EL RETABLO DE LA IGLESIA DE ELCIEGO V.- Décadas de 1680 a 1710

Erretaulak egin zituzten egilei ordainketak betetzeko, gehiegi luzatu ziren. Horrek eliz auzitegietara maiz jotzea ekarri zuen eta epaileak emandako bereizmenak gorapilatzuak izan ziren35.- Visitación a su prima Santa Isabel(Misterio de la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel .- Fotografía Pablo Cañas López)

 Con esta quinta aportación a nuestro trabajo del Retablo Mayor y Colaterales de la Parroquia de Elciego nos centramos fundamentalmente en las décadas de 1680 hasta 1710. Una época donde los pagos a los maestros retablistas se fueron dilatando y acabaron en los tribunales eclesiásticos.

En la primera década de 1700 todos los artistas implicados en la elaboración de los retablos han fallecido: Diego Jiménez, Sebastián de Oyarzábal, Diego de Ichaso y Bernardo Elcaraeta. En los tribunales pleitean sus sucesores y el retablo no está aún concluido: falta la pieza central: el plafón de la Visitación. El que hace referncia a la patrona de la Villa: Santa Isabel. Bernardo de Elcaraeta no la entregó porque no había recibido todos sus honorarios y estaba inmerso en el retablo de Viana.

Ya iniciando la segunda década del siglo XVIII (1710) se entrega un plafón que, aunque sigue las características formales de los ejecutados por Elcaraeta, tiene la huella de otro escultor de su taller, familiarizado con la técnica del escultor de Asteasu, pero alejado de sus resultados.

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EL RETABLO DE LA IGLESIA DE ELCIEGO IV.- La Década de 1670

1670 hamarkadan Diego Ichasok osatuta zuen erretaula nagusia. Bernardo Elcaraetak banan banan apostuluen irudiak jartzen zituen. Bainan diruak ez ziren emandak adostutako denboratan.

Retablo años 1950.- Andrés Díez Del Río(Retablo en la década de 1950.- Fotografía cedida por Andrés Díez Del Río)

Con este cuarto capítulo, dedicado a la década de 1670, vamos completando el trabajo del Retablo Mayor de la Iglesia de Elciego y sus colaterales.

En esta década Diego de Ichaso va completando la arquitectura del Retablo Mayor, al igual que su amigo Oyarzábal va haciendo lo mismo en los dos colaterales mayores que quedaban por cumplimentar. Bernardo de Elcaraeta, sigue esculpiendo figuras de los Apóstoles que va colocando en la arquitectura que se va rematando.

Surgen problemas económicos en los que las arcas de la Iglesia no tienen la bonanza de las décadas anteriores porque los gastos cuantiosos hay que diversificarlos. Esto origina un retraso en el pago a los maestros arquitectos y escultores que van a ir dilatando la entrega de las obras y el remate del propio retablo.

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EL RETABLO MAYOR Y COLATERALES DE LA PARROQUIA DE SAN ANDRES APOSTOL DE ELCIEGO (1644-1724)

2015ko Jaiak Programarako artikulu hau prestatu genuen. Sarrera modukoa erabiliko dugu gure blogean eta hurrengo asteetan zehar handitu eta zabalagoa azalduko ditugu errabloaren zehatz guztiak.

Retablo_PP copia(Retablo Mayor en la actualidad.- Foto Pablo Cañas)

Hasta la mitad del siglo XVII los dineros ingresados por la parroquia se habían dedicado, fundamentalmente, a la construcción de un nuevo templo. Un soberbio edificio para una aldea pujante en el que tres generaciones de canteros de la familia Emasabel, dedicaron cuerpo y alma a esta obra arquitectónica. La construcción de esta nueva parroquia, se acomete en la década de 1540 prolongándose a lo largo de noventa años hasta finalizar, su fábrica externa, con el remate de las cubiertas. Con los tejados completados entramos en la década de 1630 donde, los responsables de la parroquia, deciden dirigir todos los esfuerzos y dineros al adecentamiento interno del edificio (remates de cantería, nivelación de suelos compaginados con la inclusión de tumbas en el propio tempo, enlosado, acondicionamiento del altar mayor…) Junto a esta actividad, los reclamos de pagos y dineros por parte de los herederos de los Emasabel, fueron sangrando las arcas parroquiales.
Los ingresos de la Parroquia venían fundamentalmente de las Primicias y de éstas , la uva y su venta en vino junto con los cereales, fueron los principales proveedores de reales y maravedíes para los gastos que se ocasionaran. Así que el ritmo de construcción, finalización de las labores de cantería y la fábrica de la parroquia caminaba a la par que los ingresos que proporcionaba la Primicia. Podríamos metaforizar con que el templo parroquial, se fue construyendo con sillares extraídos de las entrañas de la tierra y que su ritmo constructivo lo fue marcando el mismo terreno, a través de la generosidad, mayor o menor, de cereales y vino.Iglesia3

