto Bañares por la Cabezada a la Regadera que va a dicho molino y por mediodía a viña de Don Joaquín María Martínez de Villarreal, cuya heredad se halla dividida en dos trozos por un río que la cruza por el medio y como dueño absoluto ha determinado dar ambas propiedades en renta a Manuel Elguea de esta vecindad y para que al fin del arriendo conste para los efectos conducentes el valor de los enseres de dicho molino se han tasado por Antonio de Arocena, Maestro de Cantería vecino de la villa de Cenicero perito nombrado para el efecto por el orden siguiente:

1.- Lo primero ha tasado la corredera de siete onzas a cuarenta reales y con su cello hace doscientos y ochenta reales………………………………..…………………………………………..280 rs

La solera cuatro onzas de gruesa y dos de servicio en setenta reales…………..…….70 rs.

Los dos tablones de las costaneras de veinte pies en cuarenta reales……..40 rs.

Los dos tablones de encima de las costaneras de siete pies y medio a treinta reales cada uno son sesenta………………………………………………60 rs.

Las tres tablas del  frontis y cubierta de la piedra todo en doce reales ……12 rs.

Los dos tornos de levantar la piedra y el de las cargas con su maroma en cuarenta y cinco reales………………45 rs.

Las dos palmillas cinco reales……………..5 rs.

La tramoya con canaleta ocho reales…………………8 rs. Lee el resto de esta entrada »

1827.- Construcción de las pilastras, jarrones y barandilla para el Presbiterio del Altar Mayor

Orain hamarkada gutxirarte Elizako Aldare Nagusia gainontzeko tenplutik 1827ean fabrikatu ziren hesi batez eta marmolezko pilastra batzuen bidez banatuta zegoen. Hona hemen berau eraikitzeko kontratuaren eskritura.

En la década de 1820 los caudales de la Fábrica de la Iglesia seguían siendo generosos a pesar de haber acometido dos decenios antes la construcción de la nueva sacristía encargada al Maestro Olaguíbel.

Según los datos documentales, los ingresos medios anuales calculados en el primer quinquenio de esta década eran de 29.605 reales para afrontar un gasto anual en torno a 12.000 reales. Concretamente el año 1826 había un remanente a favor de 4.253 reales en las cuentas del Mayordomo, más tres cubas de vino en la cueva para su venta. Según dicho documento, la Iglesia se encontraba  “con caudal sobrante y surtido de todo lo necesario para su culto, alimentos ordinarios y pago de salarios acostumbrados.”

Esta situación de bonanza en las arcas de la Iglesia contrasta con las del Ayuntamiento, que aparte de los vaivenes políticos del momento, están fatigadas en estos años por no poder afrontar los pagos rutinarios más los de de armamento y equipamiento de las dos Compañías de Voluntarios Realistas que se organizaron en el pueblo. Las arcas de la Iglesia tuvieron que realizar un préstamo de 8.000 reales al Consistorio para afrontar esta situación de penuria.

El cura Julián Amestoy, junto con su sobrino también presbítero beneficiado de la Parroquia Fernando Amestoy, y con el visto bueno del Alcalde Blas Ruiz de Escudero, decidieron acometer la fabricación de un cerramiento para el Presbiterio del Altar Mayor.

El Presbiterio, lugar preferente del templo parroquial en torno al Altar Mayor, estaba reservado al clero y separado del resto del templo por unas gradas o escalinatas. La ornamentación y exaltación del propio Presbiterio pedía una barandilla definitoria con su comulgatorio, tan del gusto de los cánones de la época. Encargaron la obra a dos maestros conocidos en Vitoria y que posteriormente trabajaron intensamente en la Casa de la Aduana de la capital Alavesa: Juan Antonio de Urrestarazu, como Maestro en Jaspe y Pedro de Arbizu, Maestro Herrero.

La definición de los materiales que aparecen en el contrato es curiosa, puesto que define al detalle que las dos pilastras de piedra de Jaspe deben ser de la Fábrica de Mañaria, los paneles de dichas pilastras de las canteras de Azáceta y los jarrones de las canteras de Azcoitia, piedra más blanca que las anteriores.

