1793 La Capellanía de los Bañares en la Ermita de la Virgen de la Plaza

Bañares Vitoriano familiak “Enparantzako Birjina” ermitan Kapilautza sortu zuen 1793.ean, beraien eta gurasoen arimen meza ospatzeko.

En el siglo XVII y XVIII varias personas pertenecientes a familias propietarias de la Villa o clérigos que alcanzaron un estatus particular, crearon Capellanías en la Iglesia y en la Ermita de la Virgen de la Plaza. Las Capellanías son fundaciones, normalmente con carácter perpetuo, en las que el fundador deja unos bienes materiales para que con sus rendimientos se oficien misas y otras expresiones religiosas por su alma  y la de sus parientes. En el caso de nuestra Villa lo usual es dejar unas tierras para usufructuar los rendimientos o un dinero concreto destinado a que el que sea el poseedor o poseedora de la Capellanía, obtenga unos rendimientos para el cumplimiento de la voluntad del fundador.

Dentro de la mentalidad religiosa de esta época, la donación de unos bienes para fundar una Capellanía constituía un acto de piedad religiosa con la finalidad siempre de conseguir la salvación eterna y purgar cuanto antes, a base de misas y oraciones, las penas del Purgatorio. La creación de una Capellanía también constituía un reconocimiento social importante puesto que el recuerdo del fundador pervivía entre sus sucesores y en la actividad de la Iglesia. La mayoría de la población dejaba en sus testamentos un mandato expreso de celebración de misas, cera para la sepultura y otros ritos religiosos, para lo que apartaba de sus bienes una cantidad de dinero  o una finca que sus herederos y albaceas tenían la obligación de cumplir. La Capellanía tenía otro estatus muy superior, ya que se constituían con un documento notarial con sus condiciones y contaban con la aprobación y supervisión del propio Obispado.

 

Los Bañares eran originarios de la Anteiglesia de Amorebieta, de las caserías de los barrios de Bernagoitia y Bernabeitia, trasladándose uno de sus miembros a tierras riojanas en el siglo XVI.  Los vástagos se establecieron en varias poblaciones: Alesanco, Hormilla, Zarratón, Briones, San Asensio….. En 1727 Francisco Bañares Arce contrae matrimonio con Daría Vitoriano Ruiz en Elciego y aquí establecen su residencia originando la presencia del apellido en la Villa.

 

El 23 de setiembre de 1793 los tres hermanos Bañares Vitoriano fundan la Capellanía ante el escribano local Miguel Fernández Munilla.  Gregorio y Manuel Bañares se mantuvieron siempre en estado célibe, por lo que no tenían sucesión. Juan Bautista Bañares estaba casado con Francisca Arrúbal, pero también carecía de descendencia por habérseles muerto sus hijos en primera infancia.  Los tres hermanos sin descendencia directa y estando ya Gregorio, el mayor de los hermanos en delicado estado de salud, fundan una capellanía colativa de misas en la Basílica de la Virgen de la Plaza sobre las heredades que tienen en la villa de Hormilla, herencia de su padre. Son un pajar  y 65 fanegas de tierra y 10 celemines por las que reciben anualmente una renta de 36 fanegas de pan, mitad de trigo y mitad de cebada. Consideran que la Divinidad “les ha dado abundantes bienes para su decente manutención sin que necesiten de las dichas heredades de Hormilla”, por lo que decidieron fundar la Capellanía para “el mayor aumento del culto divino sufragio de sus almas y las de dichos sus padres abuelos paternos y maternos y las demás que están en el purgatorio reciban también sufragios para que por este medio gocen de la gloria eterna”.

Al igual que todas las Capellanías que se fundaban en un documento notarial, establecieron sus propias y personalizadas condiciones. En esta de los Bañares propusieron:

  • Los bienes sobre los que va fundada se han de labrar y reparar en todo lo necesario a cargo de los capellanes. Siempre el bien debe ir en aumento y nunca en disminución. En caso de que esto último ocurriera, el Visitador del Obispado lo hará labrar y reparar, multando y castigando al Capellán. Nunca debe repercutir este caso, ni otros análogos, en el aminoramiento del número de misas con el que se ha dotado a la Capellanía.
  • Los bienes estarán siempre permanentes a la Capellanía, por eso es colativa.
  • El capellán, aparte sufragar los pagos y derechos de la Capellanía, deberá decir cada año los primeros domingos de cada mes en la capilla de la Virgen de la Plaza o en cualquiera de sus tres altares, una misa rezada. En caso que no pudiera, lo hará el domingo siguiente. Lo mismo hará en todas las festividades de la Virgen. Todo ello en sufragio de las almas de los fundadores, padres y abuelos.
  • Los tres hermanos se constituyen en Patronos iniciales, pasando de uno a otro y después de ellos a los parientes más cercanos de una y otra línea. Sabiendo que no hay descendencia directa, recaería en los hermanos Aniceto y Fausto Bañares Arrúbal. Establecen más ramos de los parientes más cercanos a los Bañares Vitoriano, y si en algún momento no hubiera descendencia que asumiera el Patronato, sería el cura más antiguo de la Iglesia y al Alcalde que fuere los que se constituirían en Patronos.
  • Nombran por Capellán al joven Romualdo Bañares Arrúbal, que en ese momento cuenta con 19 años y ya es clérigo tonsurado.

 

 

 

 

Romualdo Bañares abrió un libro donde fue registrando año tras año el cumplimiento de su cargo y la celebración de las misas estipuladas en la fundación de la Capellanía. Comenzó ese mismo año de 1797 y así lo continuó haciendo hasta su fallecimiento en 1834.

 En 1828 el Visitador Don Millán López Dábalos y Larrea, revisa el seguimiento de la Capellanía y le indica al Capellán que debe anotar los días y el altar en que ejecuten las misas, “pena de 2 ducados por cada una que se omitiere”. Siguiendo con la meticulosidad del Visitador hace constar que continúa la Capellanía con las 40 heredades de tierra blanca que tienen de cabida 65 fanegas y 10 celemines y un pajar en Hormilla. Todo tasado en 23.421 rs y que su renta anual es de 38 fanegas de pan mixto. Pero que en seis meses le debe enviar un registro de todos los bienes raíces, indicando el término, cabida y linderos. La propiedad de los terrenos, al ser Capellanía colativa, no eran de los particulares, sino de la propia Capellanía y por consiguiente de la Iglesia.

