1793 La Capellanía de los Bañares en la Ermita de la Virgen de la Plaza

Bañares Vitoriano familiak “Enparantzako Birjina” ermitan Kapilautza sortu zuen 1793.ean, beraien eta gurasoen arimen meza ospatzeko.

En el siglo XVII y XVIII varias personas pertenecientes a familias propietarias de la Villa o clérigos que alcanzaron un estatus particular, crearon Capellanías en la Iglesia y en la Ermita de la Virgen de la Plaza. Las Capellanías son fundaciones, normalmente con carácter perpetuo, en las que el fundador deja unos bienes materiales para que con sus rendimientos se oficien misas y otras expresiones religiosas por su alma  y la de sus parientes. En el caso de nuestra Villa lo usual es dejar unas tierras para usufructuar los rendimientos o un dinero concreto destinado a que el que sea el poseedor o poseedora de la Capellanía, obtenga unos rendimientos para el cumplimiento de la voluntad del fundador.

Dentro de la mentalidad religiosa de esta época, la donación de unos bienes para fundar una Capellanía constituía un acto de piedad religiosa con la finalidad siempre de conseguir la salvación eterna y purgar cuanto antes, a base de misas y oraciones, las penas del Purgatorio. La creación de una Capellanía también constituía un reconocimiento social importante puesto que el recuerdo del fundador pervivía entre sus sucesores y en la actividad de la Iglesia. La mayoría de la población dejaba en sus testamentos un mandato expreso de celebración de misas, cera para la sepultura y otros ritos religiosos, para lo que apartaba de sus bienes una cantidad de dinero  o una finca que sus herederos y albaceas tenían la obligación de cumplir. La Capellanía tenía otro estatus muy superior, ya que se constituían con un documento notarial con sus condiciones y contaban con la aprobación y supervisión del propio Obispado.

 

Los Bañares eran originarios de la Anteiglesia de Amorebieta, de las caserías de los barrios de Bernagoitia y Bernabeitia, trasladándose uno de sus miembros a tierras riojanas en el siglo XVI.  Los vástagos se establecieron en varias poblaciones: Alesanco, Hormilla, Zarratón, Briones, San Asensio….. En 1727 Francisco Bañares Arce contrae matrimonio con Daría Vitoriano Ruiz en Elciego y aquí establecen su residencia originando la presencia del apellido en la Villa.

 

El 23 de setiembre de 1793 los tres hermanos Bañares Vitoriano fundan la Capellanía ante el escribano local Miguel Fernández Munilla.  Gregorio y Manuel Bañares se mantuvieron siempre en estado célibe, por lo que no tenían sucesión. Juan Bautista Bañares estaba casado con Francisca Arrúbal, pero también carecía de descendencia por habérseles muerto sus hijos en primera infancia.  Los tres hermanos sin descendencia directa y estando ya Gregorio, el mayor de los hermanos en delicado estado de salud, fundan una capellanía colativa de misas en la Basílica de la Virgen de la Plaza sobre las heredades que tienen en la villa de Hormilla, herencia de su padre. Son un pajar  y 65 fanegas de tierra y 10 celemines por las que reciben anualmente una renta de 36 fanegas de pan, mitad de trigo y mitad de cebada. Consideran que la Divinidad “les ha dado abundantes bienes para su decente manutención sin que necesiten de las dichas heredades de Hormilla”, por lo que decidieron fundar la Capellanía para “el mayor aumento del culto divino sufragio de sus almas y las de dichos sus padres abuelos paternos y maternos y las demás que están en el purgatorio reciban también sufragios para que por este medio gocen de la gloria eterna”.

Al igual que todas las Capellanías que se fundaban en un documento notarial, establecieron sus propias y personalizadas condiciones. En esta de los Bañares propusieron:

  • Los bienes sobre los que va fundada se han de labrar y reparar en todo lo necesario a cargo de los capellanes. Siempre el bien debe ir en aumento y nunca en disminución. En caso de que esto último ocurriera, el Visitador del Obispado lo hará labrar y reparar, multando y castigando al Capellán. Nunca debe repercutir este caso, ni otros análogos, en el aminoramiento del número de misas con el que se ha dotado a la Capellanía.
  • Los bienes estarán siempre permanentes a la Capellanía, por eso es colativa.
  • El capellán, aparte sufragar los pagos y derechos de la Capellanía, deberá decir cada año los primeros domingos de cada mes en la capilla de la Virgen de la Plaza o en cualquiera de sus tres altares, una misa rezada. En caso que no pudiera, lo hará el domingo siguiente. Lo mismo hará en todas las festividades de la Virgen. Todo ello en sufragio de las almas de los fundadores, padres y abuelos.
  • Los tres hermanos se constituyen en Patronos iniciales, pasando de uno a otro y después de ellos a los parientes más cercanos de una y otra línea. Sabiendo que no hay descendencia directa, recaería en los hermanos Aniceto y Fausto Bañares Arrúbal. Establecen más ramos de los parientes más cercanos a los Bañares Vitoriano, y si en algún momento no hubiera descendencia que asumiera el Patronato, sería el cura más antiguo de la Iglesia y al Alcalde que fuere los que se constituirían en Patronos.
  • Nombran por Capellán al joven Romualdo Bañares Arrúbal, que en ese momento cuenta con 19 años y ya es clérigo tonsurado.

 

 

 

 

Romualdo Bañares abrió un libro donde fue registrando año tras año el cumplimiento de su cargo y la celebración de las misas estipuladas en la fundación de la Capellanía. Comenzó ese mismo año de 1797 y así lo continuó haciendo hasta su fallecimiento en 1834.

 En 1828 el Visitador Don Millán López Dábalos y Larrea, revisa el seguimiento de la Capellanía y le indica al Capellán que debe anotar los días y el altar en que ejecuten las misas, “pena de 2 ducados por cada una que se omitiere”. Siguiendo con la meticulosidad del Visitador hace constar que continúa la Capellanía con las 40 heredades de tierra blanca que tienen de cabida 65 fanegas y 10 celemines y un pajar en Hormilla. Todo tasado en 23.421 rs y que su renta anual es de 38 fanegas de pan mixto. Pero que en seis meses le debe enviar un registro de todos los bienes raíces, indicando el término, cabida y linderos. La propiedad de los terrenos, al ser Capellanía colativa, no eran de los particulares, sino de la propia Capellanía y por consiguiente de la Iglesia.

En 1835 se hizo cargo de las misas de la Capellanía Juan Ramón de Ocio, quien cumplió fielmente con su cometido hasta 1872.

En 1854 es el propio Obispo Don Cipriano Juárez Berzosa quien revisa el libro de la Capellanía. En su registro anota el dato interesante de que a consecuencia de la Ley de 19 de Agosto de 1841, se desamortizó esta Capellanía pasando sus bienes en propiedad y usufructo a Fausto Bañares Arrúbal, quien tras fallecer  en 1849, la pasó a sus hijos.

