1728 La pila bautismal de Lorenzo de Otamendi para la ermita de la Virgen de la Plaza

Lorenzo de Otamendi hargin bat zen, non bere aztarnak Uriko oinetxe desberdinetan utzi zituen. “Virgen de la Plaza” ermitan bataiarri bat dago, bere izen eta nahiarekin grabatuta, eta hau 1728.ean landu zuen.

 

A principios del XVIII la actividad en la construcción de casas palaciegas en la Villa fue intensa. Esto acarreó la presencia de buenos y afamados canteros que nos han dejado huella de su buen quehacer y de su paso por estas tierras. Algunos se asentaron y matrimoniaron en el pueblo como Juan de Uncilla, natural de Abadiano y que trabajó en la casa de los Ramírez de la Peciña. De otros sólo conocemos lo referente a las obras en las que tomaron parte; como el caso de Juan de Arregui, Antonio de Alzola, Juan de Irabia, Antonio de Algiaga, Martín de Larrínaga…..y dentro de este grupo ocupa un lugar especial Lorenzo de Otamendi.

Otamendi tomó el encargo de edificar las casas que los hermanos Martínez de Villarreal Sáenz de Tejada (Martín  y Andrés) junto con su madre Ana Sáenz de Tejada Gavira levantaron en la calle que iba al Calvario; posteriormente calle del Norte y que corresponde a la actual Biblioteca y Oficina de Turismo. En muchos documentos también se le denominaba a esta calle la de la “salida para Villaescuerna, Navaridas y Laguardia”. Trabajó en ella durante varios años y el día de Todos los Santos de 1727 entregó la obra a la familia tras recibir la liquidación de los últimos reales de un total de 11.730 que cobró por todo su trabajo.

La buena fama del cantero y su demostración en el anterior edificio hizo que Bartolomé López de Bérriz lo contratara ese mismo año para levantar un edificio solariego en la propia plaza con sus balcones y escudo; indicando así la categoría social de sus moradores. En este caso tuvo que acomodar el diseño al espacio concreto, haciendo un diseño donde predomina la verticalidad; algo bastante novedoso en relación con las construcciones acostumbradas en la Villa.

Tras realizar esta obra, Vicente López Zorrilla, perteneciente a una familia de herreros asentados en Elciego, le encarga en 1730 la construcción de una casa en la calle que sale para Baños y que entonces le llamaban de la Santa Cruz.

Durante esta larga estancia del cantero en la Villa y con buenos encargos de obras, Otamendi se familiarizó con sus habitantes y de una manera especial con la devoción que la Villa tenía a la Virgen de la Plaza. La ermita de entonces fue demolida en 1764 para elevar la actual, mayor y de planta octogonal. De aquella antigua ermita nos queda la pila bautismal que el buen cantero esculpió en 1728. Posiblemente fuera una donación que hizo para ella por haber grabado su nombre en ella y por el sentido que tiene la frase

 “AÑO 1728 YO LORENZO DE OLAMENDI DE GRACIA Y POR DEVOCION”

 

1793 La Capellanía de los Bañares en la Ermita de la Virgen de la Plaza

Bañares Vitoriano familiak “Enparantzako Birjina” ermitan Kapilautza sortu zuen 1793.ean, beraien eta gurasoen arimen meza ospatzeko.

En el siglo XVII y XVIII varias personas pertenecientes a familias propietarias de la Villa o clérigos que alcanzaron un estatus particular, crearon Capellanías en la Iglesia y en la Ermita de la Virgen de la Plaza. Las Capellanías son fundaciones, normalmente con carácter perpetuo, en las que el fundador deja unos bienes materiales para que con sus rendimientos se oficien misas y otras expresiones religiosas por su alma  y la de sus parientes. En el caso de nuestra Villa lo usual es dejar unas tierras para usufructuar los rendimientos o un dinero concreto destinado a que el que sea el poseedor o poseedora de la Capellanía, obtenga unos rendimientos para el cumplimiento de la voluntad del fundador.

Dentro de la mentalidad religiosa de esta época, la donación de unos bienes para fundar una Capellanía constituía un acto de piedad religiosa con la finalidad siempre de conseguir la salvación eterna y purgar cuanto antes, a base de misas y oraciones, las penas del Purgatorio. La creación de una Capellanía también constituía un reconocimiento social importante puesto que el recuerdo del fundador pervivía entre sus sucesores y en la actividad de la Iglesia. La mayoría de la población dejaba en sus testamentos un mandato expreso de celebración de misas, cera para la sepultura y otros ritos religiosos, para lo que apartaba de sus bienes una cantidad de dinero  o una finca que sus herederos y albaceas tenían la obligación de cumplir. La Capellanía tenía otro estatus muy superior, ya que se constituían con un documento notarial con sus condiciones y contaban con la aprobación y supervisión del propio Obispado.

 

Los Bañares eran originarios de la Anteiglesia de Amorebieta, de las caserías de los barrios de Bernagoitia y Bernabeitia, trasladándose uno de sus miembros a tierras riojanas en el siglo XVI.  Los vástagos se establecieron en varias poblaciones: Alesanco, Hormilla, Zarratón, Briones, San Asensio….. En 1727 Francisco Bañares Arce contrae matrimonio con Daría Vitoriano Ruiz en Elciego y aquí establecen su residencia originando la presencia del apellido en la Villa.