Las visitas de los prelados de la diócesis y, en ocasiones, del propio obispo intensificaron el ritmo del final de la construcción del templo y su ornamentación. Esta fue la dinámica de la década de 1630, y todo este movimiento estuvo coordinado y representado por la figura del propio cura, el Bachiller Don Pedro Ibáñez.

          (Retablo Mayor en la Década de 1950.- Foto Andrés Díez Del Río)

Con esta situación se llegó hasta la década de 1640, donde la ornamentación y acondicionamiento del interior del templo no se completaría hasta la construcción de un retablo, acorde con la elegancia y calidad del templo construido. Los Visitadores del Obispado impulsaron la confección de retablos para ornar, acondicionar y adecuar a los nuevos programas iconográficos el interior de los templos. Estos retablos, también constituyeron una manifestación de religiosidad de la población con la divinidad y un instrumento pedagógico y propagandístico del espíritu Contrarreformista promulgado por la Iglesia Católica en este momento. El Obispo impulsaba, autorizaba, daba licencias y hasta dirimía en situaciones de pleito; pero era la propia Parroquia la que contrataba y satisfacía todos los pagos que ocasionaba esta segunda gran obra.
Seguramente también influiría en los responsables locales la construcción de retablos en otras poblaciones que no tenían la impronta y el empuje de Elciego, primera aldea que se independiza de Laguardia en 1583. La sana envidia local podría estar en Elvillar, aldea reseñable donde hacía ya varias décadas había dejado un soberbio retablo con la firma de un gran artista: Guiot de Beaugrant. Antes de finalizar el siglo Lanciego tenía su templo ornamentado. Villabuena y Yécora plasmaron en retablos esa manifestación religiosa en torno a 1600, con artistas reconocidos en la zona como Pedro González de San Pedro. Laguardia en 1618 ornamentó la Parroquia de Santa María de los Reyes con las firmas de reputados retablistas como Mendieta, Juan Bazcardo o Diego Jiménez. Oyón, a su vez, ornó su iglesia en 1624 con la impronta de Pedro Jiménez y Juan Bazcardo. Incluso la aldea de Lapuebla tenía en 1638 una manifestación artística realizada por Mendieta, Mateo Fabricio, Juan Bazcardo y Diego Jiménez. Es muy probable que los responsables de la Parroquia de Elciego fueran sintiendo en su piel este retraso en relación con otras poblaciones de la zona; pero los dilatados gastos ocasionados con el remate del templo y las familias de los canteros, no dejaron otra opción que retrasar el comienzo de esta gran obra del interior.                                                                             

IMG_9376Así entramos en la década de 1640, donde se van reservando remanentes de las cosechas para acometer la siguiente gran obra. Se inicia con el encargo de un relicario o sagrario para el Altar Mayor a Mateo Fabricio, que se encontraba trabajando en el monasterio de San Millán de la Cogolla. Se firma un remate con el artista el 22 de diciembre de 1642 para entregarlo para San Juan de 1644. Todo por un pago general de 4.500 reales, aparte de los gastos ocasionados por el traslado, licencias, viajes, cerrajas, cordeles y festejos de inauguración. En numerosas aldeas o parroquias pequeñas el sagrario o relicario era la única ornamentación del altar.

( 1643 Puerta del Sagrario, obra de Mateo Fabrizio.- Foto Pablo Cañas)