En 1873 se hace cargo de las misas Juan Ruiz de Escudero Navarrete, quien ejerció de Capellán hasta 1887. En esta década de los 1880 ejercía como Patrono Canuto Balanzategui quien satisfacía al Capellán 126 rs por las 18 misas que se celebraban por el sufragio de las almas de los Fundadores y familiares.

  En 1889 se hace cargo de los oficios religiosos el párroco Dionisio Fernández Valderrama, al que ya el Obispado en 1895 le reclamará una parte de los estipendios de la Capellanía, que ascendía a 94 pesetas y 50 céntimos. El resultado de un cálculo de 54 misas a 1 peseta y 75 céntimos cada una, que debía satisfacer a las arcas de la Diócesis.

Ya en el siglo XX no tenemos constancia de esta Capellanía, al no disponer de documentación que nos haga seguir la pista. Suponemos, que al igual que otras muchas, entre las leyes del XIX de desamortización de los bienes de la Iglesia y entre otros cambios de marcos legislativos y canónicos, las Capellanías son sólo un recuerdo nostálgico y curioso de cómo transcurrieron la vida de nuestros mayores; entre su sentimiento religioso, su concepción del más allá y el papel mercantil de la Iglesia en estipendios terrenales por la salvación de las almas.

 

 

Isidro Núñez y Martina Díaz

Argazkilaritza, herria aberasten duen agirietako bat da, hori dela eta, familiak eskertzea nahi ditugu, argazkiak maitasunez etxean gorde eta denon eskutan jartzen dituztelako gure ondasun historikoa aberastuz.

Isidro Núñez González, nació en Elciego el 15 de Mayo de 1894. Como costumbre de la época tomó el nombre del Santo del día; más aún cuando en este caso  se trataba de patrono de los labradores. Era el menor de los ocho hijos que tuvo el matrimonio de Pantaleón Núñez  Pérez y Tomasa González Foronda. A los cinco días fue llevado a bautizar a la Iglesia Parroquial a que le administrara el sacramento el párroco de entonces D. Dionisio Fernández Valderrama.

También en mayo, pero un 24 del año 1919, contrajo matrimonio en la misma parroquia con Martina Díaz Longrande. Ésta era la tercera de una saga de nueve hijos que había tenido el matrimonio entre Máximo Díaz González y Eduarda Longrande Fernández.

Isidro durante muchos años ocupó el empleo de Alguacil Municipal y a su mujer Martina se le conocía por el sobrenombre de “Martina la Reina

Agradecemos a su nieta Mari Plaza Núñez y a la hija de ésta, el proporcionarnos esta foto para incluirla en este blog.

Una de las fotografías más antiguas del interior de la Iglesia

Argazki hau, Eleizan ezagutzen dugun argazkirik zaharrenetarikoa da. Banku gabe eta oraindik belaunalkiak tenplu barruan zeuden hilobien arabera kokaturik.

Una vez aportamos un buen documento gráfico cedido por la familia Bañares, del fondo fotográfico de Luis Bañares Pérez.

Esta foto del interior de la Iglesia está datada de finales del XIX o principio del XX. No se puede apreciar al detalle si el suelo del templo es aún de piedra ( losas) o si ya está entarimada; que sí puede serlo por  la regularidad que presenta el suelo. El entarimado se hizo en el año 1891 y el Sagrado Corazón de Jesús y de María que están en los extremos del retablo, no tenemos fecha fija de su compra pero es también en el tránsito de un siglo a otro. La colocación de los reclinatorios atiende más a las sepulturas que aún se tenían presente en el interior del templo que a otra razón. Por ese motivo, creemos que esta fotografía es de finales de un siglo o primero de otro. Sin duda una reliquia patrimonial que se aporta al pueblo.

1944-03-20 Más fotografías del traslado fúnebre de Jorge Dubos

Jorge Duboisen hileta gertaera garrantzitsua izan zen. Batetik, bat-bateko heriotza izan zelako, eta bestetik, herriko enpresa handienaren Administratzailea zela eta inoiz ez zelako ordurarte hileta kotxerik ikusi, hilotza, beste herri batera eramaten.

     (El Doctor Capmany, Jorge Dubos y su esposa, llamada popularmente “la Dubosa“)

   En otro artículo publicado en este blog hablamos del traslado fúnebre del Administrador y enólogo de la Bodega de los Herederos del Marqués de Riscal, Jorge Dubos. Un auténtico acontecimiento en la villa por diversos motivos. Uno de ellos fue la repentina muerte, que siempre causa su impacto emocional. El segundo motivo fue su arraigo en el pueblo, puesto que llevaba rigiendo la bodega desde 1908. Importante también su papel protagonista sobre el sustento de muchas familias; puesto que a lo largo de esos 36 años muchas familias vivían de la empresa más importante de Elciego. También podríamos señalar, que su traslado fúnebre no era el clásico de llevarlo al cementerio a darle cristiana sepultura, sino que un coche fúnebre le esperaba a la salida del pueblo para llevarlo a su Ludon natal.

La familia Bañares, conservadora del archivo fotográfico de Luis Bañares Pérez, nos ha aportado esta documentación gráfica de alto valor para el patrimonio cultural de Elciego. Una vez más un agradecimiento especial.

Este legado fotográfico nos muestra varias instantáneas del recorrido: desde el cuerpo presente en el dormitorio de la bodega, la salida de la Iglesia, la subida por debajo de la Iglesia hacia “La Canal”, en el cruce de las carreteras de Navaridas y Villabuena, donde le esperaba el coche fúnebre para trasladarlo a su Ludon natal, en el Mèdoc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1676.- La importante obra en la ermita de la Virgen de la Plaza

“Enparantzako birjina” ermitaren teilatuko eta hargintzako konponketak, bere hondamen egoera zela eta, 1676ko sekulako lana bilakatu zen.

(Principios del siglo XX.-Fotografía perteneciente al archivo de Luis Bañares Pérez -Familia Bañares)

La ermita de la Virgen de la Plaza que ahora conocemos en nada se parecía a la que antes existió. En el siglo XVII podríamos pensar en un habitáculo parecido a las actuales ermitas de San Vicente o de San Roque: un rectángulo y una sencilla construcción.

Hacia 1675, y tras haber construido dos décadas antes una sacristía a la ermita, ésta se encontraba en un estado deplorable. “Indecente”  lo definió el Visitador oficial del Obispado, y amenazaba ruina cualquier día, porque el tejado se venía abajo. Era necesario hacer una reparación total del tejado con su artesonado y también una obra de cantería que reforzara las paredes en su parte superior.