En 1835 se hizo cargo de las misas de la Capellanía Juan Ramón de Ocio, quien cumplió fielmente con su cometido hasta 1872.

En 1854 es el propio Obispo Don Cipriano Juárez Berzosa quien revisa el libro de la Capellanía. En su registro anota el dato interesante de que a consecuencia de la Ley de 19 de Agosto de 1841, se desamortizó esta Capellanía pasando sus bienes en propiedad y usufructo a Fausto Bañares Arrúbal, quien tras fallecer  en 1849, la pasó a sus hijos.

En 1873 se hace cargo de las misas Juan Ruiz de Escudero Navarrete, quien ejerció de Capellán hasta 1887. En esta década de los 1880 ejercía como Patrono Canuto Balanzategui quien satisfacía al Capellán 126 rs por las 18 misas que se celebraban por el sufragio de las almas de los Fundadores y familiares.

  En 1889 se hace cargo de los oficios religiosos el párroco Dionisio Fernández Valderrama, al que ya el Obispado en 1895 le reclamará una parte de los estipendios de la Capellanía, que ascendía a 94 pesetas y 50 céntimos. El resultado de un cálculo de 54 misas a 1 peseta y 75 céntimos cada una, que debía satisfacer a las arcas de la Diócesis.

Ya en el siglo XX no tenemos constancia de esta Capellanía, al no disponer de documentación que nos haga seguir la pista. Suponemos, que al igual que otras muchas, entre las leyes del XIX de desamortización de los bienes de la Iglesia y entre otros cambios de marcos legislativos y canónicos, las Capellanías son sólo un recuerdo nostálgico y curioso de cómo transcurrieron la vida de nuestros mayores; entre su sentimiento religioso, su concepción del más allá y el papel mercantil de la Iglesia en estipendios terrenales por la salvación de las almas.

 

 

1676.- La importante obra en la ermita de la Virgen de la Plaza

“Enparantzako birjina” ermitaren teilatuko eta hargintzako konponketak, bere hondamen egoera zela eta, 1676ko sekulako lana bilakatu zen.

(Principios del siglo XX.-Fotografía perteneciente al archivo de Luis Bañares Pérez -Familia Bañares)

La ermita de la Virgen de la Plaza que ahora conocemos en nada se parecía a la que antes existió. En el siglo XVII podríamos pensar en un habitáculo parecido a las actuales ermitas de San Vicente o de San Roque: un rectángulo y una sencilla construcción.

Hacia 1675, y tras haber construido dos décadas antes una sacristía a la ermita, ésta se encontraba en un estado deplorable. “Indecente”  lo definió el Visitador oficial del Obispado, y amenazaba ruina cualquier día, porque el tejado se venía abajo. Era necesario hacer una reparación total del tejado con su artesonado y también una obra de cantería que reforzara las paredes en su parte superior.

Bautista Segurola Arregui era un joven carpintero que se había trasladado desde su Azpeitia natal a Elciego para trabajar aquí todos los encargos relacionados con la madera. Aquí contrajo matrimonio con Francisca Sáenz de Payueta García en 1676 y aquí se estableció la pareja con sus ocho retoños.

A este joven carpintero se le encargó el diseño de una cubierta con un artesonado “robusto, duradero y con un poco de estilo” . Así lo hizo diferenciando los cuatro cuerpos: uno para cobijar la Imagen con su pequeño tabernáculo, otros dos cuerpo centrales y otro en el extremo donde se asentaría el coro. El coro tenía su importancia para poder oficializar los rezos con el decoro y la devoción que se merecía la Patrona.

 

Las maderas principales deberían ser de olmo, tanto las tijeras como los aguilones y las demás sopandas. Tres tijeras eran suficientes para armar bien el tejado. Los cabrios y los teguillos deberían ser de haya. De esta  manera garantizaba una buena estructura para varios siglos.

El coro iba fundado sobre una gruesa viga de olmo de media vara de alto y de tercia en grueso, recorriendo toda la anchura de la ermita, desde la escalera de acceso hasta la propia pared contraria. Unas viguetas de haya con bóvedas y una solera era más que suficiente para el coro, que estaba protegido del resto de la ermita por una balaustra. El coro estaba reservado para los clérigos y beneficiados, por lo que la escalera de acceso llevaba puerta y aldaba. La capacidad era hasta para quince personas sentadas en unos bancos de nogal.

Los trabajos de carpintería también llevarían el fabricar una puerta principal para la ermita, ya que la anterior estaba tan indecente como el propio centro. La guarnición sería de olmo y las tablas de nogal, con un buen clavazón “como las buenas puertas del pueblo”.

La obra era de envergadura, puesto que entre los trabajos de carpintería y los de albañilería se calcularon inicialmente en torno a 1.200 ducados. Aparte, la ermita debería aportar cabalgaduras para traer cabrios, teguillo, teja y otros materiales. Se contempló el mes de septiembre el mejor para hacer estas labores de acarreo de materiales, puesto que las caballerías del pueblo estaban más libres. Se calcularon 200 cabalgaduras.

 

La parte de cantería se le encargó hacer el proyecto a Pedro de Villaparte, cantero que no tenía residencia fijada en el pueblo y que había venido a hacer una casa para la Iglesia. El cantero vio la necesidad de levantar todo el contorno de las paredes de la ermita unos cinco pies de alto. Como refuerzo haría unas pilastras de ladrillo ancadas de cuajo hasta la altura del arrancamiento de los arcos, con arquillos y finas falfas del mismo material. También sería necesario retirar la cornisa de las paredes y volver a hacerla en su lugar correspondiente. En el caso del coro, propuso enladrillarlo con baldosas, aparte de echar las bovedillas para asentar la solera y hacer una columna pétrea, redonda con capitel toscano, para recibir la viga central. La escalera para subir al coro la propuso de “piedra labrada a pico en escuadría” en su inicio y los siguientes peldaños de ladrillo con listones de madera, de tres pies y medio.

En la entrada principal se vio conveniente poner tres gradas de escalones de piedra, al igual que hacer unos asientos de piedra alrededor de dicha ermita, enlosados y a pilón.