En la Visita del Obispado de 1646 se plantea en serio la construcción del retablo del Altar Mayor y de unos colaterales. Se inicia el proceso con trazas, licencias y con un remate oficial que se realiza en Calahorra el 16 de diciembre de 1646. La obra consistiría en un retablo para el Altar Mayor y cuatro retablos colaterales, todo por una cantidad global de 5.000 ducados (55.000 reales de vellón). El remate recae en dos artistas conocidos en la zona: Sebastián de Oyarzábal del taller de Santo Domingo de la Calzada que se encontraba realizando el retablo  de su Briones natal, y en Don Pedro Jiménez, clérigo de Logroño de reconocido prestigio artístico en la diócesis y muy vinculado al taller de Viana-Cabredo. En las poblaciones pequeñas era difícil superar los mil ducados en un retablo mayor. Lo predispuesto para la parroquia de Elciego era una gran obra en consonancia con el templo construido.
A los tres meses los artistas se obligan, documentalmente, a la acometida del proyecto distribuyéndose los trabajos de la siguiente manera: Sebastián de Oyarzábal realizaría los cuatro colaterales y Don Pedro Jiménez haría el altar mayor, pasando a su sobrino Diego Jiménez ciertos derechos y también obligaciones en la escultura de la obra. Una nueva obligación documental en 1648 entre Oyarzábal y Diego Jiménez, va definiendo trabajos y dineros a percibir. Los trabajos se van realizando en los propios talleres de Santo Domingo y Viana-Cabredo, sin omitir visitas a Elciego para trabajar in situ mediciones, visiones artísticas y cobros de anticipos, que todo era necesario. En una de estas visitas el Ayuntamiento de Elciego (1649) le propone a Oyarzábal la construcción de un retablo baldaquino para ornamentar la imagen de la Virgen de la Plaza en su ermita. El maestro arquitecto de Briones acepta el encargo y lo entrega antes de septiembre de 1650, cobrando por ello 1.950 reales. Diego Jiménez va trabajando plafones y pequeñas esculturas para los retablos en su taller de Viana-Cabredo Pero el gran ausente de toda esta labor es Don Pedro Jiménez, quien atendiendo a las necesidades del alto clero de la diócesis y otro tipo de encomiendas, está muy ausente de la zona y también de su compromiso con el retablo del Altar Mayor de Elciego.
Así llegamos a 1654 que podría haber sido el gran año de la colocación e inauguración de los retablos. Para ello se fueron acondicionando “ baxas “ (basas) de piedra encargadas a los artistas cántabros que estaban rematando cantería en el templo y en el pueblo, como Juan de Setién Venero y Agustín de Rubacaro. Pero la realidad estaba clara: Oyarzábal había realizado sus cuatro colaterales, Diego Jiménez tenía parte de la escultura y Don Pedro Jiménez era el gran ausente a la par que los trabajos que tenía que realizar; pero tenía el apoyo y protección del obispado, por lo que era necesario dar una solución urgente y documentada al problema.                                                             

 Esto origina una actividad extra en el Cabildo, donde el cura y máximo responsable el Bachiller Don Pedro Ibáñez González toma las riendas del problema siguiendo las indicaciones de sus superiores
IMG_2261Oyarzábal entrega sus cuatro colaterales, dos mayores y dos menores; pero éstos últimos no obtienen la conformidad del Cabildo; quien acepta quedarse con los dos mayores, obligando a Oyarzábal a retirar los menores, sustituyéndolos por otros que deberá realizar. Se inician negociaciones por ubicarlos en Sorzano, donde en la actualidad siguen ornamentando su templo.
Se trabaja con celeridad para dar una solución al tema, sin tener que recurrir a pleitear contra Don Pedro Jiménez, algo no permitido ni consentido por el propio Obispado.

(Colateral del Evangelio.- 1648-1754 Sebastián de Oyarzábal)

En medio está Diego Jiménez, sobrino de Don Pedro y con el que había contraído compromiso, con una partida de trabajo ya ejecutado. Jiménez y Martín de Arenalde, ambos del taller de Cabredo, se convienen con Diego de Ichaso, integrante del taller de Santo Domingo de la Calzada, de reconocido prestigio en el obispado y buen amigo de Sebastián de Oyarzábal, y se comprometen a trabajar el Retablo Mayor, concretamente en dos años tendrían colocada la “baxa” y el primer cuerpo del Retablo. El 17 de mayo de 1654 documentan ante escribano público las condiciones técnicas del Retablo Mayor. Entre ellas, destaca, que la madera utilizada sería la de nogal, la más empleada en los retablos de la zona. El nogal da calidades de talla y conservación, no siendo difícil adquirirlo en las cercanías de las sierras. Para los andamiajes se recurría a la buena cantidad y calidad de la vegetación de Lagrán y Pipaón; poblaciones cercanas al puerto de Toro, vía natural de paso desde la zona riojana a la montaña; ruta de vino y pescado para los arrieros.
Van pasando los años y los artistas trabajando en sus cometidos, cobrando anualmente de los dineros de la fábrica de la Iglesia. Reales y Maravedíes que provienen de la Primicia, y que en función de la generosidad de las cosechas y de otros gastos que se van acometiendo, hay mayor o menor caudal para pagar a los artistas. Esta situación, dilatada en tiempo por una parte y de alta dificultad de economía adecuada a la tasación y valoración de los trabajos por otra, hace levantar la disconformidad de las autoridades eclesiásticas que ven cómo los artistas reciben sus pagos, pero que los trabajos no se materializan con la misma velocidad.

