1676.- La importante obra en la ermita de la Virgen de la Plaza

“Enparantzako birjina” ermitaren teilatuko eta hargintzako konponketak, bere hondamen egoera zela eta, 1676ko sekulako lana bilakatu zen.

(Principios del siglo XX.-Fotografía perteneciente al archivo de Luis Bañares Pérez -Familia Bañares)

La ermita de la Virgen de la Plaza que ahora conocemos en nada se parecía a la que antes existió. En el siglo XVII podríamos pensar en un habitáculo parecido a las actuales ermitas de San Vicente o de San Roque: un rectángulo y una sencilla construcción.

Hacia 1675, y tras haber construido dos décadas antes una sacristía a la ermita, ésta se encontraba en un estado deplorable. “Indecente”  lo definió el Visitador oficial del Obispado, y amenazaba ruina cualquier día, porque el tejado se venía abajo. Era necesario hacer una reparación total del tejado con su artesonado y también una obra de cantería que reforzara las paredes en su parte superior.

Bautista Segurola Arregui era un joven carpintero que se había trasladado desde su Azpeitia natal a Elciego para trabajar aquí todos los encargos relacionados con la madera. Aquí contrajo matrimonio con Francisca Sáenz de Payueta García en 1676 y aquí se estableció la pareja con sus ocho retoños.

A este joven carpintero se le encargó el diseño de una cubierta con un artesonado “robusto, duradero y con un poco de estilo” . Así lo hizo diferenciando los cuatro cuerpos: uno para cobijar la Imagen con su pequeño tabernáculo, otros dos cuerpo centrales y otro en el extremo donde se asentaría el coro. El coro tenía su importancia para poder oficializar los rezos con el decoro y la devoción que se merecía la Patrona.

 

Las maderas principales deberían ser de olmo, tanto las tijeras como los aguilones y las demás sopandas. Tres tijeras eran suficientes para armar bien el tejado. Los cabrios y los teguillos deberían ser de haya. De esta  manera garantizaba una buena estructura para varios siglos.

El coro iba fundado sobre una gruesa viga de olmo de media vara de alto y de tercia en grueso, recorriendo toda la anchura de la ermita, desde la escalera de acceso hasta la propia pared contraria. Unas viguetas de haya con bóvedas y una solera era más que suficiente para el coro, que estaba protegido del resto de la ermita por una balaustra. El coro estaba reservado para los clérigos y beneficiados, por lo que la escalera de acceso llevaba puerta y aldaba. La capacidad era hasta para quince personas sentadas en unos bancos de nogal.

Los trabajos de carpintería también llevarían el fabricar una puerta principal para la ermita, ya que la anterior estaba tan indecente como el propio centro. La guarnición sería de olmo y las tablas de nogal, con un buen clavazón “como las buenas puertas del pueblo”.

La obra era de envergadura, puesto que entre los trabajos de carpintería y los de albañilería se calcularon inicialmente en torno a 1.200 ducados. Aparte, la ermita debería aportar cabalgaduras para traer cabrios, teguillo, teja y otros materiales. Se contempló el mes de septiembre el mejor para hacer estas labores de acarreo de materiales, puesto que las caballerías del pueblo estaban más libres. Se calcularon 200 cabalgaduras.

 

La parte de cantería se le encargó hacer el proyecto a Pedro de Villaparte, cantero que no tenía residencia fijada en el pueblo y que había venido a hacer una casa para la Iglesia. El cantero vio la necesidad de levantar todo el contorno de las paredes de la ermita unos cinco pies de alto. Como refuerzo haría unas pilastras de ladrillo ancadas de cuajo hasta la altura del arrancamiento de los arcos, con arquillos y finas falfas del mismo material. También sería necesario retirar la cornisa de las paredes y volver a hacerla en su lugar correspondiente. En el caso del coro, propuso enladrillarlo con baldosas, aparte de echar las bovedillas para asentar la solera y hacer una columna pétrea, redonda con capitel toscano, para recibir la viga central. La escalera para subir al coro la propuso de “piedra labrada a pico en escuadría” en su inicio y los siguientes peldaños de ladrillo con listones de madera, de tres pies y medio.

En la entrada principal se vio conveniente poner tres gradas de escalones de piedra, al igual que hacer unos asientos de piedra alrededor de dicha ermita, enlosados y a pilón.

La torrecilla donde estaba asentada la campana, como había que subir cinco pies a las paredes, se desmontó y volvió a montar.

Para iniciar la obra era necesaria la autorización eclesiástica, que siempre condicionaba la autorización de una reforma a que asegurar que lo básico no se resintiera. En este caso era la iluminación perenne de la lámpara de la ermita y su imagen. Esta garantía estaba asegurada porque había en la ermita dos lámparas, una alimentada por dos cántaras que daban los hijos de Martín Domínguez y Francisco Ibáñez, y la otra por la familia Navarrete Ladrón de Guevara, quienes se obligaron a encenderla y mantenerla, puesto que habitaban en la casa de al lado. La hacienda de la ermita generaba cien cántaras de vino y diez y seis fanegas de trigo, con lo que había suficiente caudal para afrontar esos y otros gastos.