La torrecilla donde estaba asentada la campana, como había que subir cinco pies a las paredes, se desmontó y volvió a montar.

Para iniciar la obra era necesaria la autorización eclesiástica, que siempre condicionaba la autorización de una reforma a que asegurar que lo básico no se resintiera. En este caso era la iluminación perenne de la lámpara de la ermita y su imagen. Esta garantía estaba asegurada porque había en la ermita dos lámparas, una alimentada por dos cántaras que daban los hijos de Martín Domínguez y Francisco Ibáñez, y la otra por la familia Navarrete Ladrón de Guevara, quienes se obligaron a encenderla y mantenerla, puesto que habitaban en la casa de al lado. La hacienda de la ermita generaba cien cántaras de vino y diez y seis fanegas de trigo, con lo que había suficiente caudal para afrontar esos y otros gastos.

El excesivo celo de las autoridades del obispado porque las obras no se dispararan en costos y fueran asequibles a las economías de cada pueblo, exigió un informe de valoración del costo de las obras. La de carpintería la hizo Joseph de Landa, carpintero ocasional en la villa que valoró la obra según el proyecto en 300 ducados. La parte correspondiente a la albañilería estuvo a cargo de otro cantero local: Juan Armona, quien tasó el hacer una capilla de media naranja donde está la imagen, ladrillarla y lucirla, junto con la obra del coro en 1.200 ducados. En total una obra de 1.500 ducados.

Se hicieron cálculos y se pensó que se podría financiar esta importante obra vendiendo las heredades de la propia ermita que eran 22 fanegas de sembradura, 12 obradas de viña y 76 pies de olivo en 19 heredades distintas. Todas eran donaciones y cesiones testamentarias de devotos. Las más atractivas para la venta: 7 obradas de viña y 13 pies de olivo en Reoios, y 5 fanegas en La Salobre, que entre las dos podrían valer 130 ducados.

El 6 de Mayo, el pregonero público Tomás Fernández, en alta voz pregonó estas heredades para quien quisiera comprarlas. Ese mismo día se alzaron las primeras posturas a cargo de propietarios locales como Manuel de Arenzana, alcalde, Don Francisco Navarrete, Juan de Viñaspre, el clérigo Don Pedro Ibáñez, Juan Pérez Zuazo y otros. Los acuerdos no se cerraban en el primer pregón. A los cuatro días se volvió a publicar en alta voz y dentro de la propia ermita. Hasta hubo un tercer pregón mandado por el Santo Oficio de la Inquisición que se hizo tras las fiestas patronales de Santa Isabel. Solía terminar la puja con una frase muy típica: ”… A la una, a las dos y a la tercera pues que no hay quien dé más, que buen provecho le haga al susodicho con ella”.

Las obras también salieron a subasta. La de la madera se hizo el diez de mayo en la propia ermita por primera vez y un mes más tarde se repitió el acto. Pujaron el propio Francisco Segurola y el carpintero residente en San Vicente de la Sonsierra, Martín de Anguiozar. Consiguiéndola el primero por un precio de 6.270 reales.

Otro tanto ocurrió con la cantería, poniendo las mejores condiciones Francisco de Hueto, estante en el pueblo y oriundo de la Trasmiera cántabra quien se comprometió a hacer la obra por 9.500 reales.

 

 

 

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1783.- El VESTIDO QUE ENCARGO D. VICENTE RUIZ DE UBAGO Y BUSTO PARA LA VIRGEN DE LA PLAZA

 

XX.mendearen erdiraino “Enparantzako Birjina”-k zeraman mantua, Don Vicente Ruiz de Ubagoren 1783ko bere testamentuko enkargua izan zen.

 

En la década de 1960 se hizo la gran transformación de la imagen de la Virgen de la Plaza al despojarla de sus vestiduras y alhajas y mostrarla como originariamente se concibió. Esa acción llevó consigo el restaurar la talla de madera, con sus deterioros ocasionados por el transcurso del tiempo y por la cantidad de agujeros en la madera, fruto de alfileres y clavos que se utilizaron para sujetar los ropajes, coronas y rostrillos. Tras un trabajo minucioso de restauración de la madera dañada, se policromó la efigie tal y como la conocemos en la actualidad. Cuando regresó la imagen al pueblo, el cambio suscitó críticas entre la población, acostumbrada a verla con sus distintas ropas y a retener en sus retinas solamente el rostro y las manos de la Virgen y del Niño, ya que el resto de la talla estaba siempre cubierto por distintas vestimentas.

La Virgen disponía de varias ropas según la ocasión. Incluso disponía de un vestido pintado, seguramente fruto de algún artista devoto. Uno de los vestidos procesionales más lujosos es el que mandó realizar Don Vicente Ruiz de Ubago y Busto en su testamento,allá en 1783.

Don Vicente Ruiz de Ubago y Busto nació en Elciego el 4 de mayo de 1722, siendo el primogénito de una numerosa familia; y como tal se hizo cargo de uno de los mayorazgos más importantes de la villa. Los Ruiz de Ubago tenían varios mayorazgos y vínculos que fueron fusionando y creando los distintos protagonistas desde que Elciego se conoció como Villa. Heredó de su padre Don Vicente Ruiz de Ubago Maridueñas el vínculo tradicional familiar al que sumó el de su tío Don Francisco. En su persona se concentró el mayor patrimonio local de los Ruiz der Ubago; al que sumó el correspondiente a su matrimonio en 1754 con una de las hijas más acaudaladas de la Villa: María Luisa Teresa Ramírez de la Peciña Ervite y Undiano.

En su testamento de 1783, año en que falleció, tuvo muy presente a la Virgen de la Plaza. Tanto es así que concibió la idea de que se fundara en la ermita un convento de religiosas Brígidas para perpetuar la protección de los poseedores del Mayorazgo y la obligación de rezar las misas y las octavas correspondientes a las cuatro festividades de la Virgen: la del Carmen, la Asunción, la Natividad y la Purísima Concepción.

La idea del convento anexado a la ermita la concibió en un momento de explosión religiosa en torno a la Virgen de la Plaza, puesto que pocos años antes se había erigido la nueva basílica (1766).