 

El 23 de setiembre de 1793 los tres hermanos Bañares Vitoriano fundan la Capellanía ante el escribano local Miguel Fernández Munilla.  Gregorio y Manuel Bañares se mantuvieron siempre en estado célibe, por lo que no tenían sucesión. Juan Bautista Bañares estaba casado con Francisca Arrúbal, pero también carecía de descendencia por habérseles muerto sus hijos en primera infancia.  Los tres hermanos sin descendencia directa y estando ya Gregorio, el mayor de los hermanos en delicado estado de salud, fundan una capellanía colativa de misas en la Basílica de la Virgen de la Plaza sobre las heredades que tienen en la villa de Hormilla, herencia de su padre. Son un pajar  y 65 fanegas de tierra y 10 celemines por las que reciben anualmente una renta de 36 fanegas de pan, mitad de trigo y mitad de cebada. Consideran que la Divinidad “les ha dado abundantes bienes para su decente manutención sin que necesiten de las dichas heredades de Hormilla”, por lo que decidieron fundar la Capellanía para “el mayor aumento del culto divino sufragio de sus almas y las de dichos sus padres abuelos paternos y maternos y las demás que están en el purgatorio reciban también sufragios para que por este medio gocen de la gloria eterna”.

Al igual que todas las Capellanías que se fundaban en un documento notarial, establecieron sus propias y personalizadas condiciones. En esta de los Bañares propusieron:

  • Los bienes sobre los que va fundada se han de labrar y reparar en todo lo necesario a cargo de los capellanes. Siempre el bien debe ir en aumento y nunca en disminución. En caso de que esto último ocurriera, el Visitador del Obispado lo hará labrar y reparar, multando y castigando al Capellán. Nunca debe repercutir este caso, ni otros análogos, en el aminoramiento del número de misas con el que se ha dotado a la Capellanía.
  • Los bienes estarán siempre permanentes a la Capellanía, por eso es colativa.
  • El capellán, aparte sufragar los pagos y derechos de la Capellanía, deberá decir cada año los primeros domingos de cada mes en la capilla de la Virgen de la Plaza o en cualquiera de sus tres altares, una misa rezada. En caso que no pudiera, lo hará el domingo siguiente. Lo mismo hará en todas las festividades de la Virgen. Todo ello en sufragio de las almas de los fundadores, padres y abuelos.
  • Los tres hermanos se constituyen en Patronos iniciales, pasando de uno a otro y después de ellos a los parientes más cercanos de una y otra línea. Sabiendo que no hay descendencia directa, recaería en los hermanos Aniceto y Fausto Bañares Arrúbal. Establecen más ramos de los parientes más cercanos a los Bañares Vitoriano, y si en algún momento no hubiera descendencia que asumiera el Patronato, sería el cura más antiguo de la Iglesia y al Alcalde que fuere los que se constituirían en Patronos.
  • Nombran por Capellán al joven Romualdo Bañares Arrúbal, que en ese momento cuenta con 19 años y ya es clérigo tonsurado.

 

 

 

 

Romualdo Bañares abrió un libro donde fue registrando año tras año el cumplimiento de su cargo y la celebración de las misas estipuladas en la fundación de la Capellanía. Comenzó ese mismo año de 1797 y así lo continuó haciendo hasta su fallecimiento en 1834.

 En 1828 el Visitador Don Millán López Dábalos y Larrea, revisa el seguimiento de la Capellanía y le indica al Capellán que debe anotar los días y el altar en que ejecuten las misas, “pena de 2 ducados por cada una que se omitiere”. Siguiendo con la meticulosidad del Visitador hace constar que continúa la Capellanía con las 40 heredades de tierra blanca que tienen de cabida 65 fanegas y 10 celemines y un pajar en Hormilla. Todo tasado en 23.421 rs y que su renta anual es de 38 fanegas de pan mixto. Pero que en seis meses le debe enviar un registro de todos los bienes raíces, indicando el término, cabida y linderos. La propiedad de los terrenos, al ser Capellanía colativa, no eran de los particulares, sino de la propia Capellanía y por consiguiente de la Iglesia.

En 1835 se hizo cargo de las misas de la Capellanía Juan Ramón de Ocio, quien cumplió fielmente con su cometido hasta 1872.

En 1854 es el propio Obispo Don Cipriano Juárez Berzosa quien revisa el libro de la Capellanía. En su registro anota el dato interesante de que a consecuencia de la Ley de 19 de Agosto de 1841, se desamortizó esta Capellanía pasando sus bienes en propiedad y usufructo a Fausto Bañares Arrúbal, quien tras fallecer  en 1849, la pasó a sus hijos.

En 1873 se hace cargo de las misas Juan Ruiz de Escudero Navarrete, quien ejerció de Capellán hasta 1887. En esta década de los 1880 ejercía como Patrono Canuto Balanzategui quien satisfacía al Capellán 126 rs por las 18 misas que se celebraban por el sufragio de las almas de los Fundadores y familiares.

  En 1889 se hace cargo de los oficios religiosos el párroco Dionisio Fernández Valderrama, al que ya el Obispado en 1895 le reclamará una parte de los estipendios de la Capellanía, que ascendía a 94 pesetas y 50 céntimos. El resultado de un cálculo de 54 misas a 1 peseta y 75 céntimos cada una, que debía satisfacer a las arcas de la Diócesis.

Ya en el siglo XX no tenemos constancia de esta Capellanía, al no disponer de documentación que nos haga seguir la pista. Suponemos, que al igual que otras muchas, entre las leyes del XIX de desamortización de los bienes de la Iglesia y entre otros cambios de marcos legislativos y canónicos, las Capellanías son sólo un recuerdo nostálgico y curioso de cómo transcurrieron la vida de nuestros mayores; entre su sentimiento religioso, su concepción del más allá y el papel mercantil de la Iglesia en estipendios terrenales por la salvación de las almas.