Tras las nuevas orientaciones litúrgicas del Concilio Vaticano II, el Presbiterio dejó de ser un lugar cerrado y exclusivo para los clérigos y el propio Altar Mayor se separó del Retablo para oficiar la misa cara al público. Esto trajo consigo que en torno a 1970 se retiraran las pilastras, el comulgatorio al pie de la escalinata y se acortasen las barandillas de hierro, para dejarlo tal y como lo conocemos en la actualidad.

CONDICIONES Y OBLIGACIÓN PARA FABRICAR UN PRESBITERIO EN LA IGLESIA PARROQUIAL DE ESTA VILLA

1827-10-30

En la Villa de Elciego a treinta de Octubre de mil ochocientos veinte y siete, ante mí el Escribano y testigos infrascriptos comparecieron los Señores Julián de Amestoy y Don Fernando Amestoy, Presbíteros Beneficiados y Curas Párrocos de la Iglesia de esta misma villa, Don Blas Ruiz de Escudero Alcalde y Juez ordinario de la misma y Don Sebastián Vicente de Barraycoa Mayordomo secular de Fábrica y todos como representantes dijeron que para adorno de esta Iglesia tienen determinado con licencia del Tribunal Eclesiástico en sanchar el Presbiterio por ser muy angosto y no corresponder a la Magnificencia del Templo el que para el efecto se ha formado el correspondiente modelo,  plan y Condiciones y formado las diligencias correspondientes que exige la materia habiendo sido todo de la aprobación del Señor Provisor y Vicario General de este Obispado y mandado fabricar dicha obra por su auto de veinte y ocho de Julio del presente año, que con este motivo los Señores Comparecientes han determinado poner en práctica dicha obra y al efecto han tratado con varios Maestros para su ejecución y se han convenido con Don Juan Antonio de Urrestarazu, Maestro en Jaspe y Don Pedro de Arbizu, Maestro Herrero vecinos de la Ciudad de Vitoria en que estos ejecuten dicha obra bajo las condiciones siguientes:

1.- La primera que el dicho Juan Antonio de Urrestarazu ha de fabricar dos pilastras de Piedra Jaspe con sus respectivos jarrones de lo mismo debiendo ser la piedra de las primeras de la Fábrica de Mañaria y el de los segundos de las Canteras de Azcoitia de la piedra más blanca. Que los paneles de las pilastras han de ser de las Canteras de Azaceta todo con arreglo al diseño que tienen a la vista a excepción de los adornos de los jarrones que no han de ser de su cuenta y que esta obra la ha de dar por conclusa para todo el mes de Mayo del año próximo y siendo de cuenta de dicho Maestro colocar la obra en el sitio. Que por el trabajo de todo hasta estar por conclusa la obra y entregada según modelo se le ha de satisfacer al referido Maestro cinco mil reales de vellón.

2.- Que el dicho Don Pedro Albizu ha de ejecutar la obra de él en rejado de hierro con arreglo a dicho diseño, teniendo todos sus eslabones media onza al frente y seis líneas al canto a excepción de las llantas de arriba y abajo que éstas serán proporcionadas con arreglo al diseño y seguridad de la obra. Que el coste después de colocarlo dicho enrejado en su respectivo sitio se le ha de para al referido Maestro tres reales por cada libra de fierro estando según queda demostrado.

Con cuyas condiciones los dichos Don Juan Antonio de Urrestarazu su Maestro Cantero de Jaspe y Don Pedro de Arbizu Maestro Herrero se obligan con sus personas y bienes habidos y por haber a la edificación de las enunciadas obras el primero en la cantidad de cinco mil reales vellón y el segundo a tres reales por cada libra cuyo importe se ha de satisfacer respectivamente a cada uno después de concluida y entregada según queda demostrado, pero si en el intermedio de las referidas obras los enunciados Maestros solicitasen alguna cantidad a cuenta de ellas se les entregará bajo la correspondiente fianza a lo que estando presentes accedieron y nuevamente se obligaron cada uno respectivamente a dar por conclusas las precisadas obras según los respectivos diseños y colocarlas en los sitios destinados para todo el mes de Mayo del año próximo de mil ochocientos veinte y ocho sin excusa ni dilación alguna siendo de su cuenta los perjuicios que se experimentasen en caso contrario. Y para ser competidor a lo que van obligados dieron todo su poder cumplido a las justicias y jueces de S.M. que sean competentes para que al cumplimiento de todo lo referido se les apela y apremie como si sobre ello se hubiese dado y pronunciado sentencia definitiva pasada en autoridad de cosa juzgada consentida, renuncian las leyes fueros y privilegios de us favor con la general en forma.