El excesivo celo de las autoridades del obispado porque las obras no se dispararan en costos y fueran asequibles a las economías de cada pueblo, exigió un informe de valoración del costo de las obras. La de carpintería la hizo Joseph de Landa, carpintero ocasional en la villa que valoró la obra según el proyecto en 300 ducados. La parte correspondiente a la albañilería estuvo a cargo de otro cantero local: Juan Armona, quien tasó el hacer una capilla de media naranja donde está la imagen, ladrillarla y lucirla, junto con la obra del coro en 1.200 ducados. En total una obra de 1.500 ducados.

Se hicieron cálculos y se pensó que se podría financiar esta importante obra vendiendo las heredades de la propia ermita que eran 22 fanegas de sembradura, 12 obradas de viña y 76 pies de olivo en 19 heredades distintas. Todas eran donaciones y cesiones testamentarias de devotos. Las más atractivas para la venta: 7 obradas de viña y 13 pies de olivo en Reoios, y 5 fanegas en La Salobre, que entre las dos podrían valer 130 ducados.

El 6 de Mayo, el pregonero público Tomás Fernández, en alta voz pregonó estas heredades para quien quisiera comprarlas. Ese mismo día se alzaron las primeras posturas a cargo de propietarios locales como Manuel de Arenzana, alcalde, Don Francisco Navarrete, Juan de Viñaspre, el clérigo Don Pedro Ibáñez, Juan Pérez Zuazo y otros. Los acuerdos no se cerraban en el primer pregón. A los cuatro días se volvió a publicar en alta voz y dentro de la propia ermita. Hasta hubo un tercer pregón mandado por el Santo Oficio de la Inquisición que se hizo tras las fiestas patronales de Santa Isabel. Solía terminar la puja con una frase muy típica: ”… A la una, a las dos y a la tercera pues que no hay quien dé más, que buen provecho le haga al susodicho con ella”.

Las obras también salieron a subasta. La de la madera se hizo el diez de mayo en la propia ermita por primera vez y un mes más tarde se repitió el acto. Pujaron el propio Francisco Segurola y el carpintero residente en San Vicente de la Sonsierra, Martín de Anguiozar. Consiguiéndola el primero por un precio de 6.270 reales.

Otro tanto ocurrió con la cantería, poniendo las mejores condiciones Francisco de Hueto, estante en el pueblo y oriundo de la Trasmiera cántabra quien se comprometió a hacer la obra por 9.500 reales.

 

 

 

CONDICIONES QUE SE HACEN PARA LA OBRA QUE SE HA DE HACER DE CARPINTERIA EN LA HERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA PLAZA DE ESTAS VILLA DEL CIEGO

1.- Primeramente que el Maestro o maestros en quien se rematare la dicha obra de carpintería la ha de dar acabada dentro de seis meses del día de su remate.

2.- Que el dicho Maestro ha de poner todos los materiales para dicho tejado de manera que de parte de la dicha ermita no haya obligación ninguna más de darle el dinero en que se rematare y el despojo de dicho tejado ha de ser para el dicho Maestro.

3.- Es condición que las maderas principales hayan de ser de olmo, tijeras, aguilones y demás sopandas. Cabrios, teguillo haya de ser de haya. Con el cuerpo necesario que la obra requiere, según las trazas y ha de llevar tres tijeras.

4.- Es condición que acabada la dicha obra la hayan de ver maestros peritos en el arte, si queda según las trazas y condiciones

5.- Es condición que dicho Maestro ha de hacer un coro el cual haya de ir fundado sobre una viga de olmo de grueso de media vara en alto y de tercia en grueso. E dicha viga ha de correr de la escalera que se fundare para dicho coro hasta la pared. Sobre la cual se pondrá una solera que corresponda con lna cornisa de arriba, balaustrado correspondiente a la reja que está en dicha ermita y las viguetas que hubiere menester dicho coro. Para las bóvedas han de ser de haya.

6.- Es condición que dichos Maestro haya de hacer la puerta para dicho coro. Unos bancos rasos de nogal que puedan sentarse hasta catorce o quince personas. Se advierte que también ha de haber aldaba de dicha puerta en mano

7.- Es condición que dicho Maestro haya de hacer una puerta principal en dicha ermita. Con tablas de nogal de guarnición de olmo y dicha puerta ha de ser sobrepuesta con clavazón que al dicho Maestro se le enseñare en una puerta de esta villa. Y ha de correr por cuenta la cerraja y llave de ella como todo lo demás.

8.- ES condición que el Maestro en quien se rematare dicha obra haya de dar fianzas abonadas, aprobadas por la Justicia dentro de tres leguas al contorno de dicha villa.

9.-Es condición que al dicho Maestro o Maestros en quien se remata la dicha obra se haya de dar el dinero cuarta parte para comprar materiales, cuarta parte en mita de la obra, cuarta parte en acabándola y la otra cuarta parte, dándole cada un año treinta ducados

10.- Es condición que a dicho Maestro en quien se rematare la dicha obra se han de dar de parte de dicha ermita por cuenta cabalgaduras para traer cabrios, teguillo, teja, las cuals las ha de pedir. Por todo el mes de septiembre de este presente año y con estas condiciones se ha de hacer la dicha obra que las firma el señor licenciado Don Domingo Cirueña cura y beneficiado en la Parroquial de esta dicha Villa en ella a dos días del mes de Mayo de mil seiscientos y sesenta y seis años, en presencia de mí el escribano

Domingo Cirueña / Andrés Ramírez

 

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