Un puente hacia el progreso. Puente de Elciego (1861-1875)

Araba Errioxako blogean argitaratu dute artikulu hau. Gure herrirako eta zonalde osorako garrantsi handikoa izan da zubi hau; bai ardoaren munduaren ondorioagatik baita irudi bera dotore eta itxura ezin bestekoa delako

Fotografía cedida por Andrés Díez Del Río

Fotografía cedida por Andrés Díez Del Río

A mediados del siglo XIX la situación de los viñedos riojanos era desoladora: a una superproducción para un mercado reducido, se unía la caducidad anual del producto frente a la competencia feroz de los vinos navarros y aragoneses: más alcohólicos y de mejor perdurabilidad. También las enfermedades que arrasaban cosechas y las dificultades relacionadas con el transporte de los vinos, no presagiaban un futuro favorable.

Las ideas revolucionarias y los esfuerzos de personas visionarias y comprometidas con su gente y su territorio, junto con los organismos oficiales, lograron modificar el porvenir del vino riojano. Entre esas medidas innovadoras, destaca, la  presencia, en 1862, del “maestro de cueva” bordelés Jean Pineau traido por parte de la Diputación de Alava; quien aportó conocimiento y metodología a los cosecheros alaveses e, iniciándose con él, el moderno vino riojano. Junto con la llegada de este experto que instruirá a los cosecheros alaveses, la Diputación  incorporó ensayos y mejoras en las plantaciones a través de la Escuela Práctica de Agricultura, argumentando que “para hacer buenos vinos hay que disponer de buenas uvas” y que la finalidad es “proporcionar bebida de buen aroma y agradable que pueda tomarse en buena cantidad sin fatigar el estómago y dañar la cabeza”.

El mercado, tal y como lo conocemos hoy en día, se desarrolla en esta época. Esto constituye otro aspecto a tener en cuenta para curar la enfermedad mortal que afectaba al vino riojano. Hasta la mitad del XIX la parte alavesa vendía sus vinos en las localidades más pobladas de las provincias hermanas. El Ebro era la frontera natural difícil de traspasar, no sólo por sus dos únicos puentes ( Logroño y San Vicente de la Sonsierra), sino porque en la parte castellana el mercado era más reducido en población y  ésta satisfacía su sed vinícola con su propia producción. Por eso “los arrieros vizcaínos y vitorianos” sorteaban los distintos puertos y pasos de la Sierra de Cantabria para adentrarse en las poblaciones vascongadas, demandantes de ese vino que no podían producir en su geografía menos propicia para el cultivo de la vid. El regreso con pescado, grasa de ballena y otros productos, hacía que la rentabilidad del viaje de estos arrieros fuera satisfactoria.

La necesidad de ampliar mercados para poder vender toda la producción iba necesariamente unida a tres nuevos conceptos: la infraestructura viaria, la mejora en la elaboración vinícola (para que el producto tenga mayor perdurabilidad  y aguante en excelentes condiciones  los largos trayectos) y la presentación detallada del vino en nuevos envases más manejables. El primer concepto iba necesariamente unido a una mejora de los caminos carreteriles y al enlace directo con el motor viario de aquella época: el ferrocarril. El ambicioso proyecto ferroviario Tudela-Bilbao, inaugurado en 1863 y configurado finalmente como Castejón -Bilbao, fue un logro conjunto de las autoridades locales y Forales demostrándose así, que la idea de progreso estaba más que asentada en los planes de estas instituciones. Existía una necesidad de conectarse con  la modernidad, con  los caminos de hierro que comunicaban el interior y la costa; para ello siguieron e intervinieron, íntegramente en el proyecto y desarrollo de esta vía ferroviaria. La conclusión estaba clara: había que solventar la dificultad que suponía el río Ebro con la construcción de un puente que uniera la parte vascongada con la parte castellana, por donde transcurría el trazado ferroviario Los dos puntos escogidos estuvieron en los términos de Elciego y de Baños de Ebro.1861

1861 Plano de Iradier

…ver más en….

http://riojaalavesa.blog.euskadi.net/un-puente-hacia-el-progreso

Jean Pineau, el “maestro de cueva” bordelés que la Diputación de Alava trajo para innovar el vino riojano

Araba Errioxako blogean agertutako artikulua. Gure “Jean Pineau” ezin zuen falta blog honetan.

Artículo sobre Jean Pineau publicado en el blog de Rioja Alavesa

http://riojaalavesa.blog.euskadi.net/jean-pineau-el-mago-frances

firma Pineau

JEAN PINEAU

El “Maestro de Cueva” bordelés que Diputación de Alava trajo para innovar el vino riojano

               

La vitivinicultura tradicional riojana, tanto en su vertiente de cultivo de la vid como en la de la elaboración de los vinos, se venía transmitiendo de generación en generación a lo largo de varios siglos. Los terrenos más dificultosos o las terrazas de los montículos muy propios de nuestra orografía estaban destinados al cultivo de la vid, destinándose los más llanos y productivos a los cereales.

