LA CONSTRUCCIÓN DE LA ACTUAL ERMITA DE LA VIRGEN DE LA PLAZA (1763-1765)

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Octógono central del suelo al levantar el entarimado,  remarcado con líneasFila de losas desde el octógono central a la pilastra

 

 

 

 

 

 

Con motivo de tener que retirar el entarimado del suelo de la Ermita de la Virgen de la Plaza, hemos podido comprobar cómo era su enlosado original. Como era lo habitual en épocas anteriores, el suelo del edificio era de piedra. En el caso de nuestra ermita, un pequeño octógono en el punto central con ocho hiladas (una hasta cada pilastra), embellecía y remarcaba el nuevo diseño del edificio.  Este regreso visual en el tiempo, lleno de curiosidad y de respeto, es buen motivo para retomar todo el esfuerzo que la Villa hizo en la construcción del actual edificio.

La devoción religiosa de nuestro pueblo a la Virgen María en el lugar donde está ubicada su actual ermita, viene reflejada en los primeros documentos escritos  del Archivo Parroquial.  El dato más antiguo que conocemos es el de la Visita Diocesana de 1553 donde se prohíbe a la población que juegue en el cementerio de la Ermita de Santa María. Elciego está asentado en una colina donde hasta el siglo XVI contaba con dos ermitas: una en la parte más baja y cercana al río bajo la advocación de San Andrés ( sobre la que se va a ir construyendo en esta época la actual Iglesia Parroquial ) y otra en la parte alta del montículo dedicada a la Virgen María. No sabemos si este edificio, ya presente en el siglo XVI  y que acogía la actual imagen de nuestra Patrona, es el originario; pero bien podría serlo.

Traza de la obra de 1666Traza del techo de la obra de 1666

 

 

 

 

Los documentos nos indican que en la década de 1660 se hizo una importante reforma en la primitiva ermita, tanto en obra de cantería como en la del tejado, con su correspondiente artesonado. Es la época en la que también se trabaja lo que luego sería la Casa Consistorial; concretamente en 1663 Bernardo Elcaraeta esculpe el actual escudo de armas del Ayuntamiento, antes de iniciar su trabajo en el retablo de la Iglesia Parroquial. Es también la época en la se comienza a perfilar  el trazado urbanístico del pueblo teniendo como centro la que comienza a ser la Plaza Mayor, de la que radiarán sus cuatro calles centrales (N: calle del Norte; S: calle del Barco; E: calle de San Andrés y O: calle de Santa Cruz). Creemos también que en esta mitad del siglo XVII es cuando la imagen y su ermita toman su actual denominación de “Virgen de la Plaza”, al estar ubicada en ese lugar.Pila de agua bendita de 1728

También tenemos constancia de que un siglo más tarde, a comenzar el año de 1762 el edificio estaba en estado ruinoso y tenía peligro de derrumbe; por lo que se consideró que la imagen de la Patrona se trasladara a la Iglesia Parroquial y que se planteara la construcción de un nuevo edificio. Así lo refleja el acta del Visitador Diocesano de 1763 en el que manda al Concejo, Justicia, Regimiento y vecinos que repongan el edificio porque está obligado a ello “como tal Patrona”.

El Alcalde en 1763 Joseph Ibáñez de Medrano, junto con sus regidores Juan Joseph Ramírez de la Peciña, Andrés Baldelana y Francisco Arrúbal, convocan al pueblo a una reunión para tratar la manera de cómo acometer tan importante obra.  Más de cien vecinos varones acudieron ese 13 de noviembre de 1763 a la convocatoria de sus autoridades locales adoptando las siguientes decisiones:

