EL DORADO DEL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA DE SAN ANDRES DE ELCIEGO (1726-1729)

Erretabloaren edergailua egitea oso lan handia eta garestia izan zen. Hortarako oso arreta egon ziren elizako arduradunek. Herriko biztanleek parte hartu zuten dirua jartzen.

Retablo_PP copia

Las labores de policromía del retablo mayor, junto con los colaterales, por medio del dorado de su traza y el estofado de sus imágenes, fue la cuarta gran obra que acometió la Parroquia de la Iglesia de San Andrés de Elciego.
La primera fue la construcción del propio edificio, iniciada poco antes de la mitad del s. XVI y terminados y rematados sus tejados al cabo de ochenta años. No así los pagos y pleitos con los herederos de los Emasabel, que demandaron dineros pasados ya el siglo desde el inicio de la construcción.
La segunda gran iniciativa fue la construcción del retablo mayor y colaterales para el templo recién construido. Se debía ornamentar el interior y, tal y como dictaban los cánones del momento, se debía hacer por medio de un retablo de madera con hechura e imágenes realizados en los fértiles y reputados talleres de los focos artísticos de Cabredo-Viana y Santo Domingo de la Calzada. La obra se inicia en 1642 con la construcción del relicario de Mateo Fabrizio y continúa con la construcción del retablo a partir 1646, iniciado por Sebastián de Oyarzábal y Pedro Jiménez. Muchos fueron los maestros arquitectos y escultores que fueron pasando por la ejecución de esta obra: Oyarzábal, Pedro Jiménez, Diego Jiménez, Diego de Ichaso, Bernardo de Elcaraeta, … Al ser concebida como una obra ambiciosa, su ejecución no estuvo exenta de numerosos pleitos y demandas por retrasos y aplazamientos en los pagos, que prolongarían su finalización hasta entrado el siglo XVIII.
La tercera estuvo centrada en el Hórreo para poder acoger los frutos de la Primicia. Obra de cantería que se inicia en 1660 y que supuso una buena inversión económica para poder contener el crecimiento de los frutos primiciados y así poder sufragar los cuantiosos gastos parroquia.
Es en este contexto de esplendor económico del XVIII cuando se decide ejecutar las labores de dorado del retablo mayor y de estofado en sus esculturas.
La acometida de este importante proyecto se inicia exactamente un siglo más tarde que la de su construcción: en 1724. Este aplazamiento se debió en gran parte a que , la iluminación de la obra por medio de la policromía, resultaba un proceso con un coste muy elevado que suponía un desembolso importante de dinero para las arcas eclesiales.
Un buen retablo, con una buena traza y una exquisita talla, debía policromarse en consonancia con el mismo. Es en este periodo cuando la ornamentación por medio de técnicas pictóricas, queda relegada (y casi extinta) dando un completo protagonismo a las técnicas de dorado y estofado; que utilizaban el oro para recubrir toda su superficie. Estas técnicas, por su parte, se realizan con materiales muy costosos (como el propio oro y varios de los pigmentos, colas y esmaltes utilizados para fijarlo) y que, dependiendo de la pureza de este material principal y de la calidad de ejecución del trabajo, testimoniaban el poderío económico de la propia iglesia y del municipio.

Suscriptores retablo

A consecuencia de esto debemos señalar como uno de los acontecimientos más significativos en este momento, la aportación de dinero, para la ejecución de esta obra, por parte de los parroquianos y vecinos de la villa. Reunidos el 17 de noviembre de 1723, parroquianos y Administradores de las cuentas parroquiales, decidieron realizar una aportación de dinero a lo largo de tres años. De los documentos oficiales hemos realizado este cuadro con las aportaciones que cada feligrés se comprometió a abonar. También nombraron unos Comisionados poderistas para impulsar la realización de la obra. Fueron el cura y beneficiado Antonio Mendiluce Echeandia , Don Juan Bautista Sáenz de Navarrete y Murúa, Don Pedro Jacinto Ibáñez de Medrano y el propio escribano público del municipio Don Joseph Ramírez.