Bautista Segurola Arregui era un joven carpintero que se había trasladado desde su Azpeitia natal a Elciego para trabajar aquí todos los encargos relacionados con la madera. Aquí contrajo matrimonio con Francisca Sáenz de Payueta García en 1676 y aquí se estableció la pareja con sus ocho retoños.

A este joven carpintero se le encargó el diseño de una cubierta con un artesonado “robusto, duradero y con un poco de estilo” . Así lo hizo diferenciando los cuatro cuerpos: uno para cobijar la Imagen con su pequeño tabernáculo, otros dos cuerpo centrales y otro en el extremo donde se asentaría el coro. El coro tenía su importancia para poder oficializar los rezos con el decoro y la devoción que se merecía la Patrona.

 

Las maderas principales deberían ser de olmo, tanto las tijeras como los aguilones y las demás sopandas. Tres tijeras eran suficientes para armar bien el tejado. Los cabrios y los teguillos deberían ser de haya. De esta  manera garantizaba una buena estructura para varios siglos.

El coro iba fundado sobre una gruesa viga de olmo de media vara de alto y de tercia en grueso, recorriendo toda la anchura de la ermita, desde la escalera de acceso hasta la propia pared contraria. Unas viguetas de haya con bóvedas y una solera era más que suficiente para el coro, que estaba protegido del resto de la ermita por una balaustra. El coro estaba reservado para los clérigos y beneficiados, por lo que la escalera de acceso llevaba puerta y aldaba. La capacidad era hasta para quince personas sentadas en unos bancos de nogal.

Los trabajos de carpintería también llevarían el fabricar una puerta principal para la ermita, ya que la anterior estaba tan indecente como el propio centro. La guarnición sería de olmo y las tablas de nogal, con un buen clavazón “como las buenas puertas del pueblo”.

La obra era de envergadura, puesto que entre los trabajos de carpintería y los de albañilería se calcularon inicialmente en torno a 1.200 ducados. Aparte, la ermita debería aportar cabalgaduras para traer cabrios, teguillo, teja y otros materiales. Se contempló el mes de septiembre el mejor para hacer estas labores de acarreo de materiales, puesto que las caballerías del pueblo estaban más libres. Se calcularon 200 cabalgaduras.

 

La parte de cantería se le encargó hacer el proyecto a Pedro de Villaparte, cantero que no tenía residencia fijada en el pueblo y que había venido a hacer una casa para la Iglesia. El cantero vio la necesidad de levantar todo el contorno de las paredes de la ermita unos cinco pies de alto. Como refuerzo haría unas pilastras de ladrillo ancadas de cuajo hasta la altura del arrancamiento de los arcos, con arquillos y finas falfas del mismo material. También sería necesario retirar la cornisa de las paredes y volver a hacerla en su lugar correspondiente. En el caso del coro, propuso enladrillarlo con baldosas, aparte de echar las bovedillas para asentar la solera y hacer una columna pétrea, redonda con capitel toscano, para recibir la viga central. La escalera para subir al coro la propuso de “piedra labrada a pico en escuadría” en su inicio y los siguientes peldaños de ladrillo con listones de madera, de tres pies y medio.

En la entrada principal se vio conveniente poner tres gradas de escalones de piedra, al igual que hacer unos asientos de piedra alrededor de dicha ermita, enlosados y a pilón.

La torrecilla donde estaba asentada la campana, como había que subir cinco pies a las paredes, se desmontó y volvió a montar.

Para iniciar la obra era necesaria la autorización eclesiástica, que siempre condicionaba la autorización de una reforma a que asegurar que lo básico no se resintiera. En este caso era la iluminación perenne de la lámpara de la ermita y su imagen. Esta garantía estaba asegurada porque había en la ermita dos lámparas, una alimentada por dos cántaras que daban los hijos de Martín Domínguez y Francisco Ibáñez, y la otra por la familia Navarrete Ladrón de Guevara, quienes se obligaron a encenderla y mantenerla, puesto que habitaban en la casa de al lado. La hacienda de la ermita generaba cien cántaras de vino y diez y seis fanegas de trigo, con lo que había suficiente caudal para afrontar esos y otros gastos.

El excesivo celo de las autoridades del obispado porque las obras no se dispararan en costos y fueran asequibles a las economías de cada pueblo, exigió un informe de valoración del costo de las obras. La de carpintería la hizo Joseph de Landa, carpintero ocasional en la villa que valoró la obra según el proyecto en 300 ducados. La parte correspondiente a la albañilería estuvo a cargo de otro cantero local: Juan Armona, quien tasó el hacer una capilla de media naranja donde está la imagen, ladrillarla y lucirla, junto con la obra del coro en 1.200 ducados. En total una obra de 1.500 ducados.

Se hicieron cálculos y se pensó que se podría financiar esta importante obra vendiendo las heredades de la propia ermita que eran 22 fanegas de sembradura, 12 obradas de viña y 76 pies de olivo en 19 heredades distintas. Todas eran donaciones y cesiones testamentarias de devotos. Las más atractivas para la venta: 7 obradas de viña y 13 pies de olivo en Reoios, y 5 fanegas en La Salobre, que entre las dos podrían valer 130 ducados.

El 6 de Mayo, el pregonero público Tomás Fernández, en alta voz pregonó estas heredades para quien quisiera comprarlas. Ese mismo día se alzaron las primeras posturas a cargo de propietarios locales como Manuel de Arenzana, alcalde, Don Francisco Navarrete, Juan de Viñaspre, el clérigo Don Pedro Ibáñez, Juan Pérez Zuazo y otros. Los acuerdos no se cerraban en el primer pregón. A los cuatro días se volvió a publicar en alta voz y dentro de la propia ermita. Hasta hubo un tercer pregón mandado por el Santo Oficio de la Inquisición que se hizo tras las fiestas patronales de Santa Isabel. Solía terminar la puja con una frase muy típica: ”… A la una, a las dos y a la tercera pues que no hay quien dé más, que buen provecho le haga al susodicho con ella”.

Las obras también salieron a subasta. La de la madera se hizo el diez de mayo en la propia ermita por primera vez y un mes más tarde se repitió el acto. Pujaron el propio Francisco Segurola y el carpintero residente en San Vicente de la Sonsierra, Martín de Anguiozar. Consiguiéndola el primero por un precio de 6.270 reales.

Otro tanto ocurrió con la cantería, poniendo las mejores condiciones Francisco de Hueto, estante en el pueblo y oriundo de la Trasmiera cántabra quien se comprometió a hacer la obra por 9.500 reales.

 

 

 

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1783.- El VESTIDO QUE ENCARGO D. VICENTE RUIZ DE UBAGO Y BUSTO PARA LA VIRGEN DE LA PLAZA

 

XX.mendearen erdiraino “Enparantzako Birjina”-k zeraman mantua, Don Vicente Ruiz de Ubagoren 1783ko bere testamentuko enkargua izan zen.