Y los referidos Señores Curas y Patronos aceptaron esta Escritura en nombre de quien representan y se obligaron a su cumplimiento según y en la forma que deben y pueden hacerlo. Así lo otorgan siendo testigos Pedro Arteta, vecino de la villa de la Puebla de Labarca y Don Juan Ruiz de Escudero natural de esta villa a quienes y los Señores otorgantes yo el Escribano doy fe conozco lo firmaron todos y lo firmé”

(Archivo de Protocolos de Alava 1827- Lucas Navaz Prot 8222)

 

Década de 1870.- Blandina Balanzategui Bañares, Sabina Pérez del Val y Emiliana Bañares Guinea

Ezagutzen dugun Blandina Balanzateguiren argazki zaharrena, 1870ko hamarkadan. José Rodriguez Paternaren emaztea, Logroñoko Alkate gogoangarria eta Vicente Rodriguez Paterna Balanzateguiren ama, hainbeste oroituriko herriko ongilea

Muy pocas fotos hemos visto de Blandina Balanzategui, ésta que nos ofrece la familia Bañares pertenece a la década de 1870 y aparece retratada (a la parte izquierda) con sus parientes Sabina Pérez Del Val (sentada)  y Emiliana Bañares Guinea (a la parte derecha).

Blandina Balanzategui Bañares era hija de Canuto Balanzategui y de Manuela Juliana Bañares Oquendo; nieta por tanto de Fausto Bañares Arrúbal. Nació en Elciego en 1851 y contrajo matrimonio con José Rodríguez Paterna Gilberte, quien fue Alcalde de Logroño en tres periodos 1885-1887, 1887-1889 y 1890-1891. El buen quehacer de este mandatario liberal quedó reflejado en crónicas y escritos, aparte de una calle con su nombre.  Hijo de este matrimonio fue Vicente Rodríguez Paterna Balanzategui, el famoso “Paterna” que gestionó una sustanciosa herencia y fue benefactor de la Iglesia Parroquial.

Sabina Pérez Del Val, era natural de Pedroso y junto con su hermana Martina aparecen en los registros matrimoniales de Elciego. Ésta se casa en la Parroquia de San Andrés en 1869 con el najerense Eugenio Ortiz Ortiz. Sabina contrae matrimonio en 1872 con Gerónimo Bañares Guinea, hijo de José Ramón Bañares Barraicoa y por tanto nieto de Aniceto Bañares Arrúbal.

Emiliana Bañares Guinea nació en Elciego en 1858 y contrajo matrimonio en 1881 con Eliodoro Ramírez Sáenz de Olano. Por tanto Sabina Pérez Del Val y Emiliana Bañares eran cuñadas.

Los apuntes a pie de foto son de Luis Bañares Pérez, hijo de Gerónimo y de Sabina.

Un agradecimiento especial a la familia Bañares que conserva y nos ofrece esta documentación que enriquece el patrimonio histórico y cultural de Elciego.

1803 La construcción de una pared entre la Iglesia y el Río Mayor

Mayor ibaiaren uholde jarraiek, lurraren arrastrea eta ertzen txikitzeak ondorioztatu zituen. Horrela, Eliza ibaitik hain gertu egotean, tenpluaren oinarrietan eragingo ote zuen beldurra sortu zen.