Su pensamiento caminaba por una era  llamada de “las de arriba” contigua al mesón de la Calle del Norte y que Matías Ruiz de Escudero había dejado en herencia a su hija María Paula. Ésta ingresó de novicia profesa en el Convento de las Madres Brígidas de Lasarte, a las que dio como dote esa era. Allí, pensaba el bueno de Ruiz de Ubago, se podría levantar un convento cuyos gastos correrían a cargo del Mayorazgo y la distancia con la Basílica era de pocos metros. Ese mismo año las Brígidas vendieron el terreno a D. Joaquín Martínez de Villarreal que disponía de otra era contigua por 300 reales, con lo que la idea del Convento quedó únicamente en el Testamento de Don Vicente.

 

Lo que sí se cumplió con inmediatez por sus cabezaleros fue el mandato de que “se le haga un vestido decente “ a la Patrona. Sólo tardaron cuatro meses en cumplir la voluntad del Ruiz de Ubago en confeccionar un vestido de tapicería de los llamados “espolín”, con sus flores bordadas, esparcidas y trabajadas en la seda. Se pagaron por el vestido 416 rs y 6 maravedíes, por los jornales de los sastres y la compra de la tela. El forro y las cintas que adornaban la prenda se tomaron directamente de telas que había en la casa de los Ruiz de Ubago. Seguramente el sastre local, Joaquín Baldelana, participaría en dicha confección.

(Una de las últimas procesiones de la Virgen con vestido, a finales de la década de 1950. Fotografía cedida por los herederos de Luis Bañares Perez Del Val)

 

 

 

1783.- La Corona de Plata de la Virgen de la Plaza

Antzineko Enparantzako Ama Birjinaren itxura ez zen orain ezagutzen duguna

imagen-virgen

Tras la finalización de la construcción de la nueva ermita de la Virgen de la Plaza, ahora denominada en numerosos documentos como Basílica,  se acomete la obra de ornamentación y decoro del interior. Así en 1768 se fabrica el retablo central y los dos colaterales y al finalizar ese mismo año se le encarga la construcción de un órgano nuevo al afamado organero Gasparini, como dos elementos centrales de esta nueva fase.escritura

La gestión de recursos  que han ido aportando los vecinos, fundamentalmente a través de las heces de los suelos de los vinos, van generando un remanente para seguir decorando y ornamentando el templo. Es  Francisco Xavier Zárate y Vicuña, natural de Navarrete y casado en 1752 en la villa con Petronila Navarrete Urbina , quien en 1783 se encarga de la recaudación de los haberes y caudales de la Basílica de Nuestra Señora. Su interés es invertir en “las cosas más precisas y necesarias para su adorno”; por lo que decide encargar “una Corona de Plata Imperial para dicha Santa Imagen”.  Para ello se ponen en contacto con uno de los maestros plateros más reconocidos en la zona: Pablo Zaporta.

El orfebre logroñés les propone a través de una traza, la fabricación de una corona y un rostrillo para la imagen de la Virgen,  y otra más pequeña para la efigie del Niño. La corona imperial tendría un peso aproximado de 80 onzas de plata, más o menos.coronas

El compromiso se define en un documento oficial ante el escribano local Manuel Ramírez el 4 de mayo de 1783. En él se reflejan las siguientes condiciones:

1.-Se ejecutarán dos coronas de plata, teniendo la de la Virgen un peso aproximado de 80 onzas de plata, siendo las del Niño una correspondiente al peso de su Santa Imagen. El rostrillo también ha de ser de plata. Por cada onza de plata se abonarán 26 reales, aparte de otros 6 por el trabajo realizado en cada onza.

2.- Se han de ejecutar con arreglo a la traza y diseño que ha presentado Pablo Zaporta y estarán concluidas para el 1 de septiembre de ese mismo año. Se le pagará en dos plazos: uno de 1.200 reales en el mes de mayo y el resto a la entrega.rostrillo

La traza, que no se conserva en las documentaciones, llevaba unos detalles apuntados en el dibujo y explicados al margen a través de un Abecedario

A.-Es la bola viva, como demuestra y corresponde.

B.-Son las cartelas que forman los imperiales con la lado correspondiente a los colgantes de Laurel picados que demostrará la letra D.

C.-Son los Campos picados con dos diferencias que imitarán una labor amanforada, siguiendo simetría el uno al otro.

D.-Son los colgantes de Laurel que demuestran estar colgados de sus aldabones

E.-Son Campos picados de mate para que hagan resaltar a la demás labor

F.-Serán piedras de plata que imitarán al Diamante y en caso de que los campos picados de mate o manforados pareciere mejor, echar alguna diferencia entre ellos, lo podrá hacer el referido maestro sin que en esto se le ponga reparo alguno.

firmas

litografia-de-1843(Detalle de una litografía de 1844 donde se aprecia la Virgen con el rostrillo)

AHPA Archivo Histórico Provincial de Alava 1783 Manuel Ramírez Prot. 7756

Un 8 de septiembre de la década de 1940

Datua zehaztu gabe, Enparantzako Birginaren Amaren Eguneko argazkia, dudarik gabe.

plaza-elciego-antigua-2

Sin poder datar con detalle la fecha de esta foto, nos atreveríamos a decir que es un día de la Virgen de Septiembre de la década de 1940. Las luces en la fachada de la ermita, músicos de la banda tomando lugar en la parte izquierda de la foto, la procesión saliendo de la ermita, los trajes de un gran día de fiesta…todo apunta a un 8 de septiembre de uno de esos años

plaza-de-elciego-antiguaEs muy posible que las dos fotografías sean dels mismo día

Fotografías cedidas por la familia Bañares.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ACTUAL ERMITA DE LA VIRGEN DE LA PLAZA (1763-1765)

Aurtengo Enparantzako Ama Birjinaren Jaietarako Programan argitaratutako artikulua

Octógono central del suelo al levantar el entarimado,  remarcado con líneasFila de losas desde el octógono central a la pilastra

 

 

 

 

 

 

Con motivo de tener que retirar el entarimado del suelo de la Ermita de la Virgen de la Plaza, hemos podido comprobar cómo era su enlosado original. Como era lo habitual en épocas anteriores, el suelo del edificio era de piedra. En el caso de nuestra ermita, un pequeño octógono en el punto central con ocho hiladas (una hasta cada pilastra), embellecía y remarcaba el nuevo diseño del edificio.  Este regreso visual en el tiempo, lleno de curiosidad y de respeto, es buen motivo para retomar todo el esfuerzo que la Villa hizo en la construcción del actual edificio.