 

 

1676.- La importante obra en la ermita de la Virgen de la Plaza

“Enparantzako birjina” ermitaren teilatuko eta hargintzako konponketak, bere hondamen egoera zela eta, 1676ko sekulako lana bilakatu zen.

(Principios del siglo XX.-Fotografía perteneciente al archivo de Luis Bañares Pérez -Familia Bañares)

La ermita de la Virgen de la Plaza que ahora conocemos en nada se parecía a la que antes existió. En el siglo XVII podríamos pensar en un habitáculo parecido a las actuales ermitas de San Vicente o de San Roque: un rectángulo y una sencilla construcción.

Hacia 1675, y tras haber construido dos décadas antes una sacristía a la ermita, ésta se encontraba en un estado deplorable. “Indecente”  lo definió el Visitador oficial del Obispado, y amenazaba ruina cualquier día, porque el tejado se venía abajo. Era necesario hacer una reparación total del tejado con su artesonado y también una obra de cantería que reforzara las paredes en su parte superior.

Bautista Segurola Arregui era un joven carpintero que se había trasladado desde su Azpeitia natal a Elciego para trabajar aquí todos los encargos relacionados con la madera. Aquí contrajo matrimonio con Francisca Sáenz de Payueta García en 1676 y aquí se estableció la pareja con sus ocho retoños.

A este joven carpintero se le encargó el diseño de una cubierta con un artesonado “robusto, duradero y con un poco de estilo” . Así lo hizo diferenciando los cuatro cuerpos: uno para cobijar la Imagen con su pequeño tabernáculo, otros dos cuerpo centrales y otro en el extremo donde se asentaría el coro. El coro tenía su importancia para poder oficializar los rezos con el decoro y la devoción que se merecía la Patrona.

 

Las maderas principales deberían ser de olmo, tanto las tijeras como los aguilones y las demás sopandas. Tres tijeras eran suficientes para armar bien el tejado. Los cabrios y los teguillos deberían ser de haya. De esta  manera garantizaba una buena estructura para varios siglos.

El coro iba fundado sobre una gruesa viga de olmo de media vara de alto y de tercia en grueso, recorriendo toda la anchura de la ermita, desde la escalera de acceso hasta la propia pared contraria. Unas viguetas de haya con bóvedas y una solera era más que suficiente para el coro, que estaba protegido del resto de la ermita por una balaustra. El coro estaba reservado para los clérigos y beneficiados, por lo que la escalera de acceso llevaba puerta y aldaba. La capacidad era hasta para quince personas sentadas en unos bancos de nogal.

Los trabajos de carpintería también llevarían el fabricar una puerta principal para la ermita, ya que la anterior estaba tan indecente como el propio centro. La guarnición sería de olmo y las tablas de nogal, con un buen clavazón “como las buenas puertas del pueblo”.

La obra era de envergadura, puesto que entre los trabajos de carpintería y los de albañilería se calcularon inicialmente en torno a 1.200 ducados. Aparte, la ermita debería aportar cabalgaduras para traer cabrios, teguillo, teja y otros materiales. Se contempló el mes de septiembre el mejor para hacer estas labores de acarreo de materiales, puesto que las caballerías del pueblo estaban más libres. Se calcularon 200 cabalgaduras.

 

La parte de cantería se le encargó hacer el proyecto a Pedro de Villaparte, cantero que no tenía residencia fijada en el pueblo y que había venido a hacer una casa para la Iglesia. El cantero vio la necesidad de levantar todo el contorno de las paredes de la ermita unos cinco pies de alto. Como refuerzo haría unas pilastras de ladrillo ancadas de cuajo hasta la altura del arrancamiento de los arcos, con arquillos y finas falfas del mismo material. También sería necesario retirar la cornisa de las paredes y volver a hacerla en su lugar correspondiente. En el caso del coro, propuso enladrillarlo con baldosas, aparte de echar las bovedillas para asentar la solera y hacer una columna pétrea, redonda con capitel toscano, para recibir la viga central. La escalera para subir al coro la propuso de “piedra labrada a pico en escuadría” en su inicio y los siguientes peldaños de ladrillo con listones de madera, de tres pies y medio.

En la entrada principal se vio conveniente poner tres gradas de escalones de piedra, al igual que hacer unos asientos de piedra alrededor de dicha ermita, enlosados y a pilón.

La torrecilla donde estaba asentada la campana, como había que subir cinco pies a las paredes, se desmontó y volvió a montar.

Para iniciar la obra era necesaria la autorización eclesiástica, que siempre condicionaba la autorización de una reforma a que asegurar que lo básico no se resintiera. En este caso era la iluminación perenne de la lámpara de la ermita y su imagen. Esta garantía estaba asegurada porque había en la ermita dos lámparas, una alimentada por dos cántaras que daban los hijos de Martín Domínguez y Francisco Ibáñez, y la otra por la familia Navarrete Ladrón de Guevara, quienes se obligaron a encenderla y mantenerla, puesto que habitaban en la casa de al lado. La hacienda de la ermita generaba cien cántaras de vino y diez y seis fanegas de trigo, con lo que había suficiente caudal para afrontar esos y otros gastos.

El excesivo celo de las autoridades del obispado porque las obras no se dispararan en costos y fueran asequibles a las economías de cada pueblo, exigió un informe de valoración del costo de las obras. La de carpintería la hizo Joseph de Landa, carpintero ocasional en la villa que valoró la obra según el proyecto en 300 ducados. La parte correspondiente a la albañilería estuvo a cargo de otro cantero local: Juan Armona, quien tasó el hacer una capilla de media naranja donde está la imagen, ladrillarla y lucirla, junto con la obra del coro en 1.200 ducados. En total una obra de 1.500 ducados.