 

Si nos remontamos poco más de 200 años a cómo era el paisaje entre la Iglesia y el Río Mayor, poco tendría de parecido con el actual. Un puente muy reducido comunicaba el pueblo con el otro barrio donde dormitaban los vinos y se apeaban los arrieros en la explanada del mesón. Donde actualmente contemplamos una buena carretera, con su cimentación y decoro, eran en esa época un pequeño terraplén irregular entre la Iglesia y el río. Algo muy parecido a lo que las fotografías de hace poco más de 50 años nos  ilustran y nos ayudan a imaginarnos esa realidad de hace poco más de dos siglos.

Comienza el siglo XIX con una obra soberbia recién terminada en el templo parroquial: la nueva sacristía diseñada por Olaguíbel, que se inició en marzo de 1791 y que se estaban rematando detalles en 1797.

En esta época de inversiones muy importantes en el templo parroquial porque los ingresos de las Primicias eran muy sustanciosos y los regidores de la Iglesia tenían un poder religioso, civil y económico sobre el pueblo, se acometió esta obra “ tan necesaria, aunque de poca consideración por su coste, merece la mayor atención con relación a la ruina que podría causar el curso de las Aguas, humedeciendo el Pavimento de los cimientos y cediendo al enorme peso que sustentan por la grande elevación de dicha Fábrica” según Francisco Antonio Sáenz de Olano, Pbro.  Beneficiado y Cura, D. Antonio Ibáñez  Ubago, y D Fausto Antonio Sáenz de Navarrete, Mayordomos eclesiástico y secular respectivamente, quienes se encargaron de tramitar la solicitud al Tribunal Eclesiástico de Calahorra. Ellos como Patrones de la Fábrica de la Iglesia no tenían facultades para conseguirlo y dieron su poder al cura Julián Amestoy para que presentara los pedimentos y escritos conducentes a la realización de dicha obra.

La argumentación para acometer esta obra fue muy sencilla: “ las frecuentes avenidas del Río que corre a espaldas de la Fábrica de dicha Iglesia han causado el desprendimiento de un terreno que servía de resguardo a sus cimientos y que para precaver alguna ruina en la citada Fábrica sumamente elevada por la desigualdad de su superficie, se hace indispensable construir un Fuerte de Piedra. “ Así lo expresaron en un documento firmado ante el escribano local Manuel Ramírez el 18 de mayo de 1802.

Un año justo tardaron los permisos y así  el 29 de mayo de 1803 se firmó el contrato de la obra entre los Patronos de la Iglesia  de este año (D. Julián Amestoy como cura, Francisco Antonio Sáenz de Olano y José de Ocio, Mayordomos Eclesiástico y Secular) y el Maestro de Cantería Manuel Menchaca, residente en Lanciego. Los planos los realizó un famoso Maestro de obras residente en Logroño: Valerio Ascorbe Beitia. El título de la obra era “Ejecución de una Vanguardia para defensa del Camino y Fábrica de dicha Iglesia, a la parte de abajo y junto al Río Mayor de esta Villa” y su presupuesto remontaba a 7.800 rs que abonarían los caudales de la Iglesia.

Las Condiciones del contrato fueron las siguientes:

“1.- Que el referido Manuel de Menchaca ha de abrir de su cuenta los cimientos para dicha obra hasta la profundidad de cuatro pies debajo de la Madre del Río, con seis de ancho. Y si a los cuatro pies de profundidad no se encontrare fundamento sólido, se profundará hasta encontrarle, abonándole la Iglesia el exceso e igualmente se le descontará si se halla antes de dichos pies.

2.-Que abiertos los cimientos y reconocida su solidez se planteará dicha obra, con arreglo al número primero del Plan ( suprimiendo los estribus número segundo y reduciendo la planta a seis pies) y se dará principio al asiento con piedra de buena calidad de sillería devastada en la cara que mira al Río, tanto en los cimientos como en el alzado con sus cinceladuras para su mejor unión en las Juntas y Lechos que deberán ser cuando menos de media vara en cada Piedra y la parte o cara interior será de buena mampostería con tizones interior y exteriormente de siete a siete pies de distancia que tendrán cuando menos tres de lecho cruzados a diente de perro en cada hilada de los cimientos y alzado, macizando sólidamente los huecos con ripio y mortero, que será de cuenta de esta referida Iglesia.