Don Juan Antonio y Don Domingo Mendiluce y por Don Pedro Mendiluce nuestro hermano 1.500.-
Don Juan Bautista Sáenz Navarrete y Murúa 1.000.-
Don Andrés Martínez de Villarreal 1.500.-
Don Juan Matías San Juan Bonilla 240.-
Don Joseph de la Portilla mí seiscientos reales y otros seiscientos por mi sobrino Joaquín de la Portilla 1.200.-
Don Joseph de Cataran 120.-
Don Manuel Fernández Marmanillo 300.-
Don Pedro Jacinto Ibáñez de Medrano además de dorar por su cuenta el altar de las ánimas 600.-
Don Gaspar Francisco Navarrete Ladrón de Guebara pagados en nueve años 2.200.-
Don Pedro Medrano 240.-
Francisco García de Cripán 60.-
Martín de Aréjola 60.-
Joseph de Arrúbal menor 60.-
Francisco de Leza 60.-
Fernando Cabezón 45.-
Juan Ruiz de Vergara 30.-
Manuel Ramírez 60.-
Sebastián de Medrano 30.-
Don Juan de Navarrete 60.-
Bentosa Sáenz Navarrete 100.-
Don juan de Aguinaga 180.-
Manuel del Valle 15.-
Matías del Valle 15.-
Manuel de Artacho 15.-
Blas de Pombo 15.-
Juan González 15.-
Gabriel de Palacios 30.-
Manuel Sáenz de Santa María 15.-
Don Juan de Vergara Umatigui 30.-
Joseph de Villaverde 15.-
Andrés de Valdelana 30.-
Francisco Fuertes 15.-
Santiago de Posse 30.-
Vicente 60.-
Santiago López 15.-
Joseph de Arrúbal mayor 100.-
Bentura Longrande 7’5.-
Don Ignacio García Olano 200.-
Eduardo de Armentia 15.-
Juan Sáenz de Payueta 7’5.-
Francisco Valdelana 22’5.-
Manuel de Arenzana 15.-
Sebastián de Armentia 120.-
Don Juan Lorenzo San Juan Bonilla 240.-
Vicente López Zorrilla 90.-
Juan de Meyro 15.-
Manuel Ramírez 60.-
Pedro de Isla 2’18.-
Pedro Navarrete 15.-
Diego Pedroso 15.-
Juan de Inés 20.-
Joseph Ramírez 300.-
Joseph Martínez 20.-
TOTAL 11.306’5.-

Estos Comisionados convocan una nueva reunión con los vecinos y personas que no pudieron acudir a la primera Junta el 3 de febrero de 1724; ahí se amplía la aportación del vecindario para la obra
Don Vicente Ruiz de Ubago 1.000.-
Manuel Ibáñez 30.-
Joseph de los Campos 100.-
Diego de Blas 30.-
Joseph García 15.-
Manuela Fernández de Quincoces 7’5.-
Brígida Martínez de Nestares 15.-
Ana Medrano 15.-
María Longrande 15.-
Ana de Platas 30.-
María Martínez Samaniego 4.-
Lázaro González 12.-
Agustín de Arana 6.-
Francisca Payueta 15.-
Manuel de Sierra 10.-
Doña Teresa Mendiluce 30.-
Catalina Montoya 4.-
Lázaro Navarro 3.-
Lucas Sojo 2.-
Tomás Sáenz de Santa María 12.-
Lorenzo Medrano hijo de Martín Medrano, 15.-
Joseph de Zubiaur 12.-
Isabel de Zabaleta 7’5.-
Sebastiana Sotila 15.-
Josepha Martínez 7’5.-
Mateo Sáenz 30.-
Manuel Sáenz 30.-
Lorenzo Medrano hijo de Fernando Medrano 22’5.-
Santiago Vitoriano.- 300.-
Mateo Jiménez 60.-
Agustín López de Leyba.- 30.-
Francisco Villambiste 15.-
Domingo de Ayala 22’5.-
Juan Pérez 22’5.-
Gaspar de Buruaga 15.-
Vicente García 15.-
Bartolomé López de Bérriz 60.-
Total 2.035.-

Un total de 13.341’5 reales que se comprometen en escritura pública en los meses de mayo de 1724, 1725 y 1726, bajo pena de excomunión y costas de la cobranza.
En los cuadros se aprecia la diferencia social de las familias, algo propio en esta época. También llama la atención la ausencia de mujeres en la primera reunión y cómo tomaron parte en este proyecto a través de la segunda convocatoria. Dentro de la generosa lista de personas muy humildes que quisieron aportar sus reales al dorado de los retablos, hay un nutrido grupo de gallegos, o hijos de emigrantes gallegos, que se fueron incorporando al pueblo y que también quisieron tomar parte de esta iniciativa colectiva.