Se hicieron cálculos y se pensó que se podría financiar esta importante obra vendiendo las heredades de la propia ermita que eran 22 fanegas de sembradura, 12 obradas de viña y 76 pies de olivo en 19 heredades distintas. Todas eran donaciones y cesiones testamentarias de devotos. Las más atractivas para la venta: 7 obradas de viña y 13 pies de olivo en Reoios, y 5 fanegas en La Salobre, que entre las dos podrían valer 130 ducados.

El 6 de Mayo, el pregonero público Tomás Fernández, en alta voz pregonó estas heredades para quien quisiera comprarlas. Ese mismo día se alzaron las primeras posturas a cargo de propietarios locales como Manuel de Arenzana, alcalde, Don Francisco Navarrete, Juan de Viñaspre, el clérigo Don Pedro Ibáñez, Juan Pérez Zuazo y otros. Los acuerdos no se cerraban en el primer pregón. A los cuatro días se volvió a publicar en alta voz y dentro de la propia ermita. Hasta hubo un tercer pregón mandado por el Santo Oficio de la Inquisición que se hizo tras las fiestas patronales de Santa Isabel. Solía terminar la puja con una frase muy típica: ”… A la una, a las dos y a la tercera pues que no hay quien dé más, que buen provecho le haga al susodicho con ella”.

Las obras también salieron a subasta. La de la madera se hizo el diez de mayo en la propia ermita por primera vez y un mes más tarde se repitió el acto. Pujaron el propio Francisco Segurola y el carpintero residente en San Vicente de la Sonsierra, Martín de Anguiozar. Consiguiéndola el primero por un precio de 6.270 reales.

Otro tanto ocurrió con la cantería, poniendo las mejores condiciones Francisco de Hueto, estante en el pueblo y oriundo de la Trasmiera cántabra quien se comprometió a hacer la obra por 9.500 reales.

 

 

 

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1783.- El VESTIDO QUE ENCARGO D. VICENTE RUIZ DE UBAGO Y BUSTO PARA LA VIRGEN DE LA PLAZA

 

XX.mendearen erdiraino “Enparantzako Birjina”-k zeraman mantua, Don Vicente Ruiz de Ubagoren 1783ko bere testamentuko enkargua izan zen.

 

En la década de 1960 se hizo la gran transformación de la imagen de la Virgen de la Plaza al despojarla de sus vestiduras y alhajas y mostrarla como originariamente se concibió. Esa acción llevó consigo el restaurar la talla de madera, con sus deterioros ocasionados por el transcurso del tiempo y por la cantidad de agujeros en la madera, fruto de alfileres y clavos que se utilizaron para sujetar los ropajes, coronas y rostrillos. Tras un trabajo minucioso de restauración de la madera dañada, se policromó la efigie tal y como la conocemos en la actualidad. Cuando regresó la imagen al pueblo, el cambio suscitó críticas entre la población, acostumbrada a verla con sus distintas ropas y a retener en sus retinas solamente el rostro y las manos de la Virgen y del Niño, ya que el resto de la talla estaba siempre cubierto por distintas vestimentas.

La Virgen disponía de varias ropas según la ocasión. Incluso disponía de un vestido pintado, seguramente fruto de algún artista devoto. Uno de los vestidos procesionales más lujosos es el que mandó realizar Don Vicente Ruiz de Ubago y Busto en su testamento,allá en 1783.

Don Vicente Ruiz de Ubago y Busto nació en Elciego el 4 de mayo de 1722, siendo el primogénito de una numerosa familia; y como tal se hizo cargo de uno de los mayorazgos más importantes de la villa. Los Ruiz de Ubago tenían varios mayorazgos y vínculos que fueron fusionando y creando los distintos protagonistas desde que Elciego se conoció como Villa. Heredó de su padre Don Vicente Ruiz de Ubago Maridueñas el vínculo tradicional familiar al que sumó el de su tío Don Francisco. En su persona se concentró el mayor patrimonio local de los Ruiz der Ubago; al que sumó el correspondiente a su matrimonio en 1754 con una de las hijas más acaudaladas de la Villa: María Luisa Teresa Ramírez de la Peciña Ervite y Undiano.

En su testamento de 1783, año en que falleció, tuvo muy presente a la Virgen de la Plaza. Tanto es así que concibió la idea de que se fundara en la ermita un convento de religiosas Brígidas para perpetuar la protección de los poseedores del Mayorazgo y la obligación de rezar las misas y las octavas correspondientes a las cuatro festividades de la Virgen: la del Carmen, la Asunción, la Natividad y la Purísima Concepción.

La idea del convento anexado a la ermita la concibió en un momento de explosión religiosa en torno a la Virgen de la Plaza, puesto que pocos años antes se había erigido la nueva basílica (1766).

Su pensamiento caminaba por una era  llamada de “las de arriba” contigua al mesón de la Calle del Norte y que Matías Ruiz de Escudero había dejado en herencia a su hija María Paula. Ésta ingresó de novicia profesa en el Convento de las Madres Brígidas de Lasarte, a las que dio como dote esa era. Allí, pensaba el bueno de Ruiz de Ubago, se podría levantar un convento cuyos gastos correrían a cargo del Mayorazgo y la distancia con la Basílica era de pocos metros. Ese mismo año las Brígidas vendieron el terreno a D. Joaquín Martínez de Villarreal que disponía de otra era contigua por 300 reales, con lo que la idea del Convento quedó únicamente en el Testamento de Don Vicente.