  • Es necesaria la demolición del edificio y construir otra ermita de nueva planta. La Villa no tiene caudales y la cosecha de uva de 1762 ha sido la mitad que la de los años anteriores; pero el Pueblo por “la grande devoción que tiene a dicha Santa Imagen en quien tiene asegurado su Patrocinio en todas sus necesidades como lo tiene de experiencia y esperanzados todos sus vecinos que por su mediación e intercesión han de hallar el Socorro en sus urgencias y necesidades espirituales y temporales han deliberado el que reedifique dicha ermita y haga de nueva planta tomando el dinero necesario al empréstito o a censo y para ello hipotecan los propios y rentas de esta villa y los suyos para su ejecución.”
  • Crear una Comisión integrada por tres personas que lleven toda la representación del pueblo para la toma de las decisiones hasta que finalice la obra. Los Alcaldes y regidores cambiaban anualmente y la experiencia última del dorado del Retablo de la Iglesia, donde se creó una comisión para su gestión, estaba aún en el recuerdo de las personas mayores.  Los comisionados fueron Juan Prudencio Sáenz de Navarrete, Juan Joseph Ramírez de la Peciña Y Francisco Xavier de Zárate y Vicuña. Tres personas con buena formación y pertenecientes a las familias más pudientes de la Villa.
  • El Ayuntamiento pone sus bienes a disposición de la obra, tanto para recaudar dineros de los remates como para poner avales para la hipoteca o censo que se tome. Los remates del Ayuntamiento eran la Correduría de Vinos, la Taberna, el Barco, los Hornos, el Molino y el Mesón. Como bienes a hipotecar,  pone la mayor viña de la jurisdicción: 200 obradas en el Encinal. Otros bienes colectivos fueron una viña en Edesilla de 27 obradas, otra de 17 obradas en el Prado, una pieza de 12 fanegas junto al pueblo (la denominada posteriormente Pieza de la Villa) y otra pieza en Edesilla de 11 fanegas. Aparte pone a disposición los dos montes propios de la Villa: el monte de Edesilla y el de Andamuro.
  • La voluntad popular de participar en esta obra y la necesidad real de obtener dineros por medio del préstamo o censo para costearla, animó a que 92 vecinos adquirieran el compromiso de hipotecar 717 obradas de viña para la obtención del empréstito.  La concentración de la propiedad de la tierra en unas pocas familias  queda reflejada  en el documento original, donde se nombran todos los vecinos y cuántas obradas dispuso cada uno.  En este listado 8 vecinos tenían la propiedad del 37% de lo dispuesto ( viñas de 60, 40, 30 y 20 obradas). Los 74 vecinos restantes pusieron sus modestas viñas y majuelos de 1’5, 2, 3,… obradas.
  • 59 vecinos se comprometieron a aportar reales en efectivo de sus escasos ingresos. 14 adquirieron el compromiso de dar de una vez un total de 315 reales. Otros 45 vecinos se comprometieron a pagar distintas cantidades ( 2, 4, 6, 8, …reales) cada año que durase la obra.
  • El compromiso de la población fue aún mayor, ya que autorizaron a los señores Comisarios “ a la cobranza de medio real por cada carga de uva de todas las que cogieren los otorgantes en sus viñas y han cogido en este presente año”. Lo mismo hicieron con las heces de los vinos, que se cedieron las de ese año y las de los siguientes  para costear la nueva edificación mientras continuase la obra.Ermita a principios del siglo XX (Foto cedida por la familia Bañares) (2)

Intensa y bien organizada debió de ser esa multitudinaria reunión de los vecinos para llegar a semejantes acuerdos. No debemos olvidar que en ese siglo XVIII la ostentación de cargos y representaciones legales corría a cargo de los varones; detalle éste que nos sirve para enlazar con el interesante dato de que a los tres días, el 16 de noviembre, 15 viudas de la villa y propietarias de viñedos, se presentaron ante el escribano y redactaron un documento en el que ellas también autorizaban a los Comisionados al cobro de medio real por cada carga de uva que recogieran en sus viñedos y a la disposición de las heces o suelos de sus vinos.

Los comisionados trabajan en su cometido  y preveen unos gastos totales de la nueva ermita de tres mil ducados ( 33.000 reales de vellón).  Su labor es concienzuda y rápida, ya que en tres meses (febrero de 1764) tienen resueltos los dos grandes bloques necesarios para el inicio de la construcción de la nueva ermita: la adjudicación de la obra (con su correspondiente trazado y plan de ejecución) y la consecución de los dineros necesario para financiar el proyecto.

