El Caldo Cúprico Azucarado

Mahastietara sulfatoa botatzea  jarduera oso ohikoa izan da gure artean. Gaur egun ez da aurretik bezala.

León Luzeret
El sulfatar las viñas ha sido y es una de las labores necesarias en la viticultura. Esta terrible enfermedad que dejó mermadas las cosechas de nuestro pueblo en la mitad de la década de 1880, trajo como consecuencia el tratamiento de los viñedos con sulfato de cobre. Algo parecido ocurrió en la zona bordelesa, de donde se importó el remedio allí encontrado para combatir el hongo: el tratamiento de los viñedos con sulfato de cobre, popularmente denominado “caldo bordelés”.
A partir de esos años el tratamiento de los viñedos con sulfato ha sido una actividad indispensable en la viticultura. La mezcla de cal, piedra de sulfato de cobre machacada y agua, era una labor delicada y con un proceso laborioso; pero necesario para mantener los viñedos alejados de la enfermedad del mildew, “mildiu” o “mildeo” como popularmente se le conoce.
Uno de los sulfatos más novedoso, desde ya finales del XIX y muy popularizado en la primera mitad del siglo XX, era el caldo cúprico azucarado de Michel Perret. El tener un componente de melaza en la mezcla, hacía que el producto se adhiriera aún más a la hoja y permaneciera por más tiempo en la misma; siendo resistente incluso a la  lluvia.
La revista “Farmacia Moderna” editada en Madrid, en un número correspondiente a 1892 hace referencia a esta novedad: ”Hablaremos, por último, del caldo de sucrato de cobre de M. Michel Perret, recomendado por MM. Aimé Girard, Prilleux y Vilmorin; composición completamente nueva, que debiera ensayarse en todas partes, comparándola con el Caldo bordalés a pequeñas dosis
León Luzeret era un francés asentado en San Sebastián en la primera mitad del siglo XX que se dedicaba al comercio de harinas, alimentación general del ganado,….y entre esa diversa actividad, era el distribuidor del famoso Caldo Cúprico Azucarado para nuestros cosecheros. No eran muchos los que lo compraban, puesto que el precio era superior al tradicional de piedra; pero en boca de todos nuestros cosecheros estaba el famoso “caldo cúprico azucarado de Michel Perret”, que aún hoy en día lo siguen recordando nuestros mayores.
La fotografía que aportamos al blog está recogida en Elciego y pertenece al envase en caja de madera del famoso producto.

Aportamos también una fotografía conservada en los archivos de la Biblioteca Koldo Mitxelena Kulturunea de Donosti que hace referencia al famoso producto y constituye en reclamo publicitario de primer orden:

Michel PerretMichel Perret v

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LOS POZOS DE SULFATO PARA EL TRATAMIENTO DE LOS VIÑEDOS

Gure mahastietan nabarmenak dira; gaur egin erabilli ezinak, bainan aztarna hauek bere garaian oso erabiliak eta laguntza eman zioten nekazarien lanari.

Pozo (1)