 

Lo que sí se cumplió con inmediatez por sus cabezaleros fue el mandato de que “se le haga un vestido decente “ a la Patrona. Sólo tardaron cuatro meses en cumplir la voluntad del Ruiz de Ubago en confeccionar un vestido de tapicería de los llamados “espolín”, con sus flores bordadas, esparcidas y trabajadas en la seda. Se pagaron por el vestido 416 rs y 6 maravedíes, por los jornales de los sastres y la compra de la tela. El forro y las cintas que adornaban la prenda se tomaron directamente de telas que había en la casa de los Ruiz de Ubago. Seguramente el sastre local, Joaquín Baldelana, participaría en dicha confección.

(Una de las últimas procesiones de la Virgen con vestido, a finales de la década de 1950. Fotografía cedida por los herederos de Luis Bañares Perez Del Val)

 

 

 

1868 Poesía a la Virgen de la Plaza, por Juan María Sáenz de Navarrete

Juan María Saenz de Navarrete Murga, azken bi mendeetako Saenz de Navarretetarren hiribildu honetako amankomuneko enborra da. Utzitako dokumentuen artean, “Enparantzako Ama Birjinarentzako” olerkia zaharrenetariko bat da.

   Juan María Sáenz de Navarrete Murga ( Los Arcos de Navarra 1816- Elciego 1890 ) es el tronco común de todos los Sáenz de Navarrete de nuestra villa en estos dos últimos siglos. Era uno de los tres hijos del matrimonio de Juan Bautista Sáenz de Navarrete Izco  (Elciego 1786-1834) y de María del Carmen Murga Zaldúa (Bilbao 1798- Elciego 1855), quienes contrajeron matrimonio en Elciego en 1815. Fue Alcalde de nuestra villa en 1846 y 1847.

Reunió en torno a él la herencia de sus dos hermanos, ya que fue el único que tenía descendencia a través de sus hijos Leonor, Sofía, Francisco Javier, Gerardo, Alvaro y León. A la generosa herencia de su familia unió la parte que le correspondió por su matrimonio en 1842 con María de los Dolores Ramírez de la Piscina Martínez de Villarreal, teniendo una de las haciendas más importantes de la villa en la segunda mitad del XIX.

A pesar de tener numerosas tierras, rebaños, censos, posesiones en distintos lugares…no tomó parte en la modernización del vino riojano en la década de 1860. La temprana muerte de su esposa a los 38 años y dejándole al cargo de sus seis hijos, le sumió en una obsesión con el reparto de los bienes familiares, la religión y la muerte; temas que canalizó en la construcción de versos y escritos.

Conservamos de él tres libritos de dificultosa lectura y con unos temas muy obsesionados con la religión y la muerte..

  • Poesías Morales (publicado en 1868 en la imprenta vitoriana de El Semanario Católico Vasco-Navarro)
  • El Cerro del Espinal, cuento moral ( impreso en 1881 en Logroño en la imprenta de Federico Sanz)
  • Meditación Cristiana ( impreso en Logroño en 1888 en la Imprenta de Merino)

Descendiente de él fue Teodoro González Sáenz de Navarrete, quien siempre tuvo presente a su antepasado en sus poesías y en su pensamiento.

En la autoría de los libros figuraba como Juan María Navarrete. Un mandato del Provisor de la Diócesis de Vitoria con fecha 27-08-1883 indica que el apellido a utilizar es Sáenz de Navarrete

 

 

 

 

No bien la brillante aurora

Con sus albores de fuego

Los chapiteles colora

De los torreones de Elciego,

Cuando se oye la sonora

Campana que llama al ruego

En el día que festejan

Los habitantes de Elciego

A la Vírgen de la Plaza

Sus delicias y consuelo;

La alegría entra en las casa,

Todo entonces es movimiento

Pues para su vecindario

Es un día de contento;

Parece que suspendidas

Quedan sus penas un tiempo,

Parece que el regocijo

Se ha infundido en todos ellos;

¿Quién habitó estas orillas

Que a esta Vírgen en sus duelos

No la llamó? ¿quién rogara

Sin hallar su valimento?

Bella imagen de la Plaza

La protectora de Elciego

Que la gran Madre de Dios

Recuerdas en este pueblo,

Para sus vecinos tú eres

El más poderoso esfuerzo

El alma de sus empresas

El corazón de sus hechos;

De ti esperan, Vírgen santa,

Para sus males remedio

Para su aflicción amparo

Para sus penas consuelo;

Oyendo tu hermoso nombre

Nacen los hijos de Elciego,

Mamando lo oyen de niños

Y conforme van creciendo,

Bella imagen de la Plaza,

Tú te imprimes en sus pechos;

Tú tienes su corazón

Tú mandas sus pensamientos,

Tu nombre amoroso invocan

Al verse en cualquiera riesgo,

Y tu nombre necesitan

Cual si fuera un alimento;

A porfía se disputan,

El servirte todos ellos.

Parece que se delira

Al tener de ti un recuerdo,

Y sufrirán privaciones

Por presentarte un obsequio

Hasta el más pobre, Señora,

De albacas florece un tiesto:

Tu imagen es, Vírgen santa,

Sus glorias y su embeleso,

Su alegría animación,

Gozo, delicias, contento,

Sé pues, Vírgen de la Plaza,

Favorable a los de Elciego

Cuando contritos te pidan

En sus inocentes ruegos;

Y vosotros, que tenéis

Tal tesoro en vuestro pueblo,

Festejad siempre a esta imagen

Con fervoroso respeto:

Que la Virgen de la Plaza

Dará, sí, a los de Elciego

Cuanto contritos le pidan

En sus inocentes ruegos.