 

En la década de 1960 se hizo la gran transformación de la imagen de la Virgen de la Plaza al despojarla de sus vestiduras y alhajas y mostrarla como originariamente se concibió. Esa acción llevó consigo el restaurar la talla de madera, con sus deterioros ocasionados por el transcurso del tiempo y por la cantidad de agujeros en la madera, fruto de alfileres y clavos que se utilizaron para sujetar los ropajes, coronas y rostrillos. Tras un trabajo minucioso de restauración de la madera dañada, se policromó la efigie tal y como la conocemos en la actualidad. Cuando regresó la imagen al pueblo, el cambio suscitó críticas entre la población, acostumbrada a verla con sus distintas ropas y a retener en sus retinas solamente el rostro y las manos de la Virgen y del Niño, ya que el resto de la talla estaba siempre cubierto por distintas vestimentas.

La Virgen disponía de varias ropas según la ocasión. Incluso disponía de un vestido pintado, seguramente fruto de algún artista devoto. Uno de los vestidos procesionales más lujosos es el que mandó realizar Don Vicente Ruiz de Ubago y Busto en su testamento,allá en 1783.

Don Vicente Ruiz de Ubago y Busto nació en Elciego el 4 de mayo de 1722, siendo el primogénito de una numerosa familia; y como tal se hizo cargo de uno de los mayorazgos más importantes de la villa. Los Ruiz de Ubago tenían varios mayorazgos y vínculos que fueron fusionando y creando los distintos protagonistas desde que Elciego se conoció como Villa. Heredó de su padre Don Vicente Ruiz de Ubago Maridueñas el vínculo tradicional familiar al que sumó el de su tío Don Francisco. En su persona se concentró el mayor patrimonio local de los Ruiz der Ubago; al que sumó el correspondiente a su matrimonio en 1754 con una de las hijas más acaudaladas de la Villa: María Luisa Teresa Ramírez de la Peciña Ervite y Undiano.

En su testamento de 1783, año en que falleció, tuvo muy presente a la Virgen de la Plaza. Tanto es así que concibió la idea de que se fundara en la ermita un convento de religiosas Brígidas para perpetuar la protección de los poseedores del Mayorazgo y la obligación de rezar las misas y las octavas correspondientes a las cuatro festividades de la Virgen: la del Carmen, la Asunción, la Natividad y la Purísima Concepción.

La idea del convento anexado a la ermita la concibió en un momento de explosión religiosa en torno a la Virgen de la Plaza, puesto que pocos años antes se había erigido la nueva basílica (1766).

Su pensamiento caminaba por una era  llamada de “las de arriba” contigua al mesón de la Calle del Norte y que Matías Ruiz de Escudero había dejado en herencia a su hija María Paula. Ésta ingresó de novicia profesa en el Convento de las Madres Brígidas de Lasarte, a las que dio como dote esa era. Allí, pensaba el bueno de Ruiz de Ubago, se podría levantar un convento cuyos gastos correrían a cargo del Mayorazgo y la distancia con la Basílica era de pocos metros. Ese mismo año las Brígidas vendieron el terreno a D. Joaquín Martínez de Villarreal que disponía de otra era contigua por 300 reales, con lo que la idea del Convento quedó únicamente en el Testamento de Don Vicente.

 

Lo que sí se cumplió con inmediatez por sus cabezaleros fue el mandato de que “se le haga un vestido decente “ a la Patrona. Sólo tardaron cuatro meses en cumplir la voluntad del Ruiz de Ubago en confeccionar un vestido de tapicería de los llamados “espolín”, con sus flores bordadas, esparcidas y trabajadas en la seda. Se pagaron por el vestido 416 rs y 6 maravedíes, por los jornales de los sastres y la compra de la tela. El forro y las cintas que adornaban la prenda se tomaron directamente de telas que había en la casa de los Ruiz de Ubago. Seguramente el sastre local, Joaquín Baldelana, participaría en dicha confección.

(Una de las últimas procesiones de la Virgen con vestido, a finales de la década de 1950. Fotografía cedida por los herederos de Luis Bañares Perez Del Val)

 

 

 

1942.- El oficio de Sacristán de la Parroquia

1942ko Apaizburu eta Sakristauaren arteko kontratu batek, honen soldata eta betebeharrei dagokionez, orduko bizitza erlijioso eta sozialari buruzko zehaztasun ugari helarazten dizkigu. Hala nola, kontuan hartu behar dugu, 77 urte bakarrik igarotzeaz gain, bere protagonistak ere ezagutu ditugula.

Un documento, del que apenas nos separan 77 años, es más que significativo para observar una serie de detalles que nos indican cómo ha variado la vida parroquial del pueblo.

Para empezar, el oficio de Sacristán está desaparecido como tal, ya que en la actualidad son personas voluntarias las que hacen distintas funciones en el mantenimiento de la Iglesia y de ayuda al cura párroco en los oficios litúrgicos. Pero hasta hace muy pocos años ha existido la figura del Sacristán, con sus obligaciones y sus modestos emolumentos. Desde ese primer sacristán que conocemos en 1657 llamado Pedro Sáenz de la Mongía, pasando por el vitoriano Pedro Ochoa, que en 1772 murió de una caída de las escaleras de la torre, hasta los más actuales en el siglo XX, familia Ruiz de Vergara o Rández, la Parroquia de San Andrés, ha gozado de Sacristán.

Comenzaba su trabajo con el toque de maitines, algo que sólo queda en el recuerdo de las personas mayores, hasta la misa mayor; diferenciando claramente la categoría religiosa de las misas dependiendo del oficiante. En muchos datos de siglos anteriores al Sacristán también se le llama campanero, puesto que entre sus funciones estaba la tañer las campanas para indicar el oficio religioso que se iba a celebrar. Para los rezos había tres espacios temporales definidos: mañana (maitines), mediodía (ángelus) y noche (vísperas).

La polivalencia del trabajo le llevaba desde abrir el paso de las procesiones portando la cruz, hasta la de entonar los cantos los Domingos y los días de fiesta, tanto en las misas mayores como en las vísperas.

Otra encomienda importante era la de administrar la cera y el vino de oblación; todo siguiendo las órdenes que le indique el cura Párroco. La lámpara del Santísimo siempre estará encendida, era la máxima que no podía olvidar.

No contento con estos trabajos dentro del templo, también era de su obligación cobrar los recibos de la Obra del Culto y Clero cada dos meses.

Todo este trabajo por una dotación de cincuenta pesetas mensuales. Los complementos también están definidos según el oficio litúrgico (funerales, bautizos, novenas, nocturno…) llamando la atención el que en este año de 1942 todavía se mantiene la diferencia de los funerales en primera, segunda y tercera clase.

Curioso también es el cometido de hacer el pan para la Santa Misa, que cobrará cinco céntimos de peseta por panal, después de poner la harina y la electricidad para su elaboración.