La devoción religiosa de nuestro pueblo a la Virgen María en el lugar donde está ubicada su actual ermita, viene reflejada en los primeros documentos escritos  del Archivo Parroquial.  El dato más antiguo que conocemos es el de la Visita Diocesana de 1553 donde se prohíbe a la población que juegue en el cementerio de la Ermita de Santa María. Elciego está asentado en una colina donde hasta el siglo XVI contaba con dos ermitas: una en la parte más baja y cercana al río bajo la advocación de San Andrés ( sobre la que se va a ir construyendo en esta época la actual Iglesia Parroquial ) y otra en la parte alta del montículo dedicada a la Virgen María. No sabemos si este edificio, ya presente en el siglo XVI  y que acogía la actual imagen de nuestra Patrona, es el originario; pero bien podría serlo.

Traza de la obra de 1666Traza del techo de la obra de 1666

 

 

 

 

Los documentos nos indican que en la década de 1660 se hizo una importante reforma en la primitiva ermita, tanto en obra de cantería como en la del tejado, con su correspondiente artesonado. Es la época en la que también se trabaja lo que luego sería la Casa Consistorial; concretamente en 1663 Bernardo Elcaraeta esculpe el actual escudo de armas del Ayuntamiento, antes de iniciar su trabajo en el retablo de la Iglesia Parroquial. Es también la época en la se comienza a perfilar  el trazado urbanístico del pueblo teniendo como centro la que comienza a ser la Plaza Mayor, de la que radiarán sus cuatro calles centrales (N: calle del Norte; S: calle del Barco; E: calle de San Andrés y O: calle de Santa Cruz). Creemos también que en esta mitad del siglo XVII es cuando la imagen y su ermita toman su actual denominación de “Virgen de la Plaza”, al estar ubicada en ese lugar.Pila de agua bendita de 1728

También tenemos constancia de que un siglo más tarde, a comenzar el año de 1762 el edificio estaba en estado ruinoso y tenía peligro de derrumbe; por lo que se consideró que la imagen de la Patrona se trasladara a la Iglesia Parroquial y que se planteara la construcción de un nuevo edificio. Así lo refleja el acta del Visitador Diocesano de 1763 en el que manda al Concejo, Justicia, Regimiento y vecinos que repongan el edificio porque está obligado a ello “como tal Patrona”.

El Alcalde en 1763 Joseph Ibáñez de Medrano, junto con sus regidores Juan Joseph Ramírez de la Peciña, Andrés Baldelana y Francisco Arrúbal, convocan al pueblo a una reunión para tratar la manera de cómo acometer tan importante obra.  Más de cien vecinos varones acudieron ese 13 de noviembre de 1763 a la convocatoria de sus autoridades locales adoptando las siguientes decisiones:

  • Es necesaria la demolición del edificio y construir otra ermita de nueva planta. La Villa no tiene caudales y la cosecha de uva de 1762 ha sido la mitad que la de los años anteriores; pero el Pueblo por “la grande devoción que tiene a dicha Santa Imagen en quien tiene asegurado su Patrocinio en todas sus necesidades como lo tiene de experiencia y esperanzados todos sus vecinos que por su mediación e intercesión han de hallar el Socorro en sus urgencias y necesidades espirituales y temporales han deliberado el que reedifique dicha ermita y haga de nueva planta tomando el dinero necesario al empréstito o a censo y para ello hipotecan los propios y rentas de esta villa y los suyos para su ejecución.”
  • Crear una Comisión integrada por tres personas que lleven toda la representación del pueblo para la toma de las decisiones hasta que finalice la obra. Los Alcaldes y regidores cambiaban anualmente y la experiencia última del dorado del Retablo de la Iglesia, donde se creó una comisión para su gestión, estaba aún en el recuerdo de las personas mayores.  Los comisionados fueron Juan Prudencio Sáenz de Navarrete, Juan Joseph Ramírez de la Peciña Y Francisco Xavier de Zárate y Vicuña. Tres personas con buena formación y pertenecientes a las familias más pudientes de la Villa.
  • El Ayuntamiento pone sus bienes a disposición de la obra, tanto para recaudar dineros de los remates como para poner avales para la hipoteca o censo que se tome. Los remates del Ayuntamiento eran la Correduría de Vinos, la Taberna, el Barco, los Hornos, el Molino y el Mesón. Como bienes a hipotecar,  pone la mayor viña de la jurisdicción: 200 obradas en el Encinal. Otros bienes colectivos fueron una viña en Edesilla de 27 obradas, otra de 17 obradas en el Prado, una pieza de 12 fanegas junto al pueblo (la denominada posteriormente Pieza de la Villa) y otra pieza en Edesilla de 11 fanegas. Aparte pone a disposición los dos montes propios de la Villa: el monte de Edesilla y el de Andamuro.
  • La voluntad popular de participar en esta obra y la necesidad real de obtener dineros por medio del préstamo o censo para costearla, animó a que 92 vecinos adquirieran el compromiso de hipotecar 717 obradas de viña para la obtención del empréstito.  La concentración de la propiedad de la tierra en unas pocas familias  queda reflejada  en el documento original, donde se nombran todos los vecinos y cuántas obradas dispuso cada uno.  En este listado 8 vecinos tenían la propiedad del 37% de lo dispuesto ( viñas de 60, 40, 30 y 20 obradas). Los 74 vecinos restantes pusieron sus modestas viñas y majuelos de 1’5, 2, 3,… obradas.
  • 59 vecinos se comprometieron a aportar reales en efectivo de sus escasos ingresos. 14 adquirieron el compromiso de dar de una vez un total de 315 reales. Otros 45 vecinos se comprometieron a pagar distintas cantidades ( 2, 4, 6, 8, …reales) cada año que durase la obra.
  • El compromiso de la población fue aún mayor, ya que autorizaron a los señores Comisarios “ a la cobranza de medio real por cada carga de uva de todas las que cogieren los otorgantes en sus viñas y han cogido en este presente año”. Lo mismo hicieron con las heces de los vinos, que se cedieron las de ese año y las de los siguientes  para costear la nueva edificación mientras continuase la obra.Ermita a principios del siglo XX (Foto cedida por la familia Bañares) (2)

Intensa y bien organizada debió de ser esa multitudinaria reunión de los vecinos para llegar a semejantes acuerdos. No debemos olvidar que en ese siglo XVIII la ostentación de cargos y representaciones legales corría a cargo de los varones; detalle éste que nos sirve para enlazar con el interesante dato de que a los tres días, el 16 de noviembre, 15 viudas de la villa y propietarias de viñedos, se presentaron ante el escribano y redactaron un documento en el que ellas también autorizaban a los Comisionados al cobro de medio real por cada carga de uva que recogieran en sus viñedos y a la disposición de las heces o suelos de sus vinos.