Juan María Sáenz de Navarrete Murga

1783.- La Corona de Plata de la Virgen de la Plaza

Antzineko Enparantzako Ama Birjinaren itxura ez zen orain ezagutzen duguna

imagen-virgen

Tras la finalización de la construcción de la nueva ermita de la Virgen de la Plaza, ahora denominada en numerosos documentos como Basílica,  se acomete la obra de ornamentación y decoro del interior. Así en 1768 se fabrica el retablo central y los dos colaterales y al finalizar ese mismo año se le encarga la construcción de un órgano nuevo al afamado organero Gasparini, como dos elementos centrales de esta nueva fase.escritura

La gestión de recursos  que han ido aportando los vecinos, fundamentalmente a través de las heces de los suelos de los vinos, van generando un remanente para seguir decorando y ornamentando el templo. Es  Francisco Xavier Zárate y Vicuña, natural de Navarrete y casado en 1752 en la villa con Petronila Navarrete Urbina , quien en 1783 se encarga de la recaudación de los haberes y caudales de la Basílica de Nuestra Señora. Su interés es invertir en “las cosas más precisas y necesarias para su adorno”; por lo que decide encargar “una Corona de Plata Imperial para dicha Santa Imagen”.  Para ello se ponen en contacto con uno de los maestros plateros más reconocidos en la zona: Pablo Zaporta.

El orfebre logroñés les propone a través de una traza, la fabricación de una corona y un rostrillo para la imagen de la Virgen,  y otra más pequeña para la efigie del Niño. La corona imperial tendría un peso aproximado de 80 onzas de plata, más o menos.coronas

El compromiso se define en un documento oficial ante el escribano local Manuel Ramírez el 4 de mayo de 1783. En él se reflejan las siguientes condiciones:

1.-Se ejecutarán dos coronas de plata, teniendo la de la Virgen un peso aproximado de 80 onzas de plata, siendo las del Niño una correspondiente al peso de su Santa Imagen. El rostrillo también ha de ser de plata. Por cada onza de plata se abonarán 26 reales, aparte de otros 6 por el trabajo realizado en cada onza.

2.- Se han de ejecutar con arreglo a la traza y diseño que ha presentado Pablo Zaporta y estarán concluidas para el 1 de septiembre de ese mismo año. Se le pagará en dos plazos: uno de 1.200 reales en el mes de mayo y el resto a la entrega.rostrillo

La traza, que no se conserva en las documentaciones, llevaba unos detalles apuntados en el dibujo y explicados al margen a través de un Abecedario

A.-Es la bola viva, como demuestra y corresponde.

B.-Son las cartelas que forman los imperiales con la lado correspondiente a los colgantes de Laurel picados que demostrará la letra D.

C.-Son los Campos picados con dos diferencias que imitarán una labor amanforada, siguiendo simetría el uno al otro.

D.-Son los colgantes de Laurel que demuestran estar colgados de sus aldabones

E.-Son Campos picados de mate para que hagan resaltar a la demás labor

F.-Serán piedras de plata que imitarán al Diamante y en caso de que los campos picados de mate o manforados pareciere mejor, echar alguna diferencia entre ellos, lo podrá hacer el referido maestro sin que en esto se le ponga reparo alguno.

firmas

litografia-de-1843(Detalle de una litografía de 1844 donde se aprecia la Virgen con el rostrillo)

AHPA Archivo Histórico Provincial de Alava 1783 Manuel Ramírez Prot. 7756

Un 8 de septiembre de la década de 1940

Datua zehaztu gabe, Enparantzako Birginaren Amaren Eguneko argazkia, dudarik gabe.

plaza-elciego-antigua-2

Sin poder datar con detalle la fecha de esta foto, nos atreveríamos a decir que es un día de la Virgen de Septiembre de la década de 1940. Las luces en la fachada de la ermita, músicos de la banda tomando lugar en la parte izquierda de la foto, la procesión saliendo de la ermita, los trajes de un gran día de fiesta…todo apunta a un 8 de septiembre de uno de esos años

plaza-de-elciego-antiguaEs muy posible que las dos fotografías sean dels mismo día

Fotografías cedidas por la familia Bañares.

1844.- Litografía de la Virgen de la Plaza

Oso irudi zoragarri eta baliotsua da gaur ekarri duguna gure blogera.

Litografía

La aportación de esta estupenda litografía se la debemos a nuestro vecino Paco García Basoco.

Está realizada en la Imprenta de Egaña, el pionero en la utilización de la litografía en Vitoria en la década de los años 1840. Parece ser que fue un encargo del propio Ayuntamiento de Elciego por la inscripción que aparece en su base:

 

Imprenta y Lit de Egaña y Compañía                                            Vitoria año de 1844

Verdadero retrato de la aparecida imagen de N.S. de la Plaza que se venera en su ermita de la villa de El Ciego en la M.N. y M.L. provincia de Alava, dedica a esta inmaculada Reina y Señora este corto obsequio su más humilde esclavo el Ayuntamiento de dicha villa. El Ilmo Sr. Don Francisco Aguiriano, Obispo de Calahorra y La Calzada tiene concedidos 40 días de Indulgencia a los fieles que devotamente rezaren una Salve o Ave María delante de esta Santa Imagen.