Como suele decir un refrán escuchado a nuestros mayores:

Cómo han cambiado los tiempos Don Marcelino

las mujeres en la taberna bebiendo vino”

 

OBLIGACIONES Y DERECHOS ANEJOS AL CARGO DE SACRISTÁN DE LA PARROQUIA DE SAN ANDRES APOSTOL DE LA VILLA DE ELCIEGO

 

OBLIGACIONES

1.- Guardará y conservará con esmero y limpieza las ropas y demás efectos de la Iglesia, sacristía, ermitas y dependencias.

2.- Permanecerá constantemente en la sacristía o iglesia desde el toque de las oraciones o maitines ( según los tiempos) hasta terminar la misa mayor;  poniéndose a las órdenes del párroco o coadjutor que haga sus veces, siempre que sea necesario administras algún Sacramento o se celebre cualquiera función ordinaria o extraordinaria; no pudiendo desempeñar dichas funciones por otra persona sin causa legitima a juicio del Párroco.

3.-Así mismo cuidará de que la Iglesia y sus dependencias se barran de ocho en ocho días y siempre que el Párroco lo crea necesario; de quitar y limpiar los polvos sobre el Altar Mayor, púlpitos, confesionarios y bancos; ejecutar minuciosamente cuantas órdenes le consigne el Párroco encaminadas al aseo de la Iglesia y sacristía, como también cumplir los encargos que se le prescriban dentro del radio de la población, en asuntos concernientes al servicio de la Parroquia.

4.- Tocará a oraciones al medio día, por la mañana y por la noche; los dos primeros toques a todas las misas rezadas y ayudará por sí o por otros a todas las misas que se celebren, tanto en la Iglesia, como en las ermitas a ella pertenecientes, llevando a ellas las ropas y objetos necesarios al efecto.

5.- Asistirá a todas las novenas que celebre el Clero, a los entierros y nocturnos, encendiendo y apagando las luces de los altares; llevando la Cruz en las procesiones o desempeñando el cargo que el Párroco le designe.

6.- Así mismo tendrá obligación de entonar todos los Domingos y días de fiesta en las misas mayores y vísperas, así como también en los entierros, nocturnos, etc…

7.- Tratará con el mayor respeto y consideración a los Srs. Coadjutores y Srs. Sacerdotes ejecutando sus órdenes con agrado, cuya ejecución no podrá suspender hasta consultar al Párroco, si le ocurriese alguna duda.

8.- Jamás podrá alegar costumbres en orden a la administración de la cera y vino de oblación, pues el Párroco ordenará en esto lo que estime más conveniente; siendo obligación del Sacristán recoger los residuos de cera y ponerlos a disposición del Párroco.

9.- Procurará con gran solicitud que la lámpara que arde ante el SSM Sacramento esté encendida constantemente tanto de noche como de día y con la debida limpieza y aseo.

10.- Será también obligación suya cobrar los recibos de la Ora del Culto y Clero, de dos en dos meses, cuyos recibos le serán entregados por el Párroco, a quien también entregará la cuenta todos los días del cobro.

DERECHOS Y EMOLUMENTOS

1.- El Sacristán tiene de dotación seiscientas pesetas anuales que se le pagarán por meses vencidos a razón de cincuenta pesetas mensuales.

2.- Tiene todos los derechos y emolumentos del arancel vigente a saber

Funeral de primera clase…………..16,00 pesetas

Funeral de segunda clase………….12,00    “

Funeral de tercera clase………………8,00    “

Párvulos……………………………………..4,00    “

Matrimonios…………….………………..1,50     “

Bautizos……………………..……………….1,50   “

3.- Por las novenas no podrá pedir más que lo que sea costumbre dar por los encargantes o cofradías.

4.- Por cada nocturno encargado cobrará cuatro pesetas.

5.- Por cada panal de hostias que haga se le abonará cinco céntimos de peseta, corriendo a su cargo la harina y la electricidad, teniendo mucha cuenta que la harina debe ser solo de trigo.

6.- En los demás derechos y obligaciones no consignados en este contrato ni en el arancel, se ajustará a la costumbre y a lo que el Párroco decida en unión del que dé los estipendios.

7.- En todos los derechos aquí reseñados, van incluidos los derechos de sacristán-campanero, casa y seguro de enfermedad

Enero de 1942

El Párroco: Marcelino Sarabia

El Sacristán: Juan Ruiz

 

1796 INVENTARIO DE LAS ALHAJAS DE LA PARROQUIA DE ELCIEGO

XVIII.mendearen azkenean, frantsesak Probintzian sartzearekin bat eta Eleizako bitxiak lapurtuko zituztenaten beldurrarekin, hauek inbentariatzea eta salbu jartzea ekarriko zuen.

 

La entrada da las tropas francesas en las Vascongadas, supuso una agitación política y social que se extendió hasta los pueblos más recónditos. 1794 fue un año intranquilo en Elciego. Por poner algunos ejemplos,  se recibe el Despacho del Diputado General Verástegui llamando al ejército a todos los varones entre 18 y 40 años o se acuerda este mismo año que los cuatro años siguientes se cedan las heces de los vinos para sufragar los gastos de la iniciada guerra.

La Iglesia local o Parroquia de San Andrés entregó 20.000 reales vellón al tesorero general de la Provincia, Don Juan Ramón González de Echabarri, en virtud de la orden comunicada por el Ilmo. señor Obispo para sufragar los gastos que se causaran en el territorio alavés con motivo de la entrada de las tropas francesas. También temieron los prelados locales por las alhajas y vasos sagrados que habían ido enriqueciendo el ornato del templo. Decidieron embalarlas en unas cajas y pasarlas a Castilla, a un lugar más seguro, en caso que las tropas francesas entraran en el pueblo. Para ello encargaron unos cajones al carpintero local Felipe Vesga, al que le abonaron la cantidad de 40 reales, tal y como consta en el Libro de Fábrica de la Iglesia. No sabemos con seguridad si al final se trasladaron o no.

Don Francisco Mateo Aguiriano y Gómez había tomado las riendas de la Diócesis de Calahorra y La Calzada en 1790. Este prelado nacido en Alesanco, era conocido por su pensamiento contrario a las ideas revolucionarias francesas y por su quehacer en pro de la provincia que le vio nacer.

En la visita que hizo a Elciego en 1796, conocedor de primera mano de las alhajas que se habían ido acumulando en el templo de San Andrés, mandó realizar un inventario, que es el documento que aportamos al blog.

No sólo se inventariaron los objetos, sino también todas las posesiones de la Parroquia.

