Los Ardanza, un siglo trabajando la cubería en Elciego (1774-1874)

Ardanzatarrak, Ruiz de Escuderotarrekin batera upelgile aipagarrienak izan ziren XVIII.mendearen bukaeran eta XIX.mendearen zehar Ziekon. Apatamonasterioko Bizkaitarrek, beraien lan izugarria eta ardoari loturiko abizena utzi zuten.

LOS ARDANZA, unos maestros cuberos con huella en Elciego y en la zona.

A lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX los cuberos tuvieron una actividad importante en el pueblo. El almacenamiento de los vinos, la mayor riqueza de la población, demandaba cuevas y buenas cubas para su conservación desde la encubanza hasta la venta a los arrieros. Un proceso que por lo general no llegaba a un año ya que había que vaciar el vino viejo para dejar cabida al nuevo. “Por San Andrés el vino nuevo, viejo es” dice el refrán como indicándonos que por esta fecha se diferenciaban claramente las dos cosechas; si es que alguien tuviera capacidad almacenar alguna cuba sin haberla vendido.

El perfil de los cuberos es el de un varón joven, que viene a atender la demanda de trabajo de cubería  y carpintería del pueblo, sin familia y que se queda a vivir, contrayendo matrimonio o no con alguna lugareña. El caso más significativo es el de los Ruiz de Escudero, donde la saga de cuberos, toneleros y carpinteros con este apellido se ha mantenido desde mediados del XVIII hasta nuestros días. De todos los demás no queda huella del apellido entre nuestra población: Useta, Ibarlucea, Lourzua, Segurola, Aldape, Aguirre, Chavarría, Urquiola, Mendiola, Janguren, Iregui, Pagadorria, Oñaderra, Lecuona, Sarría, Ruiz de Zárate, Zenuta, Zabala, Sangróniz, Uranga, Bengoa…..Apellidos que remarcan la zona de donde provenían: del norte de las Vascongadas, principalmente del interior de Vizcaya, norte de Alava y la parte occidental de Guipúzcoa. Zonas de abundante roble como materia prima y zonas sidreras muy vinculadas con la tradición cubera.

Los Ardanza nos han dejado una huella generosa en la documentación  local y en la diversidad de trabajos en el pueblo. La particularidad de estos cuberos es que el padre Blas y los hijos Julián y Juan trabajaron en el pueblo y en la zona a lo largo de un siglo; pero todos eran naturales de Apatamonasterio. Iban y venían del valle de Atxondo a la Rioja Alavesa, aprovechando los viajes para incrementar el negocio: madera, ganado, etc… Juan Ardanza Gorostiza se estableció en el pueblo desde que matrimonió en 1833 con Santos Alesón Alutiz, hija del herrero con la que tuvo un hijo del que sólo conservamos la fecha del nacimiento; pero que falleció fuera del pueblo en edad temprana. Juan Ardanza falleció en Elciego en 1874, donde se le dio cristiana sepultura.

Blas Ardanza

El primer dato que tenemos de este cubero en Elciego es de 1774, donde hace un yugo para la campana nueva de la Iglesia y por el que cobra 281 rs.

Desde 1777 hasta 1784 le vemos trabajando intensamente para la cueva de la Iglesia y el trujal. Así hay diversos pagos de recorrer cubas, poner tablas, componer el trujal, cubas nuevas, huso de nogal para el trujal,….con importantes pagos de dinero.

Otra acometida tiene lugar en la década de los noventa donde sigue habiendo pagos de compostura de témpanos, tablas nuevas….y un cubo nuevo en 1793 de 129 cargas de uva por el que abonó la Iglesia 2.078 rs. En 1796 hay un pago de componer una cuba nueva del maderaje de dos cubas que desmontó. Al siguiente año vemos comprando una cuba vieja a un particular y montándola en la cueva de la iglesia, con su armazón de hierro nuevo y bien preparada con sebo y aceite.

La actividad de Blas Ardanza en Elciego continúa en la primera década del siglo XIX; fundamentalmente en los trabajos de cubería para la Iglesia. En 1804 realiza un trabajo importante en tejado de la Iglesia de 2.004 rs y medio, en el que trabajaron 65 peones en retejar y componer el tejado, aparte de hacer dos cubas nuevas. Buen trabajo debió hacer el buen cubero, puesto que el cura ordena que se le abone una gratificación de 8 rs.

A partir de 1810 le toma el relevo su hijo Julián, a quien le da el poder sobre 86 árboles que tiene elegidos y contratados en la población alavesa de Quintana, tanto para la elección de los mismos como para dejarles el tiempo que desee en la Dehesa.