Panel historiado de la Visitación(La Visitación, panel historiado. Fotografía de Pablo Cañas)

Llaman la atención las condiciones que pusieron para el dorado y el estofado de los retablos. Son muy precisas, detalladas y técnicas. Propias de un profesional experto conocedor de la materia. Fueron realizadas por Matías Martínez de Ollora, maestro que se iba a ocupar de su ejecución por 49.000 reales. Posteriormente la obra recayó, debido a la rebaja de su coste (42.000 reales) y por la introducción de mejoras ( cuatro altares secundarios, acheros, reja del coro y púlpito) en el calahorrano José de la Fuente Santa María y en el artista de Torrecilla de Cameros, Joseph de San Juan, ambos maestros doradores y estofadores. Aparte del dinero, recibirán casa para vivir y andamios para poder realizar el trabajo, que deberá estar finalizado para el día de San Andrés de 1729.
“Condiciones para dorar el retablo mayor y dos colaterales de la Iglesia Parroquial de la Villa del Ziego son las siguientes:
1.-Primeramente es condición que después de bien limpio el polvo de el retablo se haya enlenzar y enrrajar todas las rendas que tuviere y asimismo se le ha de dar su mando de aguacola.
2.-Es condición que se le ha de dar las manos y el yeso grueso necesarias, dándole la fortaleza correspondiente a la cola y se haya de desgranar, quitar gotas y rebabas.
3.-Es condición se le ha de dar las manos de mate que requiere y que los lisos queden tersos, disposición del buen dorado, y lo que mira a la escultura, y talla no se le cubra cocadura ,arpraduras, misma cosa que le embarace el yeso para que queda en sí misma perfección y a la escultura lijarla y escofinarla, para que ningún sentido quede cubierta, reparándola con formones aparentes para el caso
4.-Es condición que las manos que duren de bol, haya de ser de llanes y no de otros, porque éste es el más aparente para ello.
5.-Es condición que dichos tres retablos se hayan de dorar todos de alto a bajo sin dejar cosa alguna de lo que pueda apercibir de cualquiera sutio de la Iglesia con oro de buen color y calidad bien bruñido y resanado conforme arte y que no hayan de llevar dichos retablos más estofado que los santos, que se explicarán abajo, y los Capiteles de columnas y pilastras y alguna otra cosa si conviniesen los señores del Cabildo y Villa y fuere del caso, y lo restante de dichos retablos sea de oro limpio.
6.-Es condición que la caja principal del retablo mayor y San Andrés que está dorado se lave y ponga en forma que lo restante del retablo
7.-Es condición que el San Andrés y demás Apóstoles vayan dorados y estofados en la forma siguiente.- Que después de aparejados con el primor que se requiere se harán de dorar, bruñir y estofar, la capa que sea encarnada y en ella se eche un brocado con el primor que se requiere , abra?? De grafio, y echándole en dicho brocado los colores que más le convenga, haciéndolo con el mayor primor y en la orilla que sea sobre el oro limpio hecha de cogollos, acomodando sus tarjetas y en ellas el martirio o martirio de cada santo, y entre los cogollos sus maestros (¿) y bichas donando de esta forma dicha orilla de la capa, o capas del apostolado y en los campos picado de lustre muchas deferencias.
8-Es condición que la túnica de dicho santo se ha de echar un brutesco de cogollos, con aguada y abrir el oro muy menudo según arte y entre los cogollos de dicha aguada, se hayan de echar sus manos(¿), bichas y pájaros y en las orillas su galón de oro, según estilo y trabajo en los aforos se harán las diferencias convenientes de telas de oro graneteándolos con el mayor primor.
Y advierto que las orillas principales sobre el oro limpio y brocados hayan de ser de diferentes colores, y todos finos lo que les explicare abajo y la encarnación que se hiciere haya de ser encarnados tres veces, y la segunda a pulimento y la última a mate, dándole el color que le corresponde a cada santo, con la advertencia que a todos se les ha de poner ojos de cristal y a los demás Apóstoles se les ha de estofar de esta forma, diferenciándolo en todo y lo mismo darlos los colores que les corresponde a cada santo.
9.- Es condición que las historias principales y las que están en el pedrestal principal que son de la pasión que después de dorarlas se han de estofar en las capas, echándoles sus telas y brocados en la misma forma que señalo en San Andrés y demás Apóstoles, con la diferencia de ser menor, y que las orillas no han de ser sobre oro limpio, sino de diferentes campos y abierto el oro, muy menudo, para que no las escalabre, ni quite la perfección a al historia, y las orillas que se hicieren sean con el mismo rigor que las arriba dichas, colocando cada cosa en su lugar y lo mismo en túnicas y aforros, y los campos de dichas historias en la que le correspondiere pintar unas peripecias, países, glorias y otras cosas que requieren dichos campos y abrir el oro de grafio muy menudo de suerte que no quebrante la pintura y en las encarnaciones se hará lo mismo que arriba se dice y lo mismo con el resto de la escultura que está en dicho retablo mayor y ángeles que tiene