 

El cementerio medieval de la Plaza Mayor

Enparantzako Ama Birjinaren Baselizaren aurrean bere garaian hilerri bat izan zen. Gaur egunean kondaira bat besterik ez da.

tumba_plaza_elciego_1981

    (Fotografía proporcionada por Jose Ramón Elorriaga Zubiaurre)

  Al final del medievo, el asentamiento de población que existía en la pequeña colina en la que hoy en día está asentado Elciego, estaba diferenciado por dos pequeños “barrios”; cada uno con su pequeña ermita donde realizaban el culto religioso. Uno podríamos situarlo en la parte superior del pequeño montículo y que tendría su pequeña ermita bajo la advocación de la Virgen María. El otro, más orientado en la falda de la colina hacia el río, tendría su pequeña ermita bajo la advocación de San Andrés. Los exteriores de estos pequeños edificios religiosos eran los lugares destinados al enterramiento de las personas fallecidas.
Esta pequeña aldea estuvo vinculada y fomentada por el Fuero de Laguardia, dado en 1165 por el rey navarro Sancho VI y perteneció a la Tierra y Villa de Laguardia hasta 1583. Este acontecimiento civil que supuso el paso de aldea a “ villa de por sí”, estuvo acompañado de otro muy importante en la vertiente religiosa: la edificación de la Iglesia Parroquial de San Andrés. La construcción de este soberbio edificio en torno a la ermita de San Andrés, se inició en el segundo tercio del siglo XVI ; finalizándose en la segunda década del siglo XVII. Esta nueva construcción, que concentró en sí el culto religioso y parroquial de la aldea creciente, no impidió que la advocación de la Virgen siguiera teniendo su parte activa en la villa; hasta el punto de pasar a denominarse la Virgen y su templo como “De la Plaza”.
Con el nuevo templo parroquial de San Andrés, el entierro de los difuntos de la villa se fue realizando dentro y fuera de este nuevo edificio; abandonando los entierros que se venían realizando en el de la ermita de la Plaza. Esta práctica se mantuvo hasta 1810, donde se construyó a las afueras del pueblo el actual cementerio o camposanto.
El documento más antiguo del que tenemos conocimiento y en el que se hace referencia a este cementerio de la plaza, está fechado en 1578. Pertenece a los registros de fábrica de la Parroquia . En la Visita pastoral de la Diócesis de Calahorra que realiza este año a la Parroquia, aún en obras, dice:sepulturas plaza 1578
Otro sí mandó su merced al cura Juanes Iñigo Nabarrete que ponga los mojones en el cementerio de nuestra Señora ermita que está en la plaza del dicho lugar conforme a las sepulturas y por los amojonamientos por donde antes como queda visto y averiguado lo que haga dentro de un mes so pena de suspensión”.
Treinta años más tarde, en la Visita de 1607, vuelve el Visitador a reclamar el respeto a ese lugar sagrado señalado por los mojones.1607 Visita, cementerio Plaza

..que junto a la ermita de Nuestra Señora de la Plaza de los mojones adentro que es lugar sagrado suelen los vecinos de la dicha villa jugar a la calva..y a gramar cáñamo y majar lino siendo como es muy grande indecencia que en lugares sagrados se hagan semejantes juegos de donde podrían resultar pendencial y riñas de que podría violarse el dicho lugar sagrado”

Las próximas visitas pastorales seguirán hablando en múltiples ocasiones de la ermita de la plaza; pero ya no van a hacer referencia a ese lugar sagrado exterior, marcado y amojonado donde se utilizaba como cementerio.
Cuando se realizó la última reforma del suelo de la plaza mayor en 1981, se pudo comprobar la existencia de ese cementerio medieval . El testimonio gráfico que nos dejó en su día Joserra Elorriaga,  nos sigue recordando que en la parte norte de la plaza, en el exterior de su ermita, descansa eternamente una parte de la población de la antigua aldea.

1709 Inventario de las Alhajas de la ermita de Nuestra Señora de la Plaza

Enparantzako Ama Birginaren Baseliza beti egon da oso ondo ornituta liturgia ospakizunetarako. 1709 urteko dokumentu batean agertzen da ze bitxiak edo liturgiarako soinekoak erabiltzen zituzten.

Imagen antigua

En este documento de 1709 del escribano José Ramírez que se conserva en el Archivo Histórico de Alava  (Protocolo 8259) se detallan las joyas y vestimentas que había para el culto y el ornato en nuestra ermita de la Virgen de la Plaza. La mayoría eran vestimentas que utilizaban los clérigos para los oficios litúrgicos, otras eran para el adorno y hornato de la propia imagen y otras de metales preciosos que aún se conservan. Un documento curioso que ahí queda registrado para el enriquecimiento de nuestro patrimonio histórico y cultural.