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En la documentación anterior al siglo XIX no hemos encontrado referencias concretas a enfermedades de los viñedos. El conformismo religioso de “lo que la naturaleza nos regale” era algo intrínseco al carácter y cultura de los cosecheros y jornaleros autóctonos. También el desconocimiento científico de la botánica en particular, poco ayudaba a la mejora y regulación de la producción. Es en la segunda mitad del siglo XIX cuando aparecen las grandes enfermedades en los viñedos y con ellas los grandes remedios científicos para la subsistencia de los viñedos y de la propia población.
La plaga del oídium que asoló las vides europeas a mitad del XIX, precedió a otra acaecida en la década de los ochenta con el nombre científico de “mildiu” y posteriormente a otra de carácter distinto como fue la filoxera, desarrollada en nuestra zona a principios del siglo XX. El tratamiento de las plagas, ya sea por productos hasta entonces desconocidos o renovando los viñedos con la técnica del injerto, produjeron grandes cambios en el laboreo de las viñas.
Las manchas (“motas”) aparecidas en la hoja por el desarrollo del hongo, y encanecidas en el envés de la misma, denotan claramente el desarrollo de la enfermedad llamada mildiu (“mildeo”).
El recurrir a la protección divina y más concretamente a la Virgen de la Plaza era la fórmula más generalizada entre nuestros antepasados. El 22 de Julio de 1889 el Ayuntamiento encarga un triduo a Nuestra Señora “ como en circunstancias análogas lo ha hecho este religioso vecindario”, ante el fuerte ataque del midiu que asolaba los viñedos europeos. Al siguiente año, 1890, el propio consistorio proporciona a los vecinos “cal grasa para gastar en la fórmula del sulfato” por lo que adquieren 125 quintales de cal para venderla al vecindario a una peseta y 75 reales el quintal. En 1911 las enfermedades volvieron a azotar fuertemente nuestras viñas y el Ayuntamiento, el 12 de agosto de ese año, pidió a la población que “ en vista de las circunstancias excepcionales por que atravesamos con motivo de las enfermedades de la vid, después de haber aplicado los remedios prescritos por la ciencia, sin resultado alguno….” haga una rogativa a Nuestra Señora de la Plaza. La ciencia seguía avanzando en la lucha contra la enfermedad apostando fuertemente porque los tratamientos se hicieran como se indicaban y porque lo realizara toda la población, así se podría ir venciendo al temible mildiu. La delegación de Alava de la Región Agronómica de Navarra y Vascongadas de la Dirección General de Agricultura se dirige al Alcalde de Elciego en un escrito fechado el 4 de mayo de 1916, envíandole unos folletos explicativos para divulgarlos entre la población. Los graves daños ocasionados por las enfermedades fueron de tal magnitud, que llevarona los pueblos de la zona a solicitar a la Diputación una condonación de los impuestos.1916
El remedio científico para combatir el mildiu era el sulfato de cobre, descubierto en 1885 por Alexis Millardet en la zona bordelesa. De allí se expandió rápidamente por toda Europa y muy posiblemente traído a nuestra zona por Jean Pineau, quien estaba en continua comunicación con su tierra natal, a la par que atendía de los vinos y viñedos del Marqués de Riscal.
El sulfato de cobre se utilizó a lo largo de toda la primera mitad del siglo XX en forma de piedras cristalizadas que se suministraban en sacos de yute de 100 kgs. Escuela PrácticaLa propia Diputación de Alava tomó parte en el suministro del sulfato a la población. En el trágico año de 1916, a través de la Escuela Práctica de Agricultura, se suministró al Ayuntamiento de Elciego 1.233 kg de sulfato de cobre a razón de 2’43 ptas el kilo; lo que supuso un gasto en este producto de 2.996’10 ptas ( tres céntimos se cargaba a cada kilo por el transporte). Pronto empezaron los suministradores privados a anunciarse bajo diferentes fórmulas mágicas como la del sulfobono, “remedio eficaz para salvar los viñedos“; como rezaba la José Muñoz en 1918 .1918Sulfobono En décadas posteriores un suministrador conocido en la zona era La Palaciana (Marqués de Legarda) en su residencia de Abalos; o Pedro Cantón, quien tenía su almacén en Cenicero.
En muy raras ocasiones se utilizaba el sulfato de cobre sólo, puesto que podía quemar la hoja de la planta. Se sabía que si caía alguna gota en la piel de las caballerías les quemaba el pelo; e incluso, si salpicaba en la ropa, dejaba una mancha casi inlavable; excepto si se remojaba y frotaba enérgicamente con orina. Esta agresividad del sulfato de cobre se amainaba al mezclarla con cal. Esta se traía de Ezcaray y tenía muchas utilidades, puesto que era el producto utilizado para desinfectar estancias de animales, encalar paredes en general para su saneamiento o pintar fachadas; incluso mezclada con algún colorante (azul añil) era un recurso muy utilizado en la pintura y saneamiento de paredes interiores de las viviendas. La cal viva había que “matarla” con agua de víspera. Se utilizaba para ello pilas de piedra o camportas viejas, puesto que posteriormente eran inutilizables.
Las preparaciones del producto se hacían siempre en casa de víspera. Las piedras de sulfato se dejaban a remojo llevándolo al campo en comportas y mezclándolo allí con la cal. La bodega del Marqués de Riscal hacía todas las mezclas en la propia bodega, llevando el producto en un carro con su cuba expresamente para esta operación, arrastrado por dos caballos.
La elaboración de la mezcla del sulfato con la cal y la necesidad de agua para su distribución por el viñedo, trajo consigo la construcción de pozos en las propias heredades. El pozo consistía en la realización de una oquedad forjada con cemento que recogiera el agua de la lluvia a través de una plancha del mismo hormigón y al lado una pila (cuadrada o redonda) donde pulverizar las piedras y realizar la mezcla con la cal. Con los pozos cambiaron las costumbres, puesto que lo que antes se realizaba en las casas y se transportaba en comportas a las viñas, ahora se hacía todo más cómodamente en las propias heredades. Uno de los primeros constructores de pozos fue Pedro Anguiano, de Cenicero. Persona hábil y afamada en la construcción de estos pozos, aunque las prisas le jugaran varias pasadas de rezumar el líquido por alguna pared. Uno de los primeros que construyó en Elciego un pozo en la viña fue Benito Ruiz de Vergara “El Largo” en su viñedo de Camayerro, hacia la mitad de la década de 1940.