El primer bloque queda reflejado en un documento denominado Reflexiones y método que se ha de observar para la ejecución de la ermita” indicando las condiciones para su ejecución. Participa en su elaboración el maestro arquitecto y cantero Bernardino Ruiz de Azcárraga, residente en Cenicero y autor de numerosos trabajos importantes en Elciego. En ese documento se ponen las siguientes condiciones:

  1. Se ha de desmontar la fábrica antigua, pudiéndose aprovechar la piedra labrada. Es curiosa la condición de que la piedra reutilizada que hubiera estado en la parte sur y oriente del anterior edificio, se ha de emplear en la parte norte y poniente del nuevo.
  2. En la nueva planta se reducirán ocho pies en su trazado longitudinal, dándoselos a la calleja y a la Calle del Norte.
  3. Los cimientos se han de profundizar seis pies de la superficie o hasta encontrar cimientos sólidos como roca. Tendrán cinco pies de ancho hasta la superficie.Ermita a principios del siglo XX (Foto cedida por la familia Bañares)

Toda la fábrica se ha de ejecutar de piedra de sillería trabajada a picón y se cambia el diseño rectangular y alargado del edificio por otro octogonal, más elegante y señorial. También más acorde con nuevos estilos artísticos, capacidad  y dando mejor respuesta a intereses particulares, como es el plantear que su nueva planta “será escodada en la parte de Oriente” ( mejorando el arranque de la calle del Norte desde la propia Plaza Mayor). De este nuevo diseño sale el popular “ochavao”; clásico rincón de cobijo y resguardo de nuestros mayores, única manifestación exterior de la planta octogonal de la ermita y que entre otras cosas da también respuesta arquitectónica a la mejora de las vistas a la Plaza Mayor de la casa palacio de uno de los comisionados, construida medio siglo antes.  Contará  la nueva ermita con una sacristía, como no podía ser de otra manera.

  1. La Villa pondrá toda la cal, arena y madera para andamiaje al pie de la obra. Así como también  “dará pastos, canteras  y aguas libres al maestro” que ejecute la obra.
  2. La espadaña también ha de ser de piedra de sillería
  3. El remate del alzado tendrá cinco óvalos, siendo el importante el que acoja la imagen de la Patrona.
  4. Los alzados de los colaterales tendrán la misma elevación que hasta el piso del coro
  5. Las pilastras de los ángulos seguirán “la orden Dórica, con todo su ornato del friso” y el grosor de las paredes, cornisa y frisos se ajustarán a los planos
  6. La obra se concluirá para San Juan de Junio del año 1765

El propio escribano local Fernández Munilla hizo carteles que se colocaron en Logroño, Nájera, Los Arcos, Oyón, Cenicero  y otros pueblos. También los pregoneros “ expresaron en voces altas e inteligibles diciendo cualquier persona que quiera hacer postura a la nueva fábrica de la ermita”. La adjudicación de la obra se hizo en acto público el 5 de febrero de 1764 bajo la dirección de los Comisionados. Allí pujaron maestos de obras que trabajaban en la zona como Martín de Albiz, Francisco Alejo de Aranguren,  Francisco Arguinzóniz, Joaquín de Yloro, Tomás de Mendarte, Joseph de Barinaga y Joseph de Arisita (vecino de Cenicero) quien finalmente asumió la obra de cantería por 24.600 reales. Arisita trabajaba directamente con otro importante cantero que residía en Cenicero, Bernardino Ruiz de Azcárraga, quien había participado en el diseño de la nueva ermita y quien gozaba de muy buena reputación en la zona y en la Villa por sus buenas construcciones de cantería (la casa Palacio de uno de los Comisionados, Francisco Xavier Zárate)

El otro bloque resuelto para febrero de 1764 era el de conseguir el dinero suficiente para pagar la obra. El 3 de febrero de 1764 los Comisionados firman un censo de 2.000 ducados (22.000 reales) con el Convento de Santa Clara de Vitoria. Como aval están las casi mil obradas de viña que el municipio y los vecinos se comprometieron a hipotecar y que con este préstamo debían afrontar la renta anual de 385 reales. Este pago no estaba exento si las viñas no trajeran “fruto por causa de niebla, agua, aire, fuerza de enemigos o por otros cualesquiera casos inopinados y de raro acontecimiento”. En el contrato hipotecario queda bien claro que esos “ bienes aquí hipotecados estarán siempre bien labrados, cultivados y reparados de lo necesario de tal forma que aprobarán en aumento y no en disminución” Plaza con quiosco  (Foto cedida por la familia Bañares)