Por los datos que disponemos y basándonos también en que sus hijos nacieron en Apatamonasterio, Blas Ardanza pasaba temporadas en uno y en otro sitio. De 1781 es un documento donde da poder para cobrar presencial y judicialmente a Andrés Ibarzábal, cantero natural de Eibar y afincado en Elciego, a un vecino de Lapuebla al que le había fabricado dos cubas de nueva planta. Parece ser que Blas Ardanza aprovechaba estas idas y venidas para traer maderaje de su tierra natal e incluso una “yunta de bueyes de pelo de color de zera amarilla con su carro y aparejos”, que alquila a su amigo Ibarzábal por el precio de 66 rs cada año. Este mismo año venda una yugada de bueyes con su carro y aparejo a un vecino de Navaridas por 1.386 rs..  De 1792 es otro documento donde da poderes a un vecino de Bernedo sobre un litigio sobre árboles para obtención de madera. En la misma línea es otro poder dado en 1796 a un vecino de Durango para el cobro de trabajos realizados al estar él ausente una temporado

 

 

Julián Ardanza

Julián continúa con los trabajos realizados con su padre para la Iglesia, la mayor productora de vino del pueblo. Son años de buenas producciones y aumento de viñedo en la zona. Esto repercute en los cuberos ya que aparte del mantenimiento de las cubas existentes, necesitan construir otras para acoger la demasía del vino. Julián sigue reproduciendo el estilo de vida de su padre Blas. Pasa temporadas en Apatamonasterio y otras en Elciego.

En 1817 le vemos trabajando para la Iglesia tanto en recorrer cubas y trujal y fabricando una cuba nueva para el Cabildo. Otra cuba de 300 cántaras hace en 1819, por la que cobra 874 reales. Son numerosos los pagos al respecto que se reflejan en el Libro de Fábrica de la Iglesia en estos años.

De 1819 1820 conservamos varios recibos de trabajos de recorridos de cubas a los Salazar, herederos de la herencia de Baquedano y a otros particulares. El mismo trabajo de mantenimiento y recorrer las cubas lo hace con el Ayuntamiento.

De 1820 hay un contrato por fabricar dos cubas de 200 cántaras a un vecino de Lapuebla a un precio de 4 rs y tres cuartillos por cada cántara de capacidad. El precio de las cubas se ajustaba por reales cántara de capacidad. Así vemos cantidades que oscilan entre los 2’5 rs cántara hasta 4’75 como en este caso de Lapuebla. El precio de venta del vino oscilaba mucho de una cuba a otra y de un mes a otro. Podría oscilar entre los 6 rs hasta 11 rs. Con lo cual nos lleva a la conclusión de que la inversión en la construcción de una cuba suponía entre un 40% a un 50%, del valor del vino que va a contener.

Al igual que su padre, Julián trabajó intensamente para la Iglesia. Hay un recibo de 3.000 rs en 1823 que nos muestra esta actividad. No menor es la factura de 3.775 rs que le abona la Iglesia en 1824 por la fabricación de un cubo nuevo de cabida de 160 cargas de uva.

Un trabajo importante en 1830 es la construcción de “un barco sólido y duradero” para el paso del río Ebro en madera de pino. El Ayuntamiento se compromete a pagarle “en moneda de oro y plata y no en otra especie en tres plazos”; cantidad que se tasó en 12.500 rs. tras el reconocimiento de los peritos. Seguramente en este trabajo de envergadura le ayudaría su hermano Juan, mozo entonces de 22 años y que en 1830 se casa con la hija del herrero local estableciendo definitivamente su residencia en Elciego.

Trabajo intenso en la zona tuvieron todos los Ardanza en la zona, trabajos no siempre cobrados en su momento, como el de 1838 donde una deuda de 1.153 rs por una herencia de un clérigo en Navaridas se llega a un acuerdo cambiar la deuda por dos piezas en el término de Los Campos. Debía ser sumas importantes las que se debían en toda la zona a los hermanos Ardanza. Un documento de 1839 el más joven, Juan da poder a su hermano Julián para que cobre esos dineros pendientes que le son necesarios para su sustento. No menos importante es otro fechado en 1841 donde Juan cede el cobro de trabajos realizados a su hermano Julián; cantidades que llegan a los 39.800 reales; una auténtica fortuna.

