Eliodoro Ramírez Olano (Elciego1851-Vitoria 1909)

Eliodoro Ramírez Olano, lurjabe baten kide izatearen adibide argia da: Unibertsitatera ikastera joan, eta bueltan herrian, ikasitakoa praktikan jarriz, bere bizitza profesionala eta biztanlegoarena orokorrean hobetzea

La figura de Don Eliodoro Ramírez Sáenz de Olano es una de las típicas de pertenecer a una familia propietaria del pueblo y que invierte en su formación fuera del municipio. Tras salir a estudiar a una Universidad, regresa al pueblo poniendo en práctica su aprendizaje para mejorar su vida profesional y la colectiva de la población.

Nació en Elciego el 3 de Julio de 1851 en el seno de la familia formada por Pantaleón Ramírez Martínez de Villarreal y Natalia Sáenz de Olano Aguirre. Con cuatro años perdió a su madre y con once a su padre, por lo que tanto él como su hermana Flabiana, tres años mayor que él, quedaron bajo la tutela y protección de su abuelo José Antonio Ramírez Amestoy y de su tío Fernando Sáenz de Olano Aguirre, quien fue el que definitivamente se hizo cargo de la tutela de los sobrinos.

Natalia Sáenz de Olano Aguirre fue una de las víctimas de la terrible epidemia de Cólera que en 1855 asoló el pueblo, siendo su marido Pantaleón Ramírez alcalde de la Villa, cargo que ostentó hasta 1858. Pantaleón falleció el 21 de agosto de 1862, habiendo dejado en su testamento ante el notario local Blas Navaz el 13 de marzo de ese mismo año la tutela y curaduría “a mi Señor Padre D. José Antonio Ramírez y Don Fernando Sáenz de Olano, mi hermano político”.

   Fernando Olano, como así se le denominaba en la mayoría de los escritos, fue una persona muy activa en la vida municipal, tanto en su cargo de regidor (concejal) como desde su puesto en la Alcaldía en pleno conflicto carlista ( 1872-1873 y 1875), siendo una de las figuras más relevantes del carlismo local.

Eliodoro Ramírez estudia Derecho en una época donde sólo seguían accediendo a la Universidad los estratos más elevados económicamente y donde apenas llegaba a 15.000 las personas que accedían a estos estudios en las universidades españolas.

Tras licenciarse en Derecho Civil y Canónico, regresa a su pueblo natal. Con 28 años es elegido Alcalde de Elciego, ocupando el cargo en 1879 y 1880. Su objetivo fue modernizar y organizar el Ayuntamiento de la Villa, que había sufrido los percances económicos y sociales de la guerra. Uno de sus mayores reflejos de este trabajo fue la redacción de las Ordenanzas Municipales de 1880, muy completas, modernizadoras de la vida social del pueblo y que fueron editadas con el mismo estilo y corte que lo hicieron las poblaciones más importantes.

El 8 de agosto de 1881 matrimonia en Elciego con Emiliana Bañares Guinea, perteneciente a otra de las familias propietarias más relevantes del pueblo. De este matrimonio nacieron en Elciego , José Ramón Jacinto( 1884), Pantaleón Félix(1887) y María Piedad Natalia ( 1891). Hubo otro nacimiento infructuoso de Donata ( 1883) , quien falleció al nacer en estado anémico. Posteriormente nacería en la capital alavesa su hijo menor Jesús Mateo (1894).

  En octubre de 1883 es nombrado Secretario de la Diputación Provincial de Alava, pasando la familia a residir en la capital alavesa. Tuvo un papel protagonista y muy activo en la modernización de la Provincia a lo largo de sus 26 años de Secretario, ya que tras la contienda carlista, la Diputación alavesa había quedado en una situación crítica.

 

En 1885 participa muy activamente en la Comisión provincial para la lucha contra la nueva enfermedad que apareció en los viñedos alaveses: el Mildew o mildiu, así como en proporcionar sulfato de cobre a los municipios y cosecheros alaveses.