La cal era uno de los compromisos de la villa con el maestro de obras. Así, a los pocos días (19 de febrero) los Comisarios se obligan con Matías Ruiz de Escudero a que éste fabrique 2.000 fanegas de cal viva de buena calidad a precio de dos reales y cuartillo por cada una de ellas. Deberán estar disponibles para el mes de mayo y los Comisionados se encargarán de transportarla desde las caleras.

Otro tanto ocurre con la fabricación de ladrillo, donde los Comisionados se obligan con Joseph Gonichea, vecino de Cenicero y maestro tejero en la Villa. Hará una hornada de ladrillo “del grueso y anchura del nuevo marco que se le entregare”, más 2.500 ladrillos del marco ordinario; teniéndolos disponibles para el 16 de agosto. Por cada millar del nuevo marco cobrará 87 reales y por el millar del ordinario 65 reales. El ladrillo deberá estar “bien trabajado y quemado a vista de maestros que se nombrarán por unas y otras partes, y para ejecutar la referida obra se le ha de dar tierra, agua y leña necesaria”. El maestro tejero también tendrá que aportar a la ermita sin interés alguno 300 ladrillos que elegirían los Comisarios.

La construcción lleva un ritmo acelerado y todo va según lo previsto. Así el 4 de junio de 1765 se entrega la obra de Cantería ante la presencia del Alcalde José Antonio Ramírez, los Comisionados y numerosos vecinos que acuden al acto. Presentes están también Joseph de Arisita y Bernardino Ruiz de Azcárraga, maestros en quienes se adjudicó la obra, y los maestros inspectores nombrados por una y otra parte para su reconocimiento y entrega: Juan Cruz de Irízar, vecino de la villa de Durango y Manuel de Gorbea, del valle de Ayala. Dijeron “que dicha obra se halla concluida y finalizada según la obligación de los dicho Maestros planta, alzado y condiciones de la escritura con toda perfección y arte, arreglo y seguridad y con aumentos y mejoras que han parecido necesarias para su mayor hermosura mejor aspecto y más lucimiento”. Estas mejoras fueron la portada, la espadaña para la campana, la coronación de los paños de la fábrica y la ampliación en la sacristía, que supusieron 5.400 reales de incremento a juicio de los inspectores; pero que finalmente acordaron entre ambas partes fuera de 3.500 reales.Imagen de la Virgen con vestido antes de la restauración

Tras la entrega de la obra de cantería de la nueva ermita en Junio de 1765, se van acometiendo los diversos remates de la obra, como pueden ser temas de carpintería, herrería, campanas, ventanales,….. Para ello se vuelve a firmar un nuevo censo hipotecario con el Convento de Santa Clara de Vitoria por mil ducados ( 11.000 reales) el 13 de agosto.

No sabemos cuándo regreso la efigie de la Virgen de la Plaza a su nueva basílica. Es posible que fuera al terminar todo lo que es la obra civil. También es posible que reutilizaran el anterior retablo baldaquino de la ermita vieja para colocar en su pedestal la imagen de la Virgen.  Este peculiar retablo baldaquino lo construyó Sebastián de Oyarzábal en 1650 cuando estaba trabajando en los colaterales de la Parroquia de San Andrés y por el que cobró 1.950 reales. Posteriormente lo doró Juan González de Salcedo en 1651 y cobró por su trabajo 1.500 reales. Un retablo de tan buen maestro, con el dinero gastado y con un siglo de duración creemos que intentarían mantenerlo, ya que su estructura no era nada complicada y estaba diseñado para la imagen de la Patrona. También de la ermita anterior se conserva la pila bautismal con la inscripción del año de 1728.

Rematada la construcción de la nueva ermita o basílica, los Comisarios ponen su atención en la ornamentación y decoro del nuevo templo , principalmente en los altares y en el órgano.