Los comisionados trabajan en su cometido  y preveen unos gastos totales de la nueva ermita de tres mil ducados ( 33.000 reales de vellón).  Su labor es concienzuda y rápida, ya que en tres meses (febrero de 1764) tienen resueltos los dos grandes bloques necesarios para el inicio de la construcción de la nueva ermita: la adjudicación de la obra (con su correspondiente trazado y plan de ejecución) y la consecución de los dineros necesario para financiar el proyecto.

El primer bloque queda reflejado en un documento denominado Reflexiones y método que se ha de observar para la ejecución de la ermita” indicando las condiciones para su ejecución. Participa en su elaboración el maestro arquitecto y cantero Bernardino Ruiz de Azcárraga, residente en Cenicero y autor de numerosos trabajos importantes en Elciego. En ese documento se ponen las siguientes condiciones:

  1. Se ha de desmontar la fábrica antigua, pudiéndose aprovechar la piedra labrada. Es curiosa la condición de que la piedra reutilizada que hubiera estado en la parte sur y oriente del anterior edificio, se ha de emplear en la parte norte y poniente del nuevo.
  2. En la nueva planta se reducirán ocho pies en su trazado longitudinal, dándoselos a la calleja y a la Calle del Norte.
  3. Los cimientos se han de profundizar seis pies de la superficie o hasta encontrar cimientos sólidos como roca. Tendrán cinco pies de ancho hasta la superficie.Ermita a principios del siglo XX (Foto cedida por la familia Bañares)

Toda la fábrica se ha de ejecutar de piedra de sillería trabajada a picón y se cambia el diseño rectangular y alargado del edificio por otro octogonal, más elegante y señorial. También más acorde con nuevos estilos artísticos, capacidad  y dando mejor respuesta a intereses particulares, como es el plantear que su nueva planta “será escodada en la parte de Oriente” ( mejorando el arranque de la calle del Norte desde la propia Plaza Mayor). De este nuevo diseño sale el popular “ochavao”; clásico rincón de cobijo y resguardo de nuestros mayores, única manifestación exterior de la planta octogonal de la ermita y que entre otras cosas da también respuesta arquitectónica a la mejora de las vistas a la Plaza Mayor de la casa palacio de uno de los comisionados, construida medio siglo antes.  Contará  la nueva ermita con una sacristía, como no podía ser de otra manera.

  1. La Villa pondrá toda la cal, arena y madera para andamiaje al pie de la obra. Así como también  “dará pastos, canteras  y aguas libres al maestro” que ejecute la obra.
  2. La espadaña también ha de ser de piedra de sillería
  3. El remate del alzado tendrá cinco óvalos, siendo el importante el que acoja la imagen de la Patrona.
  4. Los alzados de los colaterales tendrán la misma elevación que hasta el piso del coro
  5. Las pilastras de los ángulos seguirán “la orden Dórica, con todo su ornato del friso” y el grosor de las paredes, cornisa y frisos se ajustarán a los planos
  6. La obra se concluirá para San Juan de Junio del año 1765

El propio escribano local Fernández Munilla hizo carteles que se colocaron en Logroño, Nájera, Los Arcos, Oyón, Cenicero  y otros pueblos. También los pregoneros “ expresaron en voces altas e inteligibles diciendo cualquier persona que quiera hacer postura a la nueva fábrica de la ermita”. La adjudicación de la obra se hizo en acto público el 5 de febrero de 1764 bajo la dirección de los Comisionados. Allí pujaron maestos de obras que trabajaban en la zona como Martín de Albiz, Francisco Alejo de Aranguren,  Francisco Arguinzóniz, Joaquín de Yloro, Tomás de Mendarte, Joseph de Barinaga y Joseph de Arisita (vecino de Cenicero) quien finalmente asumió la obra de cantería por 24.600 reales. Arisita trabajaba directamente con otro importante cantero que residía en Cenicero, Bernardino Ruiz de Azcárraga, quien había participado en el diseño de la nueva ermita y quien gozaba de muy buena reputación en la zona y en la Villa por sus buenas construcciones de cantería (la casa Palacio de uno de los Comisionados, Francisco Xavier Zárate)

El otro bloque resuelto para febrero de 1764 era el de conseguir el dinero suficiente para pagar la obra. El 3 de febrero de 1764 los Comisionados firman un censo de 2.000 ducados (22.000 reales) con el Convento de Santa Clara de Vitoria. Como aval están las casi mil obradas de viña que el municipio y los vecinos se comprometieron a hipotecar y que con este préstamo debían afrontar la renta anual de 385 reales. Este pago no estaba exento si las viñas no trajeran “fruto por causa de niebla, agua, aire, fuerza de enemigos o por otros cualesquiera casos inopinados y de raro acontecimiento”. En el contrato hipotecario queda bien claro que esos “ bienes aquí hipotecados estarán siempre bien labrados, cultivados y reparados de lo necesario de tal forma que aprobarán en aumento y no en disminución” Plaza con quiosco  (Foto cedida por la familia Bañares)

La cal era uno de los compromisos de la villa con el maestro de obras. Así, a los pocos días (19 de febrero) los Comisarios se obligan con Matías Ruiz de Escudero a que éste fabrique 2.000 fanegas de cal viva de buena calidad a precio de dos reales y cuartillo por cada una de ellas. Deberán estar disponibles para el mes de mayo y los Comisionados se encargarán de transportarla desde las caleras.