El Ayuntamiento de Elciego siempre recurrió a él pidiendo consejo para los diversos asuntos administrativos, como el de preparar un terreno para la construcción de unas escuelas en el pueblo. Fruto de esta actitud aparece en un acta de 1889 un agradecimiento público a los abogados “Don Francisco Villarejo y Don Eliodoro Ramírez por las gestiones practicadas

Fruto de esta formación sólida, de este buen quehacer y de esta confianza que las autoridades provinciales tuvieron en su persona, participó en 1894 en la Comisión Vascongada para la negociación del Real Decreto de ese año. Acontecimiento importante para las décadas posteriores en lo que será el Concierto Económico.

En agradecimiento a toda esta activa labor en la Secretaría de la diputación alavesa en 1895 la Reina Regente María Cristina firma en San Sebastián el 11 de octubre la propuesta de “Comendador ordinario de la Real Orden de Isabel la Católica”, condecoración que premiaba la lealtad y los méritos contraídos en favor de la prosperidad de la Nación

Su sólida formación y su interés por la cultura vasca le llevan a compartir tertulias y escritos con personas relevantes en la política alavesa, como Vicente González de Chávarri, con quien publica en 1904 un trabajo titulado “La Guerra de los Comuneros en el País Vasco” y posteriormente “Fiesta de la Tradición del Pueblo Vasco

En 1906 participa nuevamente en la Comisión Vascongada para negociar en Madrid el Concierto Económico.

Fallece el 4 de febrero de 1909 en plena actividad conocida y reconocida tanto en la capital alavesa como en las demás administraciones vascas.

En sus firmas siempre colocó los dos apellidos, recordando y agradeciendo a su familia materna la tutela y apoyo que le dieron desde su niñez.

 

 

Un agradecimiento muy especial a Txus Ramírez de Olano por facilitarnos conocimiento y documentación para éste y otros trabajos.

La plaga del “sapo de concha” en los viñedos en los años 1824,1827 y 1830

1820-30.hamarkadan izan ziren sekulako lehorte eta txingor-ekaitzek, mahastien garapen arrunta aldatu zuten, hala nola, “sapo concha” izurriteak mahatsondo-kimuak erasotu zituen, uzta eskastuz

 

   Durante la década de 1820 a 1830 nuestros viñedos continúan con ese “estado de decadencia” y de “sobreproducción”, que tanto preocupaba a los terratenientes de la zona, a las personas ilustradas que buscaban futuro para la Rioja Alavesa y al propio Diputado General Valentín Verástegui, tal como lo hizo saber en su circular que llegó al pueblo a principios del mes de septiembre de 1829.

 

Las inclemencias de la naturaleza de esta década son dignas de resaltar, como la de 1822, que hubo tal sequía “que se secaron los río y hubo que ir al Hebro a lavar trigo y de colada” y que para el día de San Roque “se cortaban las uvas por igual maduras en todo el término, cosa jamás vista ni oída a los antiguos que en el día existían, ancianos de ochenta y cinco años”. Este adelanto en la recogida del fruto también tuvo sus dificultades porque se “debía haber dado principio el día primero del dicho septiembre y por el término de las Llanas”; pero que “por conciliar la vendimia de la Guardia y los Pueblos inmediatos se suspendió hasta el día 13”. Eran los años donde  llegó hasta la Real Chancillería de Valladolid el pleito entre Elciego contra Laguardia y Navaridas solicitando la libertad de vendimiar; puesto que los Ayuntamientos eran quienes por medio de bando autorizaban el inicio de la recogida del fruto en su jurisdicción y había muchos propietarios que tenían viñedos en las jurisdicciones de los pueblos colindantes. Esta diferencia de días en la recogida de los frutos traía pérdidas considerables, como la de este año donde el retraso de la vendimia ocasionó que “estaban en todos los términos las uvas supuradas”. Adelanto climatológico importante también fue que el día 26 de setiembre “nevó en esa sierra de la Guardia”.