IMG_9382En 1660 fallece Diego Jiménez, originando la presencia de un nuevo maestro escultor en la obra del Retablo Mayor. Dos años más tarde fallece el timonel de la parroquia: el cura Bachiller Don Pedro Ibáñez.
Bernardo de Elcaraeta, natural de Asteasu, pertenecía al foco artístico de Santo Domingo de la Calzada y cuenta con la amistad y confianza de Sebastián de Oyarzábal y de Diego de Ichaso. En 1663 Elcaraeta asume un encargo del Ayuntamiento de Elciego para esculpir en piedra el escudo de armas de la Villa para la nueva obra de la Casa Consistorial; cobra por este trabajo 3.300 rs. Al siguiente año, marzo de 1664, firma un contrato con la viuda de Diego Jiménez (Micaela Bazcardo) para concluir la base del Retablo Mayor y acometer el resto del mismo: las esculturas de los Doce Apóstoles, San Andrés y los cinco plafones historiados.
                                      (San Ambrosio, obra de Diego Jiménez.-Foto Pablo Cañas)

Para 1669 está montada la arquitectura y ensamblaje del Retablo del Altar Mayor, puesto que aparecen los pagos a los tasadores. Una vez más no existe acuerdo entre los tasadores de ambas partes (ejecutores y patronos) por lo que el asunto acaba en la audiencia episcopal en forma de pleito. A lo largo de toda la década de 1670 no hay resolución definitiva del pleito, pero sí se siguen realizando pagos a los tres maestros que han intervenido en esta fase: Oyarzábal, Ichaso y Elcaraeta. Esta situación de incertidumbre en la que el retablo estaba prácticamente terminado pero no había acuerdo en la tasación de los pagos, tanto realizados como para finiquitar, se alargó casi veinte años. Fue el 27 de noviembre de 1686 cuando se dió el fallo definitivo del Tribunal Eclesiástico que dictaminaba el pago de los dineros pendiente, aunque la ejecución tardó varios años aún. No fueron los propios artistas los que cobraron las retribuciones aplazadas, sino que en el caso de Oyarzábal fueron su hija y su yerno Miguel de Samaniego, y en el de Ichaso, su hijo Antonio.IMG_9414

Con Bernardo Elcaraeta hubo otra particularidad distinta. El maestro escultor no había entregado el plafón historiado de la Visitación, el central del retablo y el que representaba la festividad religiosa más importante del pueblo. Lo retuvo como presión para cobrar los dineros pendientes. En estos años Elcaraeta estuvo trabajando en el retablo de Santa María de Viana, donde una vez más dejó constancia de su valor artístico. La parroquia de Viana había pagado de más al artista calceatense por lo que el asunto terminó en los tribunales eclesiásticos. En 1695 el Provisor del Obispado ordenó que la Parroquia de Elciego (deudora con Elcaraeta) entregara a la Parroquia de Viana (demandante de dineros al artista) 8.920 rs como compensación de esa diferencia. Los acuerdos no fueron fáciles y el asunto se prolongó en los tribunales por un espacio de más de diez años.

  (Santiago Apóstol.- .Obra de Bernardo Elcaraeta.- Foto Pablo Cañas)

Hasta que definitivamente Elcaraeta entregó el plafón de la Visitación y la parroquia de Viana cobró de la de Elciego los honorarios de más que había entregado al escultor. Esto no impidió que a Antonio Elcaraeta, hijo de Bernardo, se le encargaran unas efigies de San Sebastián y San Juan para los colaterales en 1.710