 

  1796 INVENTARIO DE LAS ALHAJAS DE ESTA IGLESIA DE ELCIEGO

En la Sacristía de la Iglesia Parroquial de Elciego a tres días del mes de Octubre , año de mil setecientos noventa y seis, el Señor Don Francisco Antonio Sáenz de Olano, Presbítero Beneficiado y cura en la misma Iglesia y por testimonio de mí el escribano dijo que por el Ilmo Señor Don Francisco Matheo Aguiriano y Gómez Obispo de este obispado, en su auto de Visita con fecha veinte de Junio de este año, mandó se hiciese inventario de las Alhajas y muebles de esta enunciada Iglesia con expresión de todas y cada una de ellas y en cumplimiento de dicho mando y con asistencia e intervención de Don Fermín de Meyro Prebístero Capellán Sacristán en ella procede a la formación del referido Inventario y es en la forma siguiente:

  • Seis Candeleros de Bronce dorados a fuego con adornos de plata
  • Una Cruz correspondiente a los candeleros
  • Tres sacras de plata que hacen juego con los referidos candelabros
  • Ocho candeleros de plata, seis medianos y dos pequeños con su cruz de lo mismo
  • Una cruz grande de plata para las procesiones de los días festivos
  • Otra cruz pequeña de plata para las procesiones
  • Dos cetros de plata
  • Dos ciriales de plata con varas de lo mismo
  • Dos custodias, la una de plata sobredorada y la otra más pequeña también de plata
  • Una lámpara grande de plata para luminaria del Santísimo
  • Tres copones de Plata dos para la Comunión en la Iglesia y el otro pequeño para llevar a los enfermos
  • Ocho cálices, con sus patenas y cucharas de plata, tres de ellos dorados y los demás sin dorar
  • Un acetre de plata con aspersorio también de plata
  • Tres bandejas de plata
  • Una Jarra de plata para el lavabo
  • Dos incensarios de plata, con sus navetas y cucharas de lo mismo
  • Tres Paces de plata
  • Una Palmatoria de plata con su cadena y espabiladeras de lo mismo
  • Siete pares de vinajeras de plata con seis platillos de lo mismo y un par de ellas, no se usan
  • Otro par de vinajeras con su platillo y campanilla de plata, todo sobredorado
  • Dos vasos de plata, uno para la Purificación cuando se comulga y el otro más pequeño para los enfermos.
  • Un Hostiario de plata con tapa de lo mismo
  • Ocho varas de plata para el palio bueno
  • Tres chismeras de plata
  • Un Jarrito de plata con platillo de lo mismo para bautizar
  • Una llave de plata sobredorada para el Sagrario
  • Un corazón dorado, con siete espadas de plata para N.S. de los Dolores
  • Dos Coronas de Plata que tienen N.S. de Nieva y su Niño
  • Veinte y dos Candeleros de bronce, los seis mayores para el Altar mayor y los restantes pequeños para los demás altares.
  • Un Acetre de bronce y aspersorio de lo mismo
  • Ocho campanillas de bronce
  • Nueve Misales, los dos nuevos , cuatro recién compuestos y tres viejos, otodos ordinarios
  • Dos Pandectas para los días de labor
  • Cuatro Manuales
  • Un Breviario de a folio viejo
  • Un Diurno bueno para el coro
  • Cuatro Misales con dos pandectas forrados todos en terciopelo encarnado, con cantoneras de plata y dos de ellos con manillas de plata y los demás de bronce

 

VESTUARIOS

 

  • Un terno blanco de tela de oro y plata que consta de casulla, dos dalmáticas, tres capas, dos paños de púlpito con sus almerizales, banda , paño y bolsa de corporales para el cáliz
  • Una cortina de la misma tela para el dosel donde se coloca el Santísimo Sacramento
  • Otra casulla de la misma tela
  • Otro terno de tapicería blanco, que consta de casulla, dos dalmáticas, tres capa, dos paños de púlpito con su almerizales, banda, paño y bolsa de corporales para el cáliz
  • Un terno encarnado de lama que se compone de casulla , dos dalmáticas, paño de cáliz y bolsa de corporales
  • Un terno de Damasco blanco, que consta de casulla dos dalmáticas, tres capas y un Almerizal
  • Otro terno encarnado de damasco que se compone de casulla, dos dalmáticas, tres capas y un Almerizal
  • Otro terno de damasco verde, que consta de casulla, dos dalmáticas, una capa y un Almerizal
  • Otro terno de damasco morado que consta de casulla, dos dalmáticas, una capa y tres almerizales, con dos paños de púlpito, además dos planetas y un estolón
  • Otro terno de terciopelo negro, que se compone de casulla, dos dalmáticas, tres capas y un frontal estolón, paño de cáliz y bolsa de corporales
  • Otro terno negro de nobleza que consta de casulla, dos dalmáticas, capa, Almerizal y frontal de Damasco
  • Tres Almohadas de terciopelo encarnado y morado
  • Dos almohadas de terciopelo negro para el sepulcro
  • Una Casulla blanca de tela de oro
  • Tres casullas blancas de media tapicería
  • Diez casullas de damasco blanco
  • Una casulla de tela de oro encarnada
  • Diez casullas de Damasco encarnada
  • Siete casullas moradas, dos de ellas de media tapicería y las demás de damasco
  • Cinco casullas verdes de media tapicería
  • Una casulla de terciopelo verde
  • Ocho casullas de damasco negro
  • Nueve paños blancos de tafetán doble para cáliz
  • Otros nueve paños de cáliz encarnados también de tafetán
  • Seis paños de cáliz verdes
  • Nueve paños de cáliz morados
  • Once paños de cáliz negros
  • Diez bolsas de corporales de todos colores
  • Cuatro bandas de tafetán , una encarnada, la otra blanca, otra verde y otra morada
  • Un frontal de Damasco morado
  • Seis estolas sueltas moradas para conjurar
  • Otras dos estolas, una negra y otra morada y blanca para los bautismos
  • Veinte y tres juegos de Corporales
  • Seis Corporales pequeños, para los Sagrarios y dar el Viático
  • Seis albas para los días de primera clase
  • Quince Albas de Soles, para los Domingos
  • Veinte y una Albas comunes
  • Dos toallas y una de ellas con encaje fino
  • Un Roquete blanco, con su Muceta de Damasco encarnado para dar el Viático en público
  • Dos Palios, el uno de tela de oro blanco y el otro de Damasco encarnado
  • Treinta y tres Amitos, los seis finos para los días de primera clase con ligaduras encarnadas
  • Cuarenta Purificadores
  • Veinte limpiezas para los Altares
  • Veinte y nueve Paños, para los Altares
  • Once Paños de manos para el Aguamanil
  • Un Manto de paño fino negro con adornos encarnados para la tumba de las Animas
  • Un manto, con delantal de terciopelo negro de N.S. de los Dolores
  • Un Pendón de Damasco negro
  • Tres vestidos enteros de Nuestra Señora de Nieva, uno de Mue encarnado, otro de tapicería blanco y el otro morado
  • Dos estandartes el uno de N.S. del Rosario y el otro de las Reliquias de los Mártires de Cardeña, que hay en esta Iglesia
  • Diez faroles de Cristal y Vidrio
  • Cuatro cortinas, una blanca de tapicería en el Altar Mayor para la Virgen de Nieva, otra en el Altar del Cristo, otra en el del Rosario y otra en el del Ecce Homo
  • Otra cortina morada para N.S. de Nieva
  • Dos lámparas de bronce en las Capillas
  • Diez Paños de lienzo ordinario para cubrir las aras
  • Cuatro llaves, dos de las puertas principales de esta Iglesia, otra de la Puerta de hierro y otra de la Puerta de la torre
  • Otras dos llaves que tienen las dos puertas de las Sacristías
  • Dos braseros con sus cajas el uno de hierro y el otro de cobre bueno
  • Unos hierros para hacer hostias