 

Reseñable también fueron las tormentas con pedrisco de 1826, donde “cayeron en esta Rioja piedras de a dos libras y de a libra; de modo que en algunos pueblos echó al suelo ramas de olivo, mató varias caballerías y algunas personas”. Como consecuencia de ello la cosecha  fue más corta y “el vino de esta cosecha se principió a vender a 4 y 5 reales y subió hasta 14 rs cántara

 

Un acontecimiento singular de esta década fue la invasión de lo que llamaron “sapo de concha”. El primer conocimiento data de 1824 donde se notó por primera vez que una multitud de insectos anidaban en las viñas en el momento de brotar los pámpanos en algunos términos de la jurisdicción. “Como el daño entonces se reducía a poco término no se hizo el mayor aprecio ni llamó en general la atención del vecindario” explicaba años más tarde el Alcalde al Diputado General; pero según los datos que tenemos de las cargas que alguna familia recogió en esa década, la producción se redujo en 1/3.

Mayor preocupación causó la invasión de este “sapo de concha” en 1827, donde fue tal la plaga en los viñedos, que los propietarios reclamaron la consideración de la autoridad local ya que la presencia del sapo era generalizada en todos los viñedos de la jurisdicción y estaba haciendo daños muy grandes y generales. El Alcalde Blas Ruiz de Escudero emitió un bando exigiendo un remedio urgente y enérgico a la población por la que todos los habitantes, a partir de siete años, tendrían que salir por vereda a coger los insectos y traerlos muertos a la propia Casa Consistorial; para posteriormente quemarlos. Se recogieron diez fanegas de insectos. Eran conscientes los mandatarios locales de que ese remedio paliaba parte de la cosecha, pero que no suponía la extinción del mal. La consecuencia fue que la cosecha se resintió tanto, que se recogió la mitad que en un año normal.

 

La alarma volvió a saltar en 1830,  y el Alcalde Fausto Bañares, siguiendo la costumbre de años anteriores, dictó bando para que todos los habitantes mayores de siete años salieran a los campos y se presentasen con al menos cien sapos por primera vez, duplicando la cantidad en la siguiente vereda. El no acudir originaba una multa de 20 reales por persona. En el caso de los niños los padres eran los responsables y en el de los criados y ajustados temporeros de cava, los propios amos.

 

Aparte de esta medid,a en la que la autoridad municipal no tiene mucha confianza pero necesita hacerla, decide poner el caso en manos de la Diputación, presidida por Diego de Arriola, en un escrito que le envía con fecha del 23 de Abril. Le expone la situación vivida con este “sapo concha” en los años anteriores y que las medidas que se tomaron eran insuficientes. Suponían mucha pérdida de tiempo y abandono de las labores de cava en esta época tan necesaria de brazos en el campo. También considera que “para cuando todos los hacendados reclaman remedio, el mal está ya hecho”. Considera el Ayuntamiento que es casi imposible evitar el nacimiento y propagación de estos insectos, por lo que hay que reducir la plaga a donde se alimenten y sostengan, sin tener que acudir al fruto naciente de la uva.

 

El escrito del Ayuntamiento está lleno de coherencias y reflexiones importantes como la de que  “La riqueza a la fortuna de todo este Pueblo consiste únicamente en los productos de las viñas, los cuales desde la aparición de la plaga expresada se han minorado considerablemente siendo esta la causa principal de tal disminución, por cuyo motivo el vecindario va reduciéndose visiblemente a una lastimosa pobreza pues sosteniendo a fuerza de todo sacrificio la loable costumbre del mejor cultivo, encuentra el propietario al tiempo de la Cosecha devorado en su nacimiento lo mejor del fruto por los maléficos insectos. De aquí se origina la imposibilidad de satisfacer los impuestos públicos y aún de atender a las necesidades particulares de los mismos hacendados”.

 

El Diputado General Arriola contesta con prontitud al Ayuntamiento y es consciente de que hay que buscar un remedio adecuado para su exterminación en su origen. Aprueba las acciones realizadas, pero considera que es necesario consultar con sociedades agrónomas del Reino o extranjeras para conseguir una descripción exacta del insecto en su origen hasta su desaparición. Forma una Comisión para estudiar el caso y pide al Alcalde de Elciego que le envíe algunos ejemplares de los sapos vivos para poder ayudar en su estudio y análisis.