La mayoría de los retablos se doraban y policromaban al poco tiempo de su terminación. En el caso de nuestro pueblo, con pleitos y pagos pendientes, no se acometió el dorado, estofado y policromado hasta 1724. En 1705 la Cofradía de San Andrés tenía un dinero importante en sus remanentes: 100 ducados y deciden que se gasten en dorar el Santo que preside el Retablo Mayor junto con la caja que lo contiene. Ajustan en esa misma cantidad con el maestro Francisco Ventura de Olabarrieta, quien anteriormente había dorado el retablo mayor de Santa María la Real de Nájera. Para junio de ese año tenía finalizado el trabajo.
Resolviendo los asuntos de los pagos y los pleitos, se llevan caminados 70 años desde que se inició la obra de los retablos. Demasiados años y muchos disgustos para acometer con ánimos y serenidad la segunda parte de los retablos: el dorado y policromado. Don Manuel Navarrete Ladrón de Guevara, el arzobispo de Burgos que siempre tuvo presente en su pensamiento y en sus caudales a su pueblo querido, prometió en 1716 el pago de 3.000 ducados para culminar la decoración iniciada con el retablo y los colaterales y también comenzar el dorado de los mismos. Su voluntad era colocar unas telas decorativas y unas colgaduras que engalanaran majestuosamente las paredes que estaban al lado de los retablos, dejando un resto importante para el inicio del dorado. Pero el arzobispo falleció en 1723 y la suma prometida, no había llegado a las arcas parroquiales. Los responsables de los caudales de la Parroquia tenían muy presente todo lo acontecido en años anteriores, tanto con los canteros como con los maestros de arquitectura y escultura. Debían controlar herméticamente los gastos y los pagos, los tiempos y las entregas. Así que se organizó una comisión férrea para dirigir la obra del dorado y estofado del retablo hasta que terminase su ejecución completa, y controlar también durante este tiempo los caudales de la Parroquia a través de las mayordomías. La integraban el cura Don Juan Antonio Mendiluce Echandia, el alcalde Don Juan Bautista Sáenz de Navarrete y Murúa, Don Pedro Jacinto Ibáñez de Medrano, Regidor Perpetuo ,y el escribano local Joseph Ramírez.

IMG_9413Lo primero que hicieron fue una reunión general con todos los parroquianos el 7 de noviembre de 1723 donde acordaron adelantar y aportar dineros para acometer la obra del dorado y estofado de los retablos. Más de noventa personas y familias se comprometieron a ayudar con un total de 13.341’5 reales, un 30’7% del presupuesto final de la obra, hipotecando sus bienes.

(Plafón historiado del Nacimiento.- Obra de Bernardo Elcaraeta.-Foto Pablo Cañas)
Este mismo año de 1724 se sacan unas condiciones técnicas para el dorado de los retablos a cargo de uno de los más prestigiados maestros de la zona, Mathías Martínez de Ollora, quien asumió la acometida por un valor de 49.000 reales de vellón. Mientras se están preparando licencias y documentación para escriturar el contrato, apareció la postura de otros dos maestros en el arte de la policromía, dorado y estofado: Joseph de la Fuente Santa María, natural de Calahorra y Joseph de San Juan, nacido en Torrecilla en Cameros. Estos ajustan con los responsables locales en 42.000 reales el dorado del retablo mayor y los cuatro colaterales, aparte de dorar la reja del coro y los púlpitos. La diferencia era notable en precio y en ampliación del trabajo, en beneficio de las arcas parroquiales; argumento que tuvieron que utilizar en muchas ocasiones, porque el asunto acabó también en los tribunales eclesiásticos. El trabajo en las Audiencias de Logroño y Burgos fue muy activo y corto en el tiempo, declarándose definitivamente que se saque a remate público por si hubiera algún otro maestro dorador que asumiera el trabajo por otra cantidad de dinero. Finalmente en 1726 De La Fuente y San Juan iniciaron los trabajos de dorado, estofado y policromado de los retablos de la Parroquia de Elciego por la cantidad estipulada de 42.000 reales.
El trabajo de dorado, estofado y policromado del retablo es de alta calidad, con esmeradas labores de pincel a través de las tajas en los vestidos de las efigies, representando escenas de su vida . Las vestimentas están ornamentadas con detalles imitando flores, pájaros, rameados, naturaleza, piedras preciosas, pedrería, brocados, damascos , arabescos…. dejándonos un tesoro artístico impagable.
En la actualidad tenemos en la Parroquia
– Un Retablo Mayor realizado por el Maestro Arquitecto Diego de Ichaso con una escultura en su base de Diego Jiménez y doce apóstoles ( más San Andrés en el centro) y cinco plafones historiados de Bernardo de Elcaraeta. El Dorado y Policromado fue realizado por Joseph de la Fuente y Joseph de San Juan
– Dos retablos Colaterales obra de Sebastián de Oyarzábal, con plafones representativos en las bases de Diego Jiménez y con esculturas de Antonio de Elcaraeta y del propio Diego Jiménez. Dorado y policromado de De la Fuente y San Juan
– Un altar posterior también del XVII, con la impronta de Oyarzábal y del taller de Santo Domingo de la Calzada, donde en la actualidad cobija una buena imagen de Santa Ana, un San Lorenzo policromado por los mismos artistas que el Retablo Mayor y un San Roque de la misma época.