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1881.- “El Cerro del Espinal” cuento moral de Don Juan María Sáenz de Navarrete Murga

1881.ean argitaratutako liburu honetan, bertso bitartez errezitatzeko gertakariak asmatzen ditu eta baita bere inguruneko errealitateak azaltzeko.

En este tercer y último librito de poesía que conocemos de Don Juan María Sáenz de Navarrete Murga, vemos a un poeta más pleno, más maduro, con más riqueza estilística e imaginativa. Aunque el título y la finalidad sigue siendo un cuento moral, el argumento es todo un montaje para recitar, como si de un auténtico poema dramatúrgico se tratara.

La finalidad es remarcar en los personajes la importancia de los buenos valores y cómo el mal vence al bien en todas las facetas de la vida. Aquí la muerte, el Juicio Final, el pecado y otras obsesiones que empapan las páginas de los otros dos libros, dejan paso a una visión moral de la vida con más detalles cotidianos y hasta una sonrisa jocosa que aparece en varias cuartetas.

“El Cerro del Espinal” es un montículo de la jurisdicción de Elciego, encima del Ebro en la zona de Tronconegro, lugar donde el autor enclava todos los acontecimientos.

Los personajes que aparecen en el relato son los siguientes:

  • Don Rodrigo Mezana, “Señor del Espinal”
  • Clara, sobrina de Rodrigo
  • Angela de Llana, mujer de Rodrigo
  • Fray Andrés, ermitaño y limosnero en la zona
  • Sargento Alduengo
  • Espuro, marido de Juncosa que trabaja para Rodrigo
  • Mujeres en tertulia: Curra, Paca, Chula, Peluda
  • Felicia, ama de casa de Rodrigo
  • Aurora, doncella bella de la casa
  • Juncosa, mujer que recoge a Clara.
  • Don Pedro de Llana, pretendiente de Aurora
  • Don Pedro de Barranco, escribano
  • Ramiro, capitán

Es notable que los nombres de muchos de ellos están tomados de topónimos de Elciego:

  • Señor del Espinal ( Cerro del Espinal)
  • Don Rodrigo Mezana ( La Mezana)
  • Fray Andrés ( Iglesia y Parroquia de San Andrés)
  • Sargento Alduengo ( Valduengo)
  • Espuro ( El Espuro)
  • Don Pedro de Llana y Angela de Llana ( Las Llanas)
  • Don Pedro de Barranco ( Los Barrancos)
  • Juncosa, mujer de Espuro ( La Pajuncosa)

 

Argumento:

Los sucesos están enclavados a inicios del siglo XVIII tras el final de la Guerra de Sucesión, donde cuatro compañeros ( Ramiro como capitán, Rodrigo Mezana como teniente y otros dos soldados) abandonan la milicia y se retiran a la vida civil, prometiéndose volver a encontrarse y mantener la amistad. Posteriormente los dos soldados fallecen.

Rodrigo Mezana se retira a sus posesiones en el Espinal, donde se le conoce como “El Señor del Espinal”. Un hermano suyo fallece dejando una niña a su cargo, de nombre Clara. Al cabo de unos años Rodrigo se casa con Angela de Llana, pero anteriormente había sucedido un episodio que es la trama de la obra. Rodrigo quiso desprenderse de su sobrina y para ello encarga a su cuñado Pedro de Llana deshacerse de ella a cambio de una suma de dinero. Llana le encarga a Espuro que ejecute lo que le ha encomendado Mezana y guarde silencio. Espuro, hombre bueno, tiene remordimientos sobre el devenir de la chiquilla  y la recoge en una casa con el nombre de Aurora.

En la boda de Rodrigo con Ángela de Llana, un trovador canta unas coplas augurando un final triste al acontecimiento que están celebrando. Rodrigo manda a sus servidores revisar lugares y comensales, temeroso e intranquilo por lo que el músico está recitando.

Un ermitaño de nombre Andrés, que recorre la zona pidiendo limosna y brindando ayuda a quien se lo pide, aparece en escena. Un grupo de mujeres cuchichean en la cocina sobre si la niña murió en el Ebro o está viva, que si el señor Juncosa la protegió y que aún anda por la zona,…todo son rumores que circulan por el pueblo.

En la casa de Rodrigo hay dos sirvientas: Felicia, que es ama de casa de Espinal y Aurora, una joven bella a la que le ronda Pedro de Llana, cuñado de Rodrigo.

Rodrigo tiene una conversación con Fray Andrés en el que éste le quiere dar paz interior; pero tendrá que confesarle qué es aquello que tanto le martiriza. Le comenta el Fraile, conocedor en parte de lo sucedido, que el tema de la chiquilla está en la Audiencia y que Juncosa, esposa de Espuro, prestó ya declaración.

Rodrigo le propone a Aurora que sea su pareja de baile en Nochebuena, para lo cual le regalará un hermoso vestido.

Entre las conversaciones se van confesando que Fray Andrés es el capitán Ramiro y que quiere ayudarle a Rodrigo. A Aurora le confiesa Felicia la verdadera identidad de la bella joven: es Clara, la niña que la mujer de Espuro, Juncosa, protegió en el anonimato.

Mientras, en el despacho del notario Barranco, Rodrigo y Pedro Llana tienen discusiones y acaban en un duelo con heridas.

Rodrigo tiene un atentado con unos cazadores y logra huir gracias a su veloz caballo.

El matrimonio pensado entre Pedro Llana y Aurora (Clara) queda postergado tras descubrirse toda la trama de la obra.

https://es.calameo.com/read/0000471197b9fb08f5317

 

 

 

1880.- POESIAS Y CUENTOS MORALES de Juan María Sáenz de Navarrete

Bigarren liburu honetan, 1880.ean argitaratutako “Poesías y Cuentos Morales”-en Juan María Saenz de NAvarretek egunerokotasuneko gai desberdinak ukitzen ditu, beti ere, ikuspuntu moralista batekin.

