El nacimiento de la tonelería en la zona vinícola riojana

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            Justo Murúa Roales enseñando a Alfonso XIII su empresa de tonelería mecanizada (Fotografía cedida por Tonelería Murúa)

  Hasta hace pocas décadas los recipientes para la conservación de los vinos en los calados subterráneos de las cuevas o bodegas eran las cubas: envases construidos de madera y reforzados por unos cinturones de hierro, adaptados al hueco excavado bajo la tierra y con distintas capacidades, siendo las más utilizadas desde 50 hasta 500 cántaras o más. Ahí se almacenaba el vino elaborado cada año en los lagares de piedra, hasta que los arrieros vinieran a comprarlo para transportarlo a sus lugares de consumo. Este proceso era anual, a no ser que no se vendiera la cosecha de un año y pasara a ser vino viejo, con una urgencia mayor en su venta y consumo, por la poca perdurabilidad del producto. Los maestros cuberos eran los expertos en construir, arreglar, trasladar de un hueco a otro, acomodar las cubas aprovechando el mayor y mejor hueco disponible en el subsuelo: “a ojo de buen cubero”, como dice el refrán.  Useta, Segurola, Aldape, Aguirre, Urquiola, Ruiz de Escudero, Ardanza, Zabala, Sangróniz, Uranga, Bengoa, Mora,…son algunos apellidos de los numerosos cuberos que hemos tenido en Elciego en los siglos anteriores.

 

               La llegada del ferrocarril a nuestra zona supuso la gran revolución de los mercados vinícolas, más lejanos y más numeroso; pero para ello había que mejorar tanto la producción de uva como la elaboración del vino, más refinado y con perdurabilidad en el tiempo. Con el nuevo sistema de elaboración del vino al estilo francés  importado en 1862 a las tierras riojanas por la Diputación Foral de Alava en la figura del siempre recordado Jean Pineau, se producen las grandes innovaciones y la puesta en marcha del moderno vino riojano. En este nuevo concepto de elaboración del vino,  las tradicionales cubas no cumplían la misión de hacer perdurar el vino en el tiempo. El nuevo sistema importado del Medoc con la figura de Jean Pineau utiliza la barrica o el tonel de 24 cántaras tanto para la conservación del vino como para su refinamiento y maduración.

              Para el primer experimento con la cosecha de 1862 se tuvieron que traer de Burdeos y Bilbao esas barricas de roble americano y roble del país no existentes en la zona. Los cuberos locales construían y reformaban todo tipo de cubas; incluso construían cubitas, que es como denominaban a las de poca capacidad; pero no tuvieron simpatía ni confianza en la construcción de estos nuevos toneles demandados por el maestro francés.

Posteriormente Pineau propuso a la Diputación alavesa la necesidad de construir toneles en la zona  y para ello plantea la creación de una escuela taller en la Rioja Alavesa donde él mismo transmitiría a los aprendices sus conocimientos de tonelería.  Así se monta en Laguardia en 1865 el primer taller de tonelería en la zona vinícola riojana. Este taller-escuela estaba dirigido por el propio Jean Pineau  y tuvo una duración de tres años. Sólo conservamos el apellido de dos alumnos: Irazu y Bengoa. Aparte de suministrar barricas o toneles a los cosecheros que se sumaban al proyecto del “Medoc Alavés” ganó un premio de 200 reales en la Exposición de Bellas Artes e Industrias celebrado en Vitoria en 1867, en reconocimiento a esta nueva profesión.