Los trabajos de los hermanos Ardanza debieron ser intensos y generosos a la hora de cobrar, lo hemos visto en la cantidad anterior, y en 1842 en otro documento donde los dos hermanos autorizan al Procurador del Juzgado de Laguardia para que se haga cargo del cobro de “unas de préstamos y las otras  de materiales, trabajo y manufactura que les han puesto y hecho en su oficio de cuberos”

La Primera Guerra Carlista dejó su huella en la zona y particularmente en el barco que el propio Ardanza había construido en 1830: “las circunstancias de la guerra, que felizcmente ha terminado, han sido causa de perder un hermoso barco que tenía esta villa para cruzar el río Ebro, quedando por consiguiente aislada sin tener comunicación con Castilla”, reza en el contrato. Tras obtener los permisos del Ejército del Norte se le encarga otro barco, esta vez de madera de haya, con características similares al anterior y por una cantidad de 12.000 rs.

Para 1843 desaparece Julián Ardanza y pagos pendientes que han ido quedando de sus trabajos propios, pasan a cobrarlos otro hermano, Leandro, que al parecer estaba establecido en Haro, dedicándose al comercio.

 

Juan Ardanza

Con la desamortización de los bienes eclesiásticos, la mayor empresa vinícola local casi desaparece, dejando totalmente abandonada la demanda de maestros cuberos para sus instalaciones.

Juan Ardanza se estableció en Elciego y trabajó con intensidad la cubería; aunque no tengamos documentación exhaustiva sobre este hecho, sí lo podemos corroborar por compras que fue haciendo y por la hacienda generosa que hizo a lo largo de estos años, que acabó en la Administración del Marqués de Riscal.

Tenía su propio taller de cubería en el barrio de Barrihuelo, puesto que así nos lo refleja la documentación de compra de un solar al lado de su cueva en 1843  y de un dato curioso de 1865, done le dejan en la puerta de su taller una niña recién nacida.

Juan Ardanza se estableció con residencia fija en Elciego, no teniendo en Apatamonasterio ni padres ni hermanos, por lo que para cobros pendientes que tenían de préstamos realizados en la población vizcaína, autoriza a una persona de su pueblo natal en 1843.

Un documento de 1848 nos da luz sobre la familia Ardanza. Seguían vivos Juan en Elciego, Manuel en Elorrio y Leandro en Haro. En estas fechas había fallecido otro hermano, Juan Cruz de nombre, religioso benedictino en Ezcaray. Éste había dejado un censo para cobro a sus hermanos. Leandro acordó con sus hermanos la compra de cada parte.

Juan Ardanza sigue con su trabajo de cubería en Elciego y va invirtiendo los cobros en compra de heredades, casa y ampliación del taller. Enviuda en 1862, renunciando a favor de la familia de su mujer lo que por ley le hubiera correspondido. También existe documentación de solicitud de dinero, ya sea en liquidez o para compra de heredades, lo que nos lleva a deducir que tenía una actividad intensa en el taller y una gestión de sus propiedades un tanto desinteresada, ya que en la década de los sesenta, y hasta su fallecimiento en 1874 se encuentra solo.

A su fallecimiento Jean Pineau continuó el trabajo de los viñedos hasta que en 1880 Leandro Ardanza reclamó el derechos sobre las propiedades, que acabó vendiéndoselas al Marqués de Riscal. Estas propiedades eran el taller de Barrihuelo con cueva, trujal y cubas, una casa en la Calle Santa Cruz número 3, 8 obradas y 150 cepas en el Espuro, 22 obradas y 75 cepas en El Romeral, 7 obradas y 140 cepas en la Vera Cruz, 9 obradas y 20 cepas en la Rad, una pieza regadía de 14 celemines en Los Barrancos, otra pieza de 6 celemines en el río del Valle y una huerta de 260 varas en Rubialga. Aparte de 3 piezas en la jurisdicción de Laguardia, dos viñas en esta misma jurisdicción y una pieza de fanega y 9 celemines en la de Navaridas.

 

Los Ardanza estuvieron un siglo trabajando intensamente en Elciego y en los pueblos limítrofes. Los primeros a caballo entre Apatamonasterio y Elciego, Juan asentado en nuestra villa, pero sin descendencia que haya transmitido el apellido y el recuerdo de estos maestros de la cubería. Quien ha dejado más huella en la zona fue Leandro, el comerciante establecido en Haro, quien vio en el nuevo sistema de elaboración de vinos y el ferrocarril una vía de negocio interesante en la que ha dejado el nombre de Ardanza en uno de los vinos más emblemáticos de Haro.

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