Otro tanto ocurre con la fabricación de ladrillo, donde los Comisionados se obligan con Joseph Gonichea, vecino de Cenicero y maestro tejero en la Villa. Hará una hornada de ladrillo “del grueso y anchura del nuevo marco que se le entregare”, más 2.500 ladrillos del marco ordinario; teniéndolos disponibles para el 16 de agosto. Por cada millar del nuevo marco cobrará 87 reales y por el millar del ordinario 65 reales. El ladrillo deberá estar “bien trabajado y quemado a vista de maestros que se nombrarán por unas y otras partes, y para ejecutar la referida obra se le ha de dar tierra, agua y leña necesaria”. El maestro tejero también tendrá que aportar a la ermita sin interés alguno 300 ladrillos que elegirían los Comisarios.

La construcción lleva un ritmo acelerado y todo va según lo previsto. Así el 4 de junio de 1765 se entrega la obra de Cantería ante la presencia del Alcalde José Antonio Ramírez, los Comisionados y numerosos vecinos que acuden al acto. Presentes están también Joseph de Arisita y Bernardino Ruiz de Azcárraga, maestros en quienes se adjudicó la obra, y los maestros inspectores nombrados por una y otra parte para su reconocimiento y entrega: Juan Cruz de Irízar, vecino de la villa de Durango y Manuel de Gorbea, del valle de Ayala. Dijeron “que dicha obra se halla concluida y finalizada según la obligación de los dicho Maestros planta, alzado y condiciones de la escritura con toda perfección y arte, arreglo y seguridad y con aumentos y mejoras que han parecido necesarias para su mayor hermosura mejor aspecto y más lucimiento”. Estas mejoras fueron la portada, la espadaña para la campana, la coronación de los paños de la fábrica y la ampliación en la sacristía, que supusieron 5.400 reales de incremento a juicio de los inspectores; pero que finalmente acordaron entre ambas partes fuera de 3.500 reales.Imagen de la Virgen con vestido antes de la restauración

Tras la entrega de la obra de cantería de la nueva ermita en Junio de 1765, se van acometiendo los diversos remates de la obra, como pueden ser temas de carpintería, herrería, campanas, ventanales,….. Para ello se vuelve a firmar un nuevo censo hipotecario con el Convento de Santa Clara de Vitoria por mil ducados ( 11.000 reales) el 13 de agosto.

No sabemos cuándo regreso la efigie de la Virgen de la Plaza a su nueva basílica. Es posible que fuera al terminar todo lo que es la obra civil. También es posible que reutilizaran el anterior retablo baldaquino de la ermita vieja para colocar en su pedestal la imagen de la Virgen.  Este peculiar retablo baldaquino lo construyó Sebastián de Oyarzábal en 1650 cuando estaba trabajando en los colaterales de la Parroquia de San Andrés y por el que cobró 1.950 reales. Posteriormente lo doró Juan González de Salcedo en 1651 y cobró por su trabajo 1.500 reales. Un retablo de tan buen maestro, con el dinero gastado y con un siglo de duración creemos que intentarían mantenerlo, ya que su estructura no era nada complicada y estaba diseñado para la imagen de la Patrona. También de la ermita anterior se conserva la pila bautismal con la inscripción del año de 1728.

Rematada la construcción de la nueva ermita o basílica, los Comisarios ponen su atención en la ornamentación y decoro del nuevo templo , principalmente en los altares y en el órgano.

El Tabernáculo o retablo baldaquino para cobijar la imagen se lo encargan a Francisco Gurrea, afincado en Nájera, en 1768. Es muy posible que se le encargara a este maestro un diseño muy parecido al realizado por Sebastián de Oyarzábal un siglo antes. También es posible que Gurrea tomara toda la hornacina anterior, de buena calidad y muy presente en la memoria de los vecinos, y la acomodara al hueco del nuevo edificio con su base, arcos y ángeles propios de los nuevos gustos artísticos. Lo que sí percibimos es que el diseño actual coincide mucho en los detalles marcados con el contrato realizado con Sebastián de Oyarzábal.   No sabríamos precisar con exactitud si el retablo baldaquino es obra de nueva construcción de Gurrea o si éste utilizó buena parte del anterior. El que el contrato sea muy sencillo, también invita a pensar en esta reutilización o adecuación. Entre las condiciones aparecen  “…madera de pino…”, “…arreglar en un todo con sus medidas según la orden corintia de Biñola…”, “…debajo de dicho pedestral se hará otro pedestralillo…”, “…una caja para poner una reliquia con sus dos colgantes…”, etc…. Cobró por el retablo 4.700 reales de vellón en tres plazos. Ese mismo año realizó dos altares colaterales, de mucha menos dificultad y envergadura por el precio de 150 reales cada uno.

La otra gran obra para el interior de la ermita que realizan este año de 1768 es el encargo de un órgano a uno de los organeros más prestigiados de la zona, Andrés Gasparini, que había rematado en esos años el colosal órgano de la Parroquia de Briones. El instrumento es totalmente de nueva construcción y se convenían los Comisarios y el maestro organero para tenerlo listo en mayo de 1769 por el precio de 4.500 reales de vellón. El instrumento llevará caja conforme a traza, un secreto con no menos de 45 canales, nuevo teclado con 45 teclas de blog, dispondrá de octava, docena, quincena, novena, interdona,  cada uno con sus 45 tubos. Una joya musical que no ha llegado a nosotros, pero que sí queda constancia documental de la calidad del mismo.

 

En la Visita Pastoral del propio obispo de Calahorra en 1796 habla de la ermita, del órgano y de los altares. Apunta que el rostro de Ntra Sra y el Niño “son tan antiguos que necesitan se retoque en su pintura y encarnación…”

 Litografía

Esta es la crónica de la construcción de esta ermita o basílica, como se le denomina indistintamente en la documentación, que nos han dejado nuestros mayores. Un edificio fruto de la movilización popular iniciada por las autoridades civiles locales y dirigida magistralmente por tres Comisarios en los que el pueblo puso su confianza, sus dineros y el aval de sus viñas. Obra rápida en su ejecución, artística en su construcción y majestuosa en su ubicación en el centro de la Villa. Un ejemplo más de la buena formación que tuvieron muchos dirigentes locales, de la fuerza que en la población ha ejercido y ejerce su Patrona la Virgen de la Plaza y de la vinculación de Elciego con la cantería y los viñedos. Nuestros antepasados nos enseñan una vez más que ellos, a pesar de las penurias económicas, tuvieron fuerza anímica y física para realizar unos proyectos que hoy en día nosotros gozamos y enseñamos como prestigio de una población identificada con su pueblo, sus valores, su historia y su cultura.