Tarja historiada del martirio de San Pedro en la vestimenta de su efigieTarja historiada en la vestimenta de San Juan

(Tarjas historiadas en el ropaje de los Apóstoles.- Fotografías de Pablo Cañas)
10.- Es condición que el Sagrario sea de oro limpio, y en las pilastras se haya de picar de lustre, cogollos, y otras diferencias que requiere el arte.
Lateral del Cristo
Que después de dorado con el rigor que digo arriba se haya de estofar el San Francisco Javier con el mismo rigor que expreso dándole el color que corresponda y asi mismo las historias del pedrestal, limándose a las que tengo señaladas arriba y en el respaldo del santísimo Cristo después de dorado se haya de pintar un Jerusalem, y arriba un pedazo de gloria y al lado San Miguel castigando el pecado, y después abierto de grafío muy menudo, y encarnar todo los manos que tiene dicho retablo en los vuelos y el Sagrario sea de oro limpio, digo sin estofar nada y lacado de lustre muchas diferencias
Colateral de Nuestra Señora
El retablo de Nuestra Señora ha de ser con el mismo rigor que los demás estofando el San Joseph en la misma forma que me refiero y las historias de abajo en la misma forma que las demás, encarnando los manos de los vuelos y la Nuestra Señora que está en medio se ha de estofar con todo cuidado y primor y trono y Angeles y todo según arte.
Es condición que los colores que se han de gastar en estofar han de ser finos, como son carmín de Indias y en las orillas se ha de gastar ultra marino, quita gamba, orchu(¿) y otros colores aparentes que entran en la condición de fina que por ser muchos no se explican y todo ¿?de maestros peritos y dando las fianzas a satisfacción de dicha Iglesia.
Es condición se han de dorar los dos colaterales San Juan y San Sebastián en la forma que los otros tres referidos y así mismo dar y estofar y encarnar la escultura que ellos dos colaterales tienen
Es condición si conviniere el estofar algunos frisos de las cornisas y algunos colgantes de festones en dichos retablos que no puedan por mejora ninguna y se estofan con el arte que requiere y condición que está arriba expresada.”
(AHPA, 1726 Joseph Ramírez, Protocolo 8275)

Cristo de uno de los colaterales (Cristo de uno de los colaterales.- Fotografía de Pablo Cañas)

(Documentación extraída del AHPA 1726 Joseph Ramírez, Protocolo 8275. Fotografías realizadas por Pablo Cañas)

Anuncios

El Padre ANDRES MERINO DE JESUCRISTO Sch. P. (1730-1787)

Blog honetan ezin da falta Andres Merino Aitari buruzko aipaketa bat baino gehiago. Ziekon jaioa, ospa handikoa da letreen arloetan eta Unibersitateko irakaskuntzan; bere liburuak erabiltzen dira oraindik.