IMG_1893Constructores afamados en Elciego fueron Juanito Ruiz de Escudero, Félix Santos y Vicente Echeita, que en algunas ocasiones dejaban grabado en el cemento la fecha y los nombres.IMG_1885
Inicialmente el sulfato se repartía por las cepas con una rama de tomillo o de romero, en forma de aspergeo. Pero muy pronto se divulgó un mecanismo sencillo que pulverizaba el líquido con sulfato repartiéndolo uniformemente por las hojas de las vides: la mochila.
Como no podía ser de otra manera, la bodega del Marqués de Riscal fue el primero que utilizó el mecanismo de la mochila para sulfatear las viñas. Pronto la mochila fue un artículo reclamado por los cosecheros y comerciantes como Donato Murúa, que la ofrecieron entre sus productos. Famoso también fue el chatarrero de Briones que transitaba por los pueblos vendiendo la famosa mochila y cualquier otro producto que por metal se tuviera. Según cuentan, el chatarrero utilizaba como reclamo una voz de porte afeminado, por lo que la chavalería se mofada de él diciendo “¿Quién es maricón?…el hojalatero”.
Las primeras mochilas consistían en un recipiente que se cargaba a la espalda y a través de una jeringa exterior, se accionaba directamente con las manos para pulverizar la mezcla; pero pronto se cambió este sistema por el de las de bomba manual accionada por una palanca. Estaban construidas sobre hojalatón e incluso cobre. Muy extendidas en la zona eran las de la marca Bacchus, como la que vemos en esta fotografía: un ejemplar utilizado en Elciego en la primera mitad del siglo XX.IMG_4798Bacchus
El sulfatar las viñas se solía hacer en tres ocasiones o “tres manos”. La primera cuando estaban los brotes con 20 ó 30 centímetros ya que estaba generalizada la idea que era la que más desinfectaba. La segunda mano se daba poco antes que la uva estuviera en flor y la tercera cuando la uva iba a “hembrar” (entreverado) en el mes de agosto.
Con el paso de los años, a la par que la utilización del clásico sulfato de cobre en piedra, aparecieron en el mercado productos más modernos y manejables como el sulfobono o el caldo cúprico. Venían en paquetes de 1 kg y eran muy cómodos y prácticos para su utilización, puesto que sólo había que mezclarlos con agua. Pero estos productos eran caros, por lo que la mayoría de los agricultores seguían utilizando el clásico sulfato, denominado popularmente “caldo bordelés” o caldo cúprico azucarado.
Con la mecanización de los viñedos, el sulfatar las viñas trajo consigo mecanismos adaptados a los tractores, por lo que la utilización de la clásica mochila fue perdiendo protagonismo y con él la utilización de los pozos de sulfato. Hoy son restos del pasado que conviven con las modernas plantaciones, puesto que las mezclas se hacen directamente en los depósitos de las maquinarias y porque el suministro de agua ya no es necesario hacerlo a través de esos pozos que recogían la originada por la lluvia. Los pozos de sulfato fueron la solución práctica a la necesidad de disponer agua en las propias heredades para la        preparación y tratamiento de los viñedos con sulfato de cobre desde la década de los cuarenta hasta la de los años ochenta. Hoy en día estos pozos hormigonados siguen presentes en nuestro paisaje como un recuerdo más de unas generaciones que combinaron esfuerzo físico titánico con innovaciones que dieran soluciones a los problemas cotidianos.

1920 Sulfato(1920.- Sulfateando las viñas con mochilas- Foto Archivo Marqués de Riscal)