Tal y como rezan en los escritos antiguos  los trabajos realizados de “podar, cavar, espergurar, hedrar y morgonear cada año” los majuelos de una manera totalmente manual, donde la “obrada”, como superficie que acoge unas 200 cepas, era la referencia del trabajo de una persona en una jornada. A la hora de recoger el fruto, las comportas en los lomos de los animales mulares que accedían por las estrechas sendas, llevaban la “carga” de uva ( unos 184 kg entre las dos) hasta los lagares de piedra y los cubos de las cuevas o bodegas. Tras la fermentación del mosto, el pisado y el trujalado eran las siguientes labores hasta la primera trasmuda; separándose los suelos y heces del vino, que se depositaba en las cubas de los calados para ser posteriormente “aforados” por la autoridad municipal. Meses más tarde los “arrieros” llevaban en sus pellejos los vinos a las poblaciones que reclamaban bebida para sus tabernas. Un ciclo de trabajos anual que en muchas ocasiones se remataba forzadamente para la venta y posibilitar las cubas para la nueva cosecha.

Este esquema vitivinícola se venía cumplimentando a lo largo de varios siglos, siendo a finales del XVIII cuando la superproducción y la poca perdurabilidad del vino encendieron las alarmas de las personas más eruditas. Entre ellas el fabulista Samaniego, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, el Diputado Valentín Verástegui…junto con las experiencias del clérigo Manuel Esteban Quintano en el XVIII y del Marqués de Murrieta en mitad del XIX, reflejan una necesidad de innovación en el vino riojano. A ello contribuyen las fuertes heladas y el ataque de oídium en 1855 o el inicio al siguiente año del proyecto de ferrocarril Tudela-Bilbao, que abre un nuevo panorama de mercados a los que hay que adecuar la perfecta conservación de los vinos para su venta y transporte.

La Diputación de Alava pone su maquinaria en marcha con ensayos y coordinación. Así el equipo formado por el Diputado General Ramón Ortiz de Zárate, el Marqués de Riscal residente en Burdeos y el Director de la Escuela Práctica de Agricultura, Eugenio Garagarza, deciden traer un “maestro de cueva” bordelés que instruya a los cosecheros alaveses en las mejores técnicas vitivinícolas. Así contratan a Jean Pineau en julio de 1862 quien residirá “en el País de los viñedos de la Provincia de Alava, llamado rioja Alavesa” y bajo las órdenes de Diputación, enseñará todos los trabajos relacionados con viñas, vinos y tonelería a los cosecheros alaveses.

Ese mismo verano de 1862 comienzan los preparativos para vinificar al estilo bordelés, utilizando cada cosechero que participe en el proyecto tres barricas con duelas de Estados Unidos, otras tres con duelas del País y una cuba de 50 cántaras. El entusiasmo y la ilusión por el proyecto se contagia entre los cosecheros, quien consideran a Pineau un auténtico mago que puede aportar solución a las continuas penurias del vino riojano. La participación en exposiciones da más solidez al proyecto, obteniendo reconocimiento y premios en Bayona y Burdeos. Para ello hay que vestir al vino con botella, corcho y etiqueta, algo totalmente desconocido en la zona; utilizando para ello la marca “Medoc Alavés”

9.-Etiqueta

El proyecto apenas dura seis años y Diputación tiene que rescindir los servicios del mago francés, porque los cosecheros deben invertir en infraestructuras (bodegas) y equipamientos (maquinaria y barricas), algo que sólo algunos ricos propietarios pueden acometer. Entre ellos el propio Marqués de Riscal, quien construye en Elciego la primera bodega de corte moderno para alargar la vida del vino en las barricas. Para ello manda al ingeniero Ricardo Bellsolá a tomar modelo en la propia bodega donde trabajaba Pineau, en Lanessan, en Cussac fort Medoc. Para su propio proyecto en Elciego, Don Guillermo Hurtado de Amézaga, contrata los servicios de Jean Pineau quien permanecerá en Elciego hasta su fallecimiento en 1889.

Con el Marqués de Riscal y Jean Pineau comienza en Elciego la primera bodega del nuevo vino riojano: nuevo sistema de elaboración, cuidado en barricas de 14 cántaras (225 litros), clarificado y preparado en botellas de vino para el mercado, con una etiqueta que le da nombre al producto. Por este motivo Marqués de Riscal es la única bodega de vino riojano que guarda en sus calados vinos desde 1862 hasta nuestros días. 152 cosechas ininterrumpidas de vino riojano, toda su historia.

Con Jean Pineau comienzan en el vino riojano las grandes innovaciones que aún hoy en día conservamos:

  • En la viticultura se comienza a plantar las vides alineadas en hilera o renque, para utilizar la tracción animal en los trabajos, se utilizan estacas en las plantas para elevarlas más del suelo, se mejoran y perfeccionan la poda, se emplean sulfatos, azufres y abonos para la mejora…..
  • En la vinificación se emplea el despalillado, las fermentaciones regulares y controladas, la utilización de barricas para la perdurabilidad, las trasiegas continuas, la clarificación con claras de huevo, ….
  • Con Pineau comienza la tonelería en la zona, comenzando con la primera escuela taller en Laguardia en 1864 y continuando con el taller de tonelería en la bodega del Riscal a partir de 1868
  • Con el proyecto “Medoc Alavés” y el posterior de la bodega Marqués de Riscal, el vino pasa de ser un producto genérico a ser presentado con una garantía sellada y etiquetada para hacerlo llegar así al consumidor.