 

 

 

1844.- Litografía de la Virgen de la Plaza

Oso irudi zoragarri eta baliotsua da gaur ekarri duguna gure blogera.

Litografía

La aportación de esta estupenda litografía se la debemos a nuestro vecino Paco García Basoco.

Está realizada en la Imprenta de Egaña, el pionero en la utilización de la litografía en Vitoria en la década de los años 1840. Parece ser que fue un encargo del propio Ayuntamiento de Elciego por la inscripción que aparece en su base:

 

Imprenta y Lit de Egaña y Compañía                                            Vitoria año de 1844

Verdadero retrato de la aparecida imagen de N.S. de la Plaza que se venera en su ermita de la villa de El Ciego en la M.N. y M.L. provincia de Alava, dedica a esta inmaculada Reina y Señora este corto obsequio su más humilde esclavo el Ayuntamiento de dicha villa. El Ilmo Sr. Don Francisco Aguiriano, Obispo de Calahorra y La Calzada tiene concedidos 40 días de Indulgencia a los fieles que devotamente rezaren una Salve o Ave María delante de esta Santa Imagen.

 

1855.- Incendio en la ermita de la Virgen de la Plaza

1855 urtean suaren jatorria sortu zen Enparantzako Ama Birjinaren Baselizan.

ERMITA ELCIEGO 1

(Fotografía cedida por la familia Bañares)

   1855 fue uno de los años más negros en la historia de Elciego. El azote del cólera triplicó la mortalidad de la villa, alterando la vida económica y social en todos su ámbitos. Pero la temida enfermedad del cólera no fue el único azote que ese año sufrió la población. Un incendio desatado en la sacristía de la Ermita de la Virgen de la Plaza, sembró el terror en el pueblo, pensando que la desgracia se había cebado con la villa.

El motivo del incendio no es conocido. Mes de marzo, seguramente funcionarían braseros, brasas o algo parecido para calentarse, y algún resto mal apagado iniciaría el desastre. En aquellos años no se podía dar la excusa general de nuestros días de un cortocircuito.

La población acudió rápido a apagar el incendio. Según se refleja en el escrito realizado por el alcalde Pantaleón Ramírez al Diputado General,  y fechado el día de San Prudencio, 28 de Abril de 1855 “ a pesar de los esfuerzos de los vecinos que con peligro de sus vidas se arrojaron a combatirlo, no pudo evitarse el que los efectos y ornamentos que se hallaban en la sacristía fuesen presa de las llamas”.Sin título

Se tasaron los destrozos entre 7.000 y 8.000 reales, cantidad que la Corporación no podía permitirse tantos sacrificios; por lo que “persuadida del amor paternal con que la Provincia ha mirado siempre la suerte de sus administrados, poniéndose bajo su protección” suplicaba le ayude con alguna cantidad, que “unida a la que pueda producir la devoción del vecindario”, fuera suficiente para resarcir el daño causado por las llamas.

Las arcas provinciales estaban muy deterioradas por las atenciones sanitarias que tuvieron que realizar por la peste del cólera; por lo que se acordó “no haber lugar a lo solicitado

Datos extraídos del Archivo Histórico Provincial de Alava DH 700-24

Foto antigua: Juego de la pelota en la Plaza Mayor

Oso argazki polita esku pilota aritzen Enparantzako Andra Mari Baselizaren horma erabilten.

ERMITA ELCIEGO ANTIGUA retocadaPreciosa foto proporcionada por la familia Bañares en la que contemplamos el juego de la pelota en la pared de la Ermita de la Virgen, en la Plaza Mayor. Podríamos ubicarla en la década de 1920.

El juego de la pelota aprovechando la pared de la ermita está datado ya en el siglo XVII, donde encontramos las distintas prohibiciones realizadas por el Visitador de la Diócesis. En la década de 1960 aún se podía leer un letrero pintado en la propia pared donde decía ” Prohibido jugar a la pelota bajo multa de 25 pesetas“.

 

Acto religioso en torno a la Ermita de la Virgen de la Plaza (Década 1920)

Oso argazki ederra Bañares senideek utzi digutena. Gizon, emakume eta umeen jantziak, beste garaikoa nabarmena da

ERMITA ELCIEGO (4) - copia

   Estupenda foto que nos ha cedido la familia Bañares. Podemos situarla, aproximadamente, en torno la década de los años 20 del siglo XX.

   Está tomada durante la celebración de un acto festivo de carácter religioso. En este acto tenemos una cruz procesional entrado en la ermita y el estandarte del Sagrado Corazón acercándose a ella. La devoción al Sagrado Corazón estuvo muy difundida a finales del XIX en el pueblo.

   Destacaremos en la fotografía la vestimenta de las personas, que nos ofrece información sobre el acto y sobre los propios personajes retratados. Es un día de “fiesta” y, por lo tanto,  la ropa de los vecinos va en consonancia con el acto. Las mujeres con pañuelos en la cabeza (como preescribía el decoro religioso en tales actos), van ataviadas con chales cubriendo el cuerpo y faldas largas.  En el centro de la fotografía se destaca una mujer con un vestido de elegante hechura y una blancura del tejido que, aparte de denotar más distinción y juventud en su persona frente a las demás figuras femeninas, recalca más la idea de su poderío económico. Los hombres visten blusones, camisa blanca y llevan la cabeza descubierta; teniendo la boina en las manos en claro signo de respeto hacia la cruz y estandarte procesionales.  Los muchachos y muchachas visten sus blusones o batas infantiles.

   Llaman la atención esos tres árboles en la entrada de la ermita, así como el tamborilero que está con su tambor participando en la procesión. La cesta de mimbre que porta una de las mujeres, es otro detalle a destacar.

   El suelo de la plaza es de tierra y piedra machacada y pisada; lo que nos remarca también la antigüedad de la fotografía.

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