AndresMerino

Si en este blog sobre aspectos históricos y culturales de Elciego no se recogiera la figura inagotable del P. Merino, tendría una asignatura pendiente con un importantísimo personaje de las letras del s. XVIII nacido en nuestra villa. Numerosos son los trabajos de especialistas que han hablado y alabado la figura de este personaje tan olvidado en nuestro pueblo. A través de este blog queremos divulgar el recuerdo de su figura, aproximar a nuestros lectores los distintos materiales que ha dejado en bibliotecas e impulsar el conocimiento de su gran labor a todas las personas relacionadas e interesadas por Elciego.

Uno de los trabajos más especializados sobre la figura del Padre Andrés Merino es el de nuestro convecino el catedrático Emilio Palacios Fernández.

www.escolapiostd.es/Documentos/Documentos/PAndresMerino.doc

En las universidades americanas sigue aún estando como uno de los mejores referentes en paleografía y letras antiguas, lo que ha originado y origina muchísimas referencias y pequeños estudios sobre este personaje.

Partida bautismo

 

Manuel Antonio Merino Irigoyen nació en Elciego en los últimos días del año de 1730, bautizándolo en la iglesia parroquial el 31 de diciembre Don José López de Bérriz. Estos apellidos no eran de familias asentadas en el pueblo, por lo que nos lleva a la conclusión que estuvieron en nuestro pueblo en trabajos temporeros o circunstanciales. Seguramente estuvieron trabajando para los Ramírez de la Piscina ( en aquellos años simultaneaban Ramírez de la Piscina con Ramírez de la Peciña) puesto que el padrino de bautismo fue Juan José Antonio Ramírez de la Peciña, uno de los mayores hacendados del XVIII en nuestro pueblo. No tenemos ningún dato al respecto de la familia Merino ni tampoco hasta cuándo estuvieron residiendo en Elciego. Muy probablemente el pequeño Manuel Antonio vivió su infancia correteando por nuestras calles y rincones, teniendo aquí sus primeros contactos con las letras. Parece ser que en torno a 1738 la familia pasó a vivir a Valencia, donde entró en relación con los Escolapios ingresando en la Orden en 1760. A partir de entonces tomó el nombre religioso de Padre Andrés Merino de Jesucristo Sch. P. (Scholarum Piarum – De las Escuelas Pías). Ejerció de profesor en varios colegios de los Escolapios y Carlos III le asignó una pensión de 30.000 reales para que pudiera publicar los resultados de sus investigaciones. Falleció en Valencia en 1787. El Padre Andrés Merino figura en el Catálogo de Autoridades de la Academia de la Lengua

http://catalogo.bne.es/uhtbin/authoritybrowse.cgi?action=display&authority_id=XX909582&index=LCNAME&lang=es

El P. Merino se dedicó a cultivar la enseñanza de las letras dejando un legado importantísimo. Llegó más allá de la docencia, publicando antologías de autores clásicos, gramáticas, diccionarios, multitud de dibujos y grabados….siendo su “Escuela Paleográfica o de leer letras antiguas desde la entrada de los Godos en España hasta nuestros tiempos”  (Madrid 1780) un referente mundial en este arte, que aún se sigue utilizando en las universidades.

La Muger FelizTomo primeroTercer tomoSEgundo tomo

 

En esta ocasión traemos al blog el libro “La mujer feliz, dependiente del mundo y la fortuna” (1786) que el P. Merino escribió bajo el seudónimo de “El Filósofo Incógnito”.

 

Prologo Prologo1

 

 

Prologo2Tras la publicación de esta entrada en el blog, una persona nos ha hecho llegar este comentario sobre “La Muger Feliz”. Lo consideramos tan acertado  que creemos que hay que incluirlo  como una interesante aportación a nuestro blog. Por eso lo insertamos en este mismo apartado. La persona firma con las iniciales C.I.B.