           

INVENTARIO DE LAS HERRAMIENTAS DEL TALLER ESCUELA DE LAGUARDIA

–          4 achas ( dos mayores y dos menores)

–          2 cuchillas rectas y una torcida

–          3 compases de madera y uno de hierro

–          2 barrenos de más de una vara de longitud

–          1 barreno corto de hacer las bocas a las barricas

–          2 escoplos con mango de madera

–          2 escoplos para rajar tabla

–          2 cinceles para cortar hierro

–          2 raspadores

–          2 raspadores de mimbre

–          2 punzones

–          2 gatos o crirces (¿)

–          Un chaflanero para barricas pequeñas

–          Una medida de hierro para conocer la cabida de la barrica

–          Un tirafondo de témpanos

–          Dos bancos garlopas

–          Dos bancos para labrar tabla

–          Un banco con torno para domar las tablas

–          Dos sierras

–          Cuatro moldes de madera para barricas

–          Un yunque

–          Una máquina para hacer los témpanos

–          Dos mantas (¿) de madera

–          5 cepillos de varias clases ( 3 para raspar las barricas y 2 para igualar las tablas)

–          3 regalgueras

–          2 azuelas

–          Una rueda de piedra para afilar la herramienta

–          Una piedra de afilar fina

–          Cuatro martillos


 

En Mayo de 1868 el proyecto de Diputación con los cosecheros alaveses se finiquita y con él la escuela taller de tonelería de Laguardia. A partir de entonces, tanto los trabajos de Pineau como las innovaciones vitivinícolas en la producción riojana, se centran en Elciego y más concretamente en la nueva bodega que ya tiene dispuesta para vinificar el Marqués de Riscal, quien  contrata los servicios del “maestro de cueva” galo en verano de 1868.

              En la bodega del Marqués de Riscal se monta un taller de tonelería donde va surtiendo la demanda de barricas para la propia bodega. En este proyecto participa su hijo Carlos quien se especializa en el oficio de tonelero, trabajando en el propio taller de la bodega y en otro que posteriormente monta en el barrio de Barrihuelo. En ese taller de la bodega del Marqués de Riscal se van a forjar los futuros toneleros del pueblo y de la zona bajo las directrices del propio Pineau, de su hijo Carlos y de otro tonelero francés venido al pueblo:  Bacherot. Ahí aprendieron el oficio hijos de canteros que vinieron a trabajar en la construcción y ampliación de la bodega o a aprender esta nueva profesión, como es el caso de Barritueta, Victoriano Gómez, Antonio Jiménez, Domingo Olavide,….

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(Familia de Justo Murúa – Foto cedida por Tonelería Murúa)

Un alumno relevante de ese taller fue Justo Murúa Nájera, hijo de José Murúa Mantxola, cantero que vino de Legazpia a trabajar en el puente del Ebro y en las ampliaciones de la bodega del Marqués de Riscal. Aprende el oficio de tonelero en el taller y trabaja en él durante varios años, hasta que en 1898 crea su propia tonelería en los aledaños de la casa familiar de los Murúa en Elciego. Posteriormente, en 1920, se traslada a Logroño donde crea la empresa Tonelería Mecánica Riojana, siendo una de las primeras industrias toneleras que se crea en Europa, dejando el papel artesanal que venía representando. Justo Murúa es un referente en la tonelería del vino riojano y el primero que pasó de trabajar la tonelería en un taller artesanal a una producción más industrializada.

     En el taller de tonelería del Marqués de Riscal se forjaron aprendices locales que posteriormente fueron enseñando a sus hijos este oficio artesanal. Durante varias décadas compaginaron el trabajo de la tonelería de la propia bodega, con talleres artesanales que fueron montando en el barrio de Barrihuelo para ir atendiendo la pequeña demanda de la construcción de barricas y arreglos de particulares y de pequeñas bodegas que fueron surgiendo. Esta actividad artesanal de la tonelería se mantuvo hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XX, donde la producción industrial de barricas arrinconó a estos artesanos de la tonelería. Elciego tuvo unas familias de toneleros pioneros en la zona y mantenedores de los conocimientos más artesanales de este oficio: Sáenz, Pardo, Gómez, Uribe,….

 

http://www.slideshare.net/elciegohistorico/maestroscuberos-en-elciego

https://elciegohistorico.wordpress.com/2012/11/19/el-primer-taller-de-toneleria-en-rioja/