El Tabernáculo o retablo baldaquino para cobijar la imagen se lo encargan a Francisco Gurrea, afincado en Nájera, en 1768. Es muy posible que se le encargara a este maestro un diseño muy parecido al realizado por Sebastián de Oyarzábal un siglo antes. También es posible que Gurrea tomara toda la hornacina anterior, de buena calidad y muy presente en la memoria de los vecinos, y la acomodara al hueco del nuevo edificio con su base, arcos y ángeles propios de los nuevos gustos artísticos. Lo que sí percibimos es que el diseño actual coincide mucho en los detalles marcados con el contrato realizado con Sebastián de Oyarzábal.   No sabríamos precisar con exactitud si el retablo baldaquino es obra de nueva construcción de Gurrea o si éste utilizó buena parte del anterior. El que el contrato sea muy sencillo, también invita a pensar en esta reutilización o adecuación. Entre las condiciones aparecen  “…madera de pino…”, “…arreglar en un todo con sus medidas según la orden corintia de Biñola…”, “…debajo de dicho pedestral se hará otro pedestralillo…”, “…una caja para poner una reliquia con sus dos colgantes…”, etc…. Cobró por el retablo 4.700 reales de vellón en tres plazos. Ese mismo año realizó dos altares colaterales, de mucha menos dificultad y envergadura por el precio de 150 reales cada uno.

La otra gran obra para el interior de la ermita que realizan este año de 1768 es el encargo de un órgano a uno de los organeros más prestigiados de la zona, Andrés Gasparini, que había rematado en esos años el colosal órgano de la Parroquia de Briones. El instrumento es totalmente de nueva construcción y se convenían los Comisarios y el maestro organero para tenerlo listo en mayo de 1769 por el precio de 4.500 reales de vellón. El instrumento llevará caja conforme a traza, un secreto con no menos de 45 canales, nuevo teclado con 45 teclas de blog, dispondrá de octava, docena, quincena, novena, interdona,  cada uno con sus 45 tubos. Una joya musical que no ha llegado a nosotros, pero que sí queda constancia documental de la calidad del mismo.

 

En la Visita Pastoral del propio obispo de Calahorra en 1796 habla de la ermita, del órgano y de los altares. Apunta que el rostro de Ntra Sra y el Niño “son tan antiguos que necesitan se retoque en su pintura y encarnación…”

 Litografía

Esta es la crónica de la construcción de esta ermita o basílica, como se le denomina indistintamente en la documentación, que nos han dejado nuestros mayores. Un edificio fruto de la movilización popular iniciada por las autoridades civiles locales y dirigida magistralmente por tres Comisarios en los que el pueblo puso su confianza, sus dineros y el aval de sus viñas. Obra rápida en su ejecución, artística en su construcción y majestuosa en su ubicación en el centro de la Villa. Un ejemplo más de la buena formación que tuvieron muchos dirigentes locales, de la fuerza que en la población ha ejercido y ejerce su Patrona la Virgen de la Plaza y de la vinculación de Elciego con la cantería y los viñedos. Nuestros antepasados nos enseñan una vez más que ellos, a pesar de las penurias económicas, tuvieron fuerza anímica y física para realizar unos proyectos que hoy en día nosotros gozamos y enseñamos como prestigio de una población identificada con su pueblo, sus valores, su historia y su cultura.

 

 

 

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3 comentarios

  1. LUIS MURUA said,

    septiembre 2, 2016 a 9:39 pm

    Un trabajo perfecto Jesús, has contado cantidad de cosas que yo no sabía, lo que más me ha llamado la atención es el órgano, por qué llego a instalarse no?, como desapareció ?
    Esto nos tiene que animar, emulando a nuestro antepasados a que se hagan las cosas bien y consigamos que nuestra ermita sea aún mejor.

    • Fernández Ibáñez Jesús said,

      septiembre 5, 2016 a 9:21 pm

      Así es Luismi, cuántas cosas vamos descubriendo entre todos. Sobre el órgano ya sacaré un articulito, que está casi preparado

  2. diciembre 26, 2016 a 9:27 pm

    […] Al entrar en la década de 1780, la plaza estaba arquitectónicamente ensamblada, ya que se habían construido casas en los solares que aún quedaban, y sobre todo, por la finalización de la nueva ermita de la Patrona. […]


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