Parece ser que uno de los factores que más está influyendo en esta plaga es la sequía que padecían los campos esa primavera; por lo que los pámpanos que brotaban en las cepas, era un alimento codiciado para los sapos al faltar vegetación abundante en los campos.

 

Para implorar lluvia, como de costumbre ancestral, se recurría a la Virgen de la Plaza con sus rogativas, salves y preces de rigor. Lo refleja el acta del Ayuntamiento del 27 de abril : “La ansiedad y extrema necesidad en que se hallan los campos y sembrados de esta villa por falta de agua y la mucha confianza que esta corporación y Pueblo tiene en María Santísima con el título de la Plaza en que conseguirá como siempre su remedio con aguas saludables a este fin..”. Las funciones se anuncian por bando, subiendo en procesión desde la Iglesia a la ermita, donde se celebró una solemne misa y se trasladó en procesión la Imagen a la Iglesia. La curiosidad de esta procesión está en que la Virgen fue “conducida en andas por cuatro individuos de los de clase alta de esta villa nombrados por dichos señores del Ayuntamiento y con palio de primera clase, que también llevaban  este, sujetos de aquella clase y de igual nombramiento de dichos señores”. La imagen de la Virgen en la Parroquia fue velada en turnos de dos horas en parejas, teniendo fijado turno los regidores, los diputados, el Procurador Síndico y el Escribano. Los turnos se irían completando sucesivamente en los demás días de la novena por la población.  Se hicieron, como era costumbre, unas rogativas con parafernalia y liturgia establecida armónicamente entre el Cabildo y el Ayuntamiento durante los nueve días con sus misas, procesiones, salves y Te Deum.

El 5 de Mayo Arriola vuelve a comunicar al Ayuntamiento de Elciego, diciéndole que mientas están estudiando la manera de extinguir la plaga, medite seriamente “ un plan que proporcione el aumento progresivo de plantíos de frutales y arbusto en los linderos de las heredades y viñas a fin de que abunde el pasto necesario para el sustento del sapo mientras exista y librar al viñedo de esta plaga destructor”

El 6 de mayo vuelve a escribir el Ayuntamiento al Diputado General reconociendo que “el sapo titulado de Concha es de existencia antigua en el término de esta villa”; pero que hasta los últimos años no ha causado daños conocidos. Se alimentaba de otras especies que había en el territorio,” pero nuestra imprudencia, nuestra inflexión, nuestro abandono lo ha destruido todo. No solamente en Elciego sino en casi todos los pueblos de la Hermandad, no han quedado arbusto, malezas, ni plantas de que se puedan alimentar, y de consiguiente las viñas serán su único recurso”. En su reflexión el Ayuntamiento propone “repoblar el Campo” ya que “no harían mal los dueños de las heredades el poner en las orillas la planta que se llama Madre selva, Pomares, Melocotones y otras que antes eran tan comunes.”.

El tema llegó hasta el Jardín Botánico de Madrid, a quien se le consulta sobre el modo de hacer desaparecer estos insectos. El Director le contesta en escrito fechado el 27 de mayo de 1820 y le define el sapo como “Cetonia Stictica”, común en Europa, “alimentándose de plantas y vegetales cuyas flores, hojas y brotes tiernos destruyen con prontitud, cuando los temporales y otras causas favorecen su asombrosa multiplicación

Está claro que esos años coincidieron una serie de factores que favorecieron la multiplicación de estos sapos, en una época en la que los productos químicos utilizados a finales del siglo era algo impensando y totalmente desconocido.

No acabó ahí la página trágica de este 1830; pues el 5 de octubre se le sacó muerta de un lago de uva a María Jesús Gamarra Cerezo , natural de Cenicero y de 60 años de edad.

 

 Un agradecimiento a los herederos de Don Julián Sáenz de Navarrete por facilitarnos la documentación que aparece en este artículo.