Cabeza documento

“En la Villa del Ziego a primero día del mes de octubre de mil setecientos y nueve años los Señores Don Juan Bautista Ramírez de la Peciña Alcalde ordinario en ella y su jurisdicción por su Majestad por el estado Noble, Don Fernando Ibáñez de Medarano y Don Gaspar de Navarrete, Regidores Perpetuos y Don Juan de Arenzana Procurador general y patronos de la ermita de Nuestra Señora de la Plaza en representación de esta dicha villa dijeron ha nombrado por Mayordomo de los efectos de ella a Joseph Sáenz Navarrete y para que en todo conste los bienes y alhajas de la dicha ermita, acordaron se haga inventario de ellos el cual se pasó en la forma siguiente:
– Primeramente un cáliz con su patena y cuchara de plata
– Un plato con dos vinajeras todo en plata
– Dos misales
– Un niño Jesús de bulto
– Cuatro corporales con dos bolsas de raso
– Otros corporales sin palia ni bolsa
– Una casulla de tafetán morado con su estola y manípulo
– Otra casulla de raso blanco y verde con su estola y manípulo
– Otra casulla de chamelote negro con su estola y manípulo
– Otra casulla de castalufa colorada con manípulo y estola
– Otra casulla de raso verde con flores doradas con estola y manípulo de lo mismo
– Otra casulla de damasco carmesí con su estola y manípulos
– Otra casulla de raso de todos colores con estola y manípulo
– Una casulla de chamelote blanco sin estola ni manípulo
– Cuatro albas buenas
– Un cínculo bueno
– Tres amitos
– Otros dos cíngulos con sus borlas
– Unos corporales con su palia y bolsa
– Un vestido para Nuestra Señora de raso de plata encarnado
– Un joyel de plata sobredorada
– Otro vestido de raso de plata encarnado
– Otro vestido de damasco nácar
– Otro vestido de chamelote morado
– Otro vestido de raso de plata color de perla
– Otro vestido con su manto de raso de plata y de todos colores
– Otro vestido de damasco blanco
– Una saya de la dicha imagen de damasco verde
– Un manto de tafetán blanco doble con encaje negro
– Otro manto de raso encarnado y forrado de tafetán dorado
– Otros tres mantos, uno azul, otro colorado y otro amtiado (¿) todos de tafetán sencillo
– Otro manto de tafetán blanco con punta de plata dorada
– Un velo de cáliz de raso de todos colores forrado con tafetán pajizo
– Otro velo de cáliz de raso de todos colores
– Otro de tafetán sencillo verde
– Otros dos de tafetán morado
– Otros dos blancos de tafetán doble

Imagen Cristo
– Una palia de tafetán encarnado con puntas blancas de hilo
– Otra palia de tafetán carmesí con punta de plata
– Otra palia de tafetán colorado con encaje de Hilo
– Tres palias de lienzo antiguas
– Dos palias muy viejas
– Una cortina de raso de puntas con punta de seda negra
– Otra cortina de toca de reina con cintas azules
– Otro velo de chamelote blanco con su fenefa cosido todo con galón de plata
– Un frontal de raso de todos colores con sus frontales de damasco carmesí forrado en lienzo
– Otro frontal de pintura con su marco y en el mismo otro de damasco color nácar guarnecido con hilo de plata
– Otro frontal con su marco de raso de colores y a la vuelta otro de raso amusco con sus guarniciones de hilo de plata dorada

Marcos
– Otro frontal con su marco de damasco blanco y colorado y a la vuelta otro de chamelote morado
– Doce tablas de manteles para el altar
– Dos adrezos de puntas para el adorno del altar
– Unas arranas de plata
– Dos coronas de plata para la Virgen y el Niño

Coronas
– Dos relicarios
– Un rosario de cristal
– Una lámina de San Pedro
– Una cortina de toca de reina con guarnición de plata falsa
– Una cadena de metal color amarillo
– Un espejito pequeño
– Una toca hecha de piedras de distintos colores para la dicha imagen
– Un florón hecho de monjas para la dicha imagen

Sin títuloCorona
– Unos vueltos de encajes blancos y corbata para el niño
– Tres tablas para el altar para el evangelio, credo y gloria con sus marcos de madera plateado
– Una cenefa azul guarnecida con punta de seda negra
– Una cruz de madera para el altar
– Seis candeleros de madera
– Dos hacheros de madera
– Un atril para el altar
– Una campanilla de metal
– Una sobrepelliz de bretana
– Dos terciados uno blanco y otro colorado

Relicario
– Veinte y dos florones de diferentes colores
– Dos rosario el uno de hueso blanco y el otro de hueso color morado y otro de puentecillas blancas
– Una toca para Nuestra Señora con cuentas blancas y oro
– Una Santa Teresa hecha de monjas y un relicario pequeño hecho de monjas
– Otro relicario pequeño hecho de monjas, y cinco relicarios de bronce esmaltados
– Cuatro láminas pequeñas con la pintura de Nuestra Señora de la Soledad
– Cuatro laminitas hechas de monjas
– Otra lámina pequeña con la pintura de Nuestra Señora de Belén
– Una pera pequeña con su cerco de plata y dos piedras
– Una joya con la pintura de Nuestro Señor con su cerco dorado feligranado y aljofas y piedras verdes
– Otra joya con el nombre de Jesús con su cerco de plata
– Un espejo pequeño con su cerco de bronce
– Una joya con el Espíritu Santo con su cerco de plata
– Dos joyas de plata pequeñas
– Seis ramos hechos de monjas para el adorno del altar
– Un frontal de catalufa viejo
– Un paño de manos
– Nueve pañuelos de vinajeras
– Un espejo mediano para la sacristía
– Un plato de peltre (¿)con vinajeras de vidrio
Todas las cuales dichas alhajas son las que se hallaron en la ermita de dicha imagen las cuales le fueron entregadas a Joseph Sáenz Navarrete quien habiéndose apoderado de las dichas alhajas y entregado y de ellas otorga carta de pago en forma y se obligó con su persona y bienes muebles y raíces habidos y por haber a que dará cuenta de todas ellas siempre que le pidan pena de los daños y para ellos le conpelan dio poder a las justicias y jueces de su Majestad competentes a quien conforma a derecho se debe someter sobre que renunciando las leyes fueros y derechos de su favor con la general en forma y así lo otorgo y firmo junto con los dichos señores patronos siendo testigos Martín de Aréjola, Sebastián de Medrano y Ramírez, vecinos y naturales de esta dicha villa y en fe de ello firmo yo el escribano”
Firmas

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