3.-Tercera condición es que los insinuados cimientos tendrán de grueso seis pies, cinco de macizo y uno de relieve hasta la superficie del Río, donde empezará el alzado que tendrá de grueso de cinco pies hasta los seis de altura, cuatro pies hasta la altura de doce y tres pies en lo restante de su elevación hasta superar pi y medio el nivel de la superficie de la pieza del lado opuesto del Río, cerrando dicha obra con pasaderas en forma de triángulo y disminuyendo el grueso por la parte exterior, dando a las defas la figura que tienen en el alzado número ocho. Lee el resto de esta entrada »

Vicente Rodríguez Paterna Córdoba

Vicente Rodríguez Paterna y Córdobaren erretratua, militarra lanbidez eta Canuto Balanzateguiren aitaginarrebakidea, Bañares familiak kontserbatzen duena.

Vicente Rodríguez Paterna y Córdoba, natural de Almansa (Albacete), pertenecía a una familia con responsabilidades políticas y militares en la zona albaceteña, por lo que inició los estudios de armas.

Tras su participación en la Primera Guerra Carlista en la zona Norte, conoció a la logroñesa Micalea Gilberte del Castillo con la que contrajo matrimonio y estableció en Logroño su residencia habitual. Aquí participó activamente en la vida social y política logroñesa, tan efervescente y de tanta trascendencia que tuvo en la segunda mitad del siglo XIX. Fue Diputado provincial por Logroño en 1866. Fruto de todas estas relaciones con familias notables de la ciudad y de la zona, son los matrimonios de sus dos hijos: su hija Juana con Juan Manuel de Miguel Guarro y su hijo José con Blandina Balanzategui Bañares. De este último matrimonio viene la vinculación de los Rodríguez Paterna con Elciego.

José Rodríguez Paterna Gilberte, alcalde muy recordado en Logroño, rigió la unión de las dos haciendas, la de los Rodríguez Paterna en Logroño y la de Balanzategui Bañares en Elciego. En el  Amillaramiento logroñés de 1892 aparece como el segundo mayor propietario con unas posesiones de 1.427 fanegas.  Fruto de este matrimonio es otro Vicente Rodríguez Paterna con el segundo apellido Balanzategui, quien quedará como heredero único de la hacienda familiar al fallecer muy infantes sus otros hermanos. Este Vicente Rodríguez Paterna Balanzategui, con el mismo nombre que su abuelo es el recordado “Paterna” entre nuestros mayores en Elciego.

El cuadro de Vicente Rodríguez Paterna y Córdoba que aportamos en este blog, con su uniforme de militar de Ingenieros y con su Cruz de San Fernando en el pecho, lo conserva la familia Bañares que tan generosamente nos ha prestado su imagen para esta aportación. Un agradecimiento especial por esta y otras muchas prestaciones que nos ha ido haciendo.

 

 

“”Memorias de un Maestro Bodeguero”

27 urtez Arabar Errioxan bizi ostean, Jean Pineauk bere eleberri-memorietan XIX.mendeko 2.zatian ardoaren arloan izandako aldaketak adierazten dizkigu. Honako honek, Errioxar ardo modernoaren sorrera azaltzen digu.

El 30 de Agosto de 2018 presentamos el libro “Memorias de un Maestro Bodeguero” en la Sala de Cultura de Elciego.

El libro, extenso en páginas (910) y distribuido en 107 capítulos, va desgranando cronológicamente los 27 años que Jean Pineau vivió en nuestra zona.  Desde 1862 a 1868 en el proyecto llamado “Médoc Alavés” y desde 1868 hasta 1889 llevando las riendas de la bodega de corte moderno que el Marqués de Riscal construyó en Elciego.

El personaje Pineau y el vino son el hilo conductor de todos los aspectos que se van desgranando en estos años tan importantes del moderno vino riojano en estas memorias noveladas.

El estilo de memorias noveladas es una excusa literaria para aportarnos multitud de datos históricos, vocabulario, refranes,…que facilitan la lectura y el acercamiento al conocimiento del moderno vino riojano y a la fundación de la bodega del Marqués de Riscal.