Tras la publicación en 1868 de sus “Poesías Morales”, vuelve en 1880 a publicar otro librito de versos titulado “Poesías y Cuentos Morales”. En esta ocasión es la imprenta logroñesa de Federico Sanz quien  saca a la luz este pequeño librito.

En este trabajo vemos a un Sáenz de Navarrete, que sin abandonar los temas religiosos y moralizantes, se introduce en otros más costumbristas y cotidianos, dándoles incluso un formato de cuentos para recitarlos o declamarlos en una tertulia. Encontramos en este librito  un trabajo más elaborado y más rico en detalles literarios y costumbristas de la época.

Comienza con dos poesías, a modo de introducción, una dedicada a “María” y otra a “Jesús Sacramentado”.

¡Oh Madre de mi Dios, Virgen María,

Madre también del pecador que llora

Bajo tu amparo y protección, Señora,

Sale a la luz mi humilde poesía¡

 

En “El Consuelo de la Fe” y “El Porvenir”  deja de utilizar su clásica cuarteta para utilizar versos dodecasílabos. Extiende su pensamiento y su temor hacia el pecado y la muerte a través de un relato extenso, donde añora ese encuentro final con Dios tras el juicio final temeroso.

Retoma la cuarteta en verso menor bajo el título de “La Oración”, donde en ocho apartados traza otros ocho aspectos importantes de la vida del cristiano, como puede ser la meditación:

“La meditación al alma

Es manjar que la sustenta

y en la cual nuestro espíritu

La luz que le guíe encuentra;

Los grandes santos labraron

Sus grandes hechos con ella,

Y sin ella en vano el hombre

Una perfección intenta;

Medita pues cada día

Un rato en la vida eterna

Son las obras que en el mundo

Guían o desvían de ella”

 

Con otras dos poesías sobre “La Prudencia” y “La Verdad” , finaliza este apartado de poesía con temática religiosa.

Bajo el título “ La Rioja Alavesa”, emula un paseo acaballo hasta  la Sierra para desde allí contemplar y ensalzar las virtudes de nuestra zona.  Le acompaña Julián, en su caballo de nombre Obero, al que durante el trayecto le da consejos como éste:

 

Tú, Julián, has de mirar

Lo que en este mundo pasa,

Cada uno oculta en su casa

Lo que conviene callar,

Al llegar a la cima de Herrera contemplan con orgullo su querida tierra, emulando historia y belleza natural “en un Edén convertida”, desde donde se divisa la fuerte villa de Laguardia, los puentes de Lapuebla y Elciego, el tren lindante, la sierra de San Lorenzo al fondo nevada en mayo,…sin olvidar a dos personajes importantes: al buen poeta Samaniego y al diputado Olano.

A su hijo Gerardo el dedica una poesía titulada “El Mar” cuya inmensidad recuerda al lector el lugar donde se han entablado batallas, conquistas y heroicidades.  Continúa con una “Plegaria al Padre” donde juega con las mismas ideas marinas de la poesía anterior y ruega a la Virgen María que le reciba entre sus brazos.

Un nuevo apartado titulado “El Trabajo”  da pie a explayar ideas y consejos sobre éste y otros temas a través de diversos apartados.

Al trabajo; es menester

A todo hombre trabajar,

Pues se le impuso sudar

                                                   El pan que debe comer,

En uno de ellos hace referncia a la Rioja Alavesa, alabando la belleza del país y de su gente tenaz, a la que debe armonizar para el buen futuro el trabajo y el talento.

Trabaja, mortal, trabaja

Para regar ese suelo,

Suplica a la Providencia

Pero pon tu mano al hierro,

 

Continúa haciendo un repaso a los avances de la ciencia y el progreso, pero sin olvidar que todo se consigue con perseverancia y trabajo.

 

Más humilde es mi misión

Pues mi lema es trabajar

Y labrarse un bienestar

Bajo la recta razón.

 

El último apartado va dedicado a su hijo Alvaro, al cumplir sus 25 años, con lo que la ley le concede derechos y le impone leyes.

Un nuevo capítulo titulado “Inés” dedica a narrar las andanzas de Don Lope Cenzano, alférez mayor navarro y su hija Inés, heredera de la casa de los Cenzanos; pero que vive triste por sus amores con don Enrique de Laso, no bien vistos por su padre. Al final éste accede y cambia el ambiente de la casa de los Cenzanos y de la propia Inés. El amado está en el campo de batalla y la amada en el palacio. Así continúan en la distancia hasta la muerte de ambos, cada uno en su lugar, en su distancia.

En el capítulo dedicado a “La Caza”, el autor da muestras de ser un perfecto conocedor de esta afición, encarnado en la figura de Don Juan. Aporta múltiples detalles de la naturaleza y vocabulario muy específico de la cacería, que curiosamente comienza con una oración. Los perros son protagonistas con nombre propio: Perrote, Prieto, Lambegui, Mona, Mameluca, Saladina, Solitaria, Cazalombrices, Tomillo, …en la caza de las liebres. Comida campestre, con comentarios de la caza y de la historia del lugar donde se asentaron….Don Juan, Sánchez y Suárez…relatan los hechos y los sucesos en ese lugar. Un bonito cuento en verso, para recitarlo en momentos de tertulia donde intenta explicar el origen de la actual denominada “Casilla de Cerio”

Ya no existe ermita alguna

Donde llamaban el Cerro

Pero que la hubo contestes

                                                   Lo afirman todos los viejos”….

“Y a lo que antes se decía

Que era la ermita del Cerro

Le designa hoy el país

Con la casilla de Cerio”

 

El capítulo “El Duelo”, con buena estructura y hechura para la declamación, habla de la zona y de su historia, detallándola en el Conde de Valrodrigo y en Don Carlos de Guevara, rivales encarnecidos que acaban en un duelo. Laguardia y Elciego son los dos lugares históricos en donde se relatan estos hechos, terminando la narración de esta manera tan entrañable:

“El San Andrés ya no existe

Sobre sus campos amenos

Célebre por los claretes

De su aromático suelo

Descuella sobre una vega

Con majestad otro pueblo,

Patriarcal en sus costumbres,

En su proceder discreto

Jovial en sus diversiones

En las desgracias sereno,

Incansable en el trabajo

Y apacible por su genio,

Y es el pueblo que describo

La linda villa de Elciego.”

 

 

“Poesías y Cuentos Morales” es un librito de calidad muy superior al anterior, tanto por su elaboración más detallada como por la variedad de ideas y de descripciones. No se centra exclusivamente en el tema religioso, sobre todo de la muerte, el pecado y el juicio final, como lo hizo en su primer trabajo; sino que se introduce en imaginaciones de episodio épicos ocurridos en la zona, en situaciones de recreo como es la danza, en consejos sobre el trabajo, o en canto a la zona riojanoalavesa.

 

Poesías completas en:

https://es.calameo.com/read/000047119a6f1ceb021cb

 

 

 

 

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