1663 El Escudo del Ayuntamiento de Elciego, obra de Bernardo Elcaraeta

Bernardo Elcaraetak, Gipuzkoan jaioa, Santo Domingo de la Calzadako tallerrean parte hartu zuen. Eltziego erretaulean ari zenean, Udalak herriko armarria egiteko agindu zion.

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A partir de 1642 comenzaron unas décadas de intensa actividad artística en la villa en torno al Retablo de la Iglesia Parroquial. Mateo Fabrizio inicia ese año el relicario, y en 1646 consiguen el  remate de la obra del  Retablo Sebastián de Oyarzábal y Don Pedro Jiménez, quien posteriormente se lo pasa a su sobrino Diego Jiménez. Estos artistas son primeras líneas de los dos focos artísticos que desde finales del XVI y todo el XVII trabajaron en toda la zona: el de Santo Domingo de la Calzada y el de Calcedo-Viana.  Según fueron avanzando los trabajos fueron integrándose otros artistas ,como lo fueron Diego de Ichaso y Bernardo de Elcaraeta

La presencia de estos artífices en la villa promovió que se les encomendara también otros trabajos en el pueblo; como es el retablo de la ermita de la Virgen de la Plaza en 1649 a Sebastián de Oyarzábal o el escudo de armas de la villa para la fachada del nuevo ayuntamiento en 1663 a Bernardo de Elcaraeta.

Bernardo de Elcaraeta, guipuzcoano de nacimiento, del valle de Asteasu, desde muy joven se incorporó al foco artístico de Santo Domingo de la Calzada.  Está considerado como uno de los escultores más prestigiados del siglo XVII  y sus obras están repartidas por distintos edificios religiosos de la zona: Zarratón, Agreda, Vergara, Cartuja de Miraflores, Cellórigo, Santo Domingo de la Calzada, Leza, Salinillas de Buradón,  Labastida, Viana…

Escudo de la Carta de Exención 1583

(1583.-Imagen del escudo que Felipe II concedió a la Villa de Elciego, tomado de la enseña oficial de los Austrias y que de ahí presumiblemente tomarían la traza)

Todo lo que conocemos de este autor está relacionado con esculturas religiosas, realizadas en madera y con finalidad generalmente de estar ubicadas en un retablo. No conocemos un caso parecido a este escudo de Elciego, donde el material para esculpir es la piedra y donde la finalidad ornamental es civil, no religiosa.

Firma Bernardo Elcaraeta

Su dedicación al retablo de Elciego, donde esculpió los doce Apóstoles del retablo y los cinco plafones historiados, durante la década de los sesenta , le permitió realizar este trabajo en piedra para ornamentar el nuevo edificio que se construyó en estos años. Así reza el contrato entre Marcos San Juan, Procurador General de la Villa de Elciego y Bernardo de Elcaraeta, maestro escultor, vecino de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada.

1663 Traza

(Traza que se conserva en el AHPA, 1663 Andrés Ramírez Protc 8377)

Elcaraeta se obliga a “ hacer y fabricar conforme arte un escudo de armas Reales en piedra para la dicha villa de Elciego, de talla entera según la traza que para ello está hecha y en poder del presente escribano firmada de mi nombre y de dicho procurador general por todo el mes de noviembre primero viniente de este presente añoy se me han de dar las piedras necesarias para dicho escudo, escodadas y puestas en parte segura que pueda hacer dicha obra en dicha villa y por el dicho escudo me han de dar mil y cincuenta reales de vellón en esta manera: doscientos luego de descontado y doscientos empezando a obrar y otros doscientos en yendo obrado la mitad y fin de pago”…..en la villa de Elciego a 22 de octubre de 1663

Contrato

(Contrato entre el Ayuntamiento y Elcaraeta .-AHPA , 1663 Andrés Ramírez Protc 8377)