Pasadas dos semanas largas recibí un regalo, inesperado y muy entrañable. Jürgen Lange, profesor de alemán en la Escuela de Idiomas de Durango y doctorado en historia por la Universidad de Siegen (Alemania) con la tesis “Economía rural tradicional en un valle vasco – sobre el desarrollo de estructuras mercantiles en Zeberio en el siglo XVIII“, me escribió un correo en el que me regalaba una reseña del libro en agradecimiento a las cosas que había aprendido con su lectura.

Aparte de ser un regalo entrañable, es también una visión argumentada tras la lectura de este libro propia de una persona con sólida formación académica que se acerca con curiosidad al mundo del vino. Por su interés, la reproducimos también en este blog.

Jesús Fernández Ibáñez: “MEMORIAS DE UN MAESTRO BODEGUERO”

Jean Pineau Forteau (Blanquefort 1822-Elciego 1889), Maestro de Cueva del Marqués de Riscal

Editorial Círculo Rojo, 2018.

 

Las memorias de un maestro bodeguero son la historia de un enólogo francés de Burdeos, Jean Pineau Forteau, quien fue contratado por la Diputación de Álava en 1862 para enseñar a los cosecheros de la Rioja Alavesa sus conocimientos de la refinación de los vinos. Seis años más tarde, en 1868, la Diputación finiquita el contrato y a partir de entonces hasta su muerte en 1889 trabaja para las bodegas Marqués de Riscal.

Menudo trabajo que le deparó al maestro bodeguero. El primer problema que tuvo este francés en la Rioja Alavesa fue el idioma, porque a su llegada en 1862 todavía no hablaba castellano y dependía constantemente de un intérprete. Entre los múltiples obstáculos que el maestro bodeguero tuvo que superar en su nuevo lugar de trabajo también figuraban las pesas y medidas locales, tan diferentes del sistema métrico decimal que se utilizaban en la Francia posterior a Napoleón. Cántaras y azumbres, fanegas y cargas, peonadas y obradas podían diferir de un pueblo a otro, lo que no ocurría con hectáreas, hectolitros o el kilogramo.

Sobre su andadura en Laguardia y Elciego el “mago del vino” como algunos lugareños le titulaban, la gran mayoría solo se refería a él como “el francés”, hizo apuntes en su cuaderno, en parte para justificar su sueldo al patrón, en parte como memoria particular. Parece que en verdad existe un fragmento manuscrito de Jean Pineau del cual parte Jesús Fernández. Las memorias de un maestro bodeguero son ahora el desarrollo de estos apuntes ampliados con los conocimientos históricos de Jesús Fernández y a su vez enriquecidos con acontecimientos diarios en forma de dialogo, fruto de su imaginación. En la descripción de algunos acontecimientos, en primer lugar se relatan en la voz del protagonista (cuaderno):

“Estábamos acomodando la cosecha nueva en las barricas preparadas para el efecto, cuando se me acercó un operario y me dijo que Don Fernando Amestoy, el cura, estaba en la bodega.” (626) Lee el resto de esta entrada »

1846.- El sello de tinta más antiguo que conocemos del Ayuntamiento de Elciego

XIX.mendeko tokiko administrazioaren modernizazioak ordura arte erabili gabeko idazkien estetikan eta koloreztatutako ikonoetan berrikuntza ikarri zuen.

Una de las características de las distintas administraciones locales de Elciego a lo largo del siglo XIX es la de intentar modernizar la gestión de la vida municipal, tanto en su vertiente económica, como en la del personal adscrito al Ayuntamiento o en la de la organización y acomodo de la diversa documentación escrita que se genera. El aumento de la correspondencia personalizada con otras entidades o personas lleva  consigo el cuidado de una estética del escrito que supera lo hasta ahora realizado. Nos referimos más concretamente a la utilización de encabezamientos oficiales, modelos de redacción y a la utilización del cuño o sello oficial de tinta; a finales del XIX será ya la imprenta la que tenga su presencia en papelería oficial.