“Hacia mediados del S.XVIII, una minoría culta (formada por nobles, funcionarios, una nueva e incipiente burguesía mercantilista, y un clero reformador y con un sentido más científico que espiritual) comienza a considerar que, el país y la sociedad, necesita una serie de reformas.Pese al tradicionalismo social que caracterizaba a estas élites, se hacen más permeables a las ideas imperantes en países vecinos como Francia y al espíritu crítico y científico de la ilustración.

Dejando al margen las reformas de carácter político y económico, podemos considerar que una de las reformas más características y clave de este momento, fue sin duda, la educativa.La sociedad debía educarse y tener un nivel cultural “aceptable”. Esta idea, basada en la máxima de la Ilustración de que la felicidad reside en el conocimiento, es la que origina que exista un auge de las publicaciones de tipo pedagógico y doctrinal en este momento.Este espíritu ilustrador provoca que incluso, el papel de la mujer dentro de la sociedad, cambie por completo.

El papel de la mujer pasa a ser objeto de debate dentro de esas ideas reformistas y pedagógicas. Se la empieza a considerar como alguien necesario dentro de la sociedad. Las mujeres son educadas igual que los hombres pese a las reticencias de una sociedad conservadora. Surge un amplio catálogo de literatura dirigida a las mujeres, mucha de ella, con de carácter doctrinal.En este marco es donde debemos situar la obra del Padre Merino “La mujer feliz dependiente del mundo y la fortuna”

El Padre Merino propone en ella una lectura algo más conservadora que otros autores de la época pero, aun así deja traslucir en todo el texto (una narración alegórica de tipo pedagógico) su preocupación por educar al público femenino a la que va dirigida.

Esta publicación ve la luz, por primera vez, en 1786 y lo hace dividida en tres volúmenes. Pese a todo, parece ser que gozó de cierto éxito ya que se publicó en otras dos ocasiones, siendo la última en 1805, con correcciones y ampliaciones a la original. Aparece publicada bajo seudónimo “El filósofo Incógnito” por, tal y como sostiene Emilio Palacios, una preocupación en ocultar su identidad ya que el género que aborda, el propio carácter y público al que estaba dirigida la obra, está ligeramente desprestigiado en los círculos intelectuales en los que se movió nuestro personaje.Aun así no hubo problemas para reconocer la autoría que se escondía tras ese sugerente seudónimo.

Esta obra surge como una especie de réplica a otra publicada poco tiempo antes: “El hombre feliz independiente del mundo y de la fortuna” del, también sacerdote, Teodoro de Almeida. Parece ser que el Padre Merino, tras leer la anterior, no estaba de acuerdo en ciertos aspectos de la misma y decide escribir su texto modificando y corrigiendo aquello que no le agradaba y, de paso, mostrar la felicidad que se puede alcanzar en la sociedad e instruir a las mujeres,  las cuales con su virtud, discreción y ejemplo,  son las que más pueden contribuir a la noble educación de los hijos y al arreglo decoroso de las familias.

Existe, por lo tanto, una preocupación pedagógica que pretende inculcar y oriental el sentido moral (y católico) de las mujeres, pilar básico de la familia.

Pese a lo original de la misma, comprobamos similitudes con la de Almeida. El personaje retoma la historia donde concluye la del portugués;  aunque, en este caso el Padre Merino, coloca a una mujer en el centro de toda la trama y transforma el título donde deja perfectamente claras las intenciones y la crítica básica a la obra de Almeida: ni el hombre ni la mujer pueden ser independientes de la fortuna (destino) que, claramente, asocia al concepto de divina providencia. El destino no lo forjan las personas, el destino lo proporciona la divinidad y, nosotros, somos dependientes del mismo. En el prólogo, original del propio autor, hace una crítica más extensa a la obra portuguesa e indica sus fallos historiográficos y cronológicos, mostrando así un profundo conocimiento de esta materia.

La novela cuenta la historia de Sofronia, Condesa de Moravia, viuda, y conocida comúnmente con el nombre de “muger feliz” y los acontecimientos que ocurrieron en su casa de Olmutz, durante el tiempo que como Peregrina desconocida se hospedó en ella, la Princesa Sofía, emperatriz que fue de Constantinopla. Estructura el relato como una especie de novelización de las memorias de Sofronia, recurso que logra dar mayor veracidad al relato.”  C.I.B.