Las diversas guerras, los conflictos internos en el Ayuntamiento, las economías paupérrimas, las enfermedades que azotaban a la población y otros muchos factores adversos no van a ser inconvenientes para que las buenas intenciones y los pensamientos de los gobernantes locales se reflejaran también en la estética de los documentos oficiales.

Son varios los modelos de sellos o tampones de tinta que conservamos a lo largo del siglo XIX;  siendo el más antiguo uno de  1846 impreso en una carta del alcalde Juan María Sáenz de Navarrete a un funcionario de Vitoria. Es una carta que el poético Alcalde envía a José Pablo Sarralde, de Vitoria y que en su doblez exterior lleva un cuño tintado en rojo con la fecha “ 5 Set 1846. Vitoria”.

El escrito de Sáenz de Navarrete está fechado  el 29 de agosto de 1846 y al lado del encabezamiento oficial del escrito, estampa un cuño tintado en negro con el nombre de “El Ciego”. Esta carta es la más antigua que hasta ahora conocemos con un cuño tintado oficial del Ayuntamiento.

En las dos últimas décadas decimonónicas aparecen las cuartillas con encabezamientos acuñados en imprenta para la correspondencia oficial. Es otro signo de modernización de la Administración local.

 

Los Ardanza, un siglo trabajando la cubería en Elciego (1774-1874)

Ardanzatarrak, Ruiz de Escuderotarrekin batera upelgile aipagarrienak izan ziren XVIII.mendearen bukaeran eta XIX.mendearen zehar Ziekon. Apatamonasterioko Bizkaitarrek, beraien lan izugarria eta ardoari loturiko abizena utzi zuten.

LOS ARDANZA, unos maestros cuberos con huella en Elciego y en la zona.

A lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX los cuberos tuvieron una actividad importante en el pueblo. El almacenamiento de los vinos, la mayor riqueza de la población, demandaba cuevas y buenas cubas para su conservación desde la encubanza hasta la venta a los arrieros. Un proceso que por lo general no llegaba a un año ya que había que vaciar el vino viejo para dejar cabida al nuevo. “Por San Andrés el vino nuevo, viejo es” dice el refrán como indicándonos que por esta fecha se diferenciaban claramente las dos cosechas; si es que alguien tuviera capacidad almacenar alguna cuba sin haberla vendido.

El perfil de los cuberos es el de un varón joven, que viene a atender la demanda de trabajo de cubería  y carpintería del pueblo, sin familia y que se queda a vivir, contrayendo matrimonio o no con alguna lugareña. El caso más significativo es el de los Ruiz de Escudero, donde la saga de cuberos, toneleros y carpinteros con este apellido se ha mantenido desde mediados del XVIII hasta nuestros días. De todos los demás no queda huella del apellido entre nuestra población: Useta, Ibarlucea, Lourzua, Segurola, Aldape, Aguirre, Chavarría, Urquiola, Mendiola, Janguren, Iregui, Pagadorria, Oñaderra, Lecuona, Sarría, Ruiz de Zárate, Zenuta, Zabala, Sangróniz, Uranga, Bengoa…..Apellidos que remarcan la zona de donde provenían: del norte de las Vascongadas, principalmente del interior de Vizcaya, norte de Alava y la parte occidental de Guipúzcoa. Zonas de abundante roble como materia prima y zonas sidreras muy vinculadas con la tradición cubera.

Los Ardanza nos han dejado una huella generosa en la documentación  local y en la diversidad de trabajos en el pueblo. La particularidad de estos cuberos es que el padre Blas y los hijos Julián y Juan trabajaron en el pueblo y en la zona a lo largo de un siglo; pero todos eran naturales de Apatamonasterio. Iban y venían del valle de Atxondo a la Rioja Alavesa, aprovechando los viajes para incrementar el negocio: madera, ganado, etc… Juan Ardanza Gorostiza se estableció en el pueblo desde que matrimonió en 1833 con Santos Alesón Alutiz, hija del herrero con la que tuvo un hijo del que sólo conservamos la fecha del nacimiento; pero que falleció fuera del pueblo en edad temprana. Juan Ardanza falleció en Elciego en 1874, donde se le dio cristiana sepultura.

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