Los acontecimientos de la noche del Jueves Santo de 1777

Ostegun Santuan mutil batzuk Kalbarioa bisitatzera joan ziren eta iluntzean harrikatu zuten.

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Se conserva en el Archivo de la Diputación Foral de Alava una documentación que hace referencia a un juicio sobre un apedreamiento a tres personas del pueblo la noche del Jueves Santo de 1777 cuando fueron a visitar el Calvario.

Los hechos tienen una hilazón sencilla. No deja de ser un acto de venganza, aprovechando la nocturnidad, por algún motivo aún sin descubrir. Para nosotros tiene este enjuiciamiento un valor especial por la cantidad de detalles que nos aporta referente a la vida social, costumbrista, de este año.

Los hechos ocurren en la tarde-noche del Jueves Santo de 1777, concretamente un 27 de marzo. Los apedreados son Joseph Bruno Zubiaur, Joaquín de Armentia y Faustino Sáenz de la Maza. Los acusados: Joseph del Valle, Isidoro del Valle y Domingo Iñiguez. De juez ejerce el alcalde Don Vicente Ruiz de Ubago y Busto; persona que regenta el Mayorazgo de los Ruiz de Ubago en su plenitud. Como testigos intervienen otras personas como Francisco Sáenz de la Maza (cirujano) y otros vecinos: Requemán,  Insausti, Meiro, Regueiro, Cambre, Iñiguez,….

Narraremos los acontecimientos y las declaraciones con cantidad de entrecomillados, ya  que enriquecen estilísticamente el texto y nos aportan cantidad de detalles de cómo era la vida y costumbres en nuestro pueblo.

Tres vecinos acuden sobre las ocho de la noche, a hacer una visita al Via Crucis ( la zona del Crucero, que entonces estaba a las afueras del pueblo), cuando son apedreados por cuatro personas “que no conocieron, aunque sí vieron sus bultos” y “empezaron con el mayor esfuerzo a tirarles piedras bastante crecidas”. Hirieron a dos de ellos que cayeron en tierra y uno de ellos perdió la capa que llevaba puesta. Entraron al pueblo y se encontraron con Requemán al que le contaron lo sucedido y “se admiró de la acción en una  noche tan santa en que sólo se debía meditar la Pasíon de Nuestro Redentor y percibieron que desde el Viacrucis y Calvario venían cuatro y que sin entrar por la calle Real fueron rodeando por la pieza del Concejo  de esta Villa”. Corrieron tras ellos y alcanzaron a uno, quien negó que él fuera uno de los que lanzaron las piedras. Este acusado se dirigió a la  donde se reunió con otras personas.

Se saca a colación un “bando de guerra” que el propio Alcalde Vicente Ruiz de Ubago dictó el 3 de enero de ese año, en el que” para el buen gobierno de esta república beneficio común tranquilidad de ella y servicio de ambas Magestades debía de mandar y mandó se observen, cumplan y guarden los capítulos siguientes que se publicarán a voz de Pregonero en el sitio público acostumbrado para que llegue a noticia de todos y ninguno alegue ignorancia:

Que ninguna persona mediante los perjuicios que han experimentado y considerables daños en esta república con la perturbación del reposo y quietud de sus vecinos, ande por las noches en cuadrillas, patrullas, ni rondas con instrumentos músicos ni sin ellos palos garrotes ni otros ofensivos ni defensivos haciendo esquinas y causando alboroto bullicios ni motines pena de cinco años al servicio de las Reales Armas en uno de los Regimientos de la Marina

La actuación de la justicia es rápida y todo el proceso dura menos de diez días con las declaraciones y encarcelamiento de los acusados.Firma Alcalde y testigos

La primera declaración  es de Faustino Sáenz de la Maza, quien dice que “como a la hora de las ocho de ella poco más o menos fue el declarante en compañía de Zubiaur y Armentia a visitar el Viacrucis y llegando a la séptima cruz, y diciendo con voz sumisa aunque perceptible las palabras de dadnos señor buena muerte por tu santísima muerte, vio el declarante cuatro personas con capa y el más alto de ellos con sombrero, le tiraron un canto bastante crecido y le dio en el brazo izquierdo cuyo golpe le ha causado una contusión, repitiendo en tirar con el mayor esfuerzo más cantos, y uno le dio a Zubiaur en el lado izquierdo y lo echó en tierra y, por defender la cabeza, se puso en ella las manos y en cada una de ellas le dieron un cantazo y el que declara cayó en el suelo por haberse enredado en la capa de Zubiaur y estando en él le dieron otro cantazo en el tobillo del pie izquierdo y cómo uno de los cuatro que le apedrearon se bajó al suelo a coger una peña por habérsele acabado las que llevaba en la capa “. Se vinieron a la villa, concretamente a la taberna que estaba a la salida hacia el Calvario, cuando se encontraron con Manuel de Requemán y con Angel Insausti “ que está de cavas en la casa de Don Juan Antonio Arrúbal”. (Las cavas se realizaban alrededor de las viñas o terrenos para que en época de tormentas se condujeran las aguas y así no ocasionaran arrastre de tierras ni otro tipo de destrozos. Echar cavas ha sido una labor realizada hasta nuestros días).En ese momento vieron a cuatro mozos y les siguieron, alcanzando a Joseph del Valle, quien sospecharon que era uno de los que les apedrearon.

Otro de los afectados, Joaquín de Armentia, comentó que “se echó en el suelo porque decía no podía estar de los cantazos que le habían dado”. Al alcanzar a Joseph del Valle le dijo “somos cristianos, quién hace estas acciones en estos tiempos?”. El acusado les negó todo y les dijo que “pueden ser forasteros”.Alcalde y Zubiaur

El tercer afectado, Joseph Bruno Zubiaur, natural de Logroño, quien tras narrar los declaró que alcanzaron a Joseph del Valle a quien le dijo” sois cristiano o moros, para hacer las acciones que habéis hecho”.

Las sospechas recaen sobre el propio Valle y otras personas, ya que esa misma noche le salieron cuatro personas a  otro vecino morador en la villa, junto a la Ermita de la Plaza y “le dieron un empellón, y revolviéndose con una barra que llevaba para replantar, le sacaron una navaja. Y los otros dos dijeron, dejadlo que no es ése”.

De la misma manera se tomó declaración a Manuel de Requemán quien les auxilió y dijo que ante la acusación directa a Valle le respondió “calla hombre que habrán sido forasteros y también ha oído decir que en la misma Noche apedrearon a un criado de Don Juan Manuel de Amestoy que andaba visitando las Cruces”

En la misma línea declaró la otra persona que les auxilió, Angel Insausti, natural de Logroño , estante en la villa y que esa noche “estaba en la taberna de esta villa echando un trago de vino”.

La trama está sin resolver y el propio Alcalde va llamando a testificar a varias personas, bajo la titulación de “cita evacuada”.

El primero es Meiro, mozo soltero, natural de la villa quien días antes, yendo a casa del escribano Don Miguel Fernández Munilla “ a buscar al mayoral de cavas de éste, vio inmediato a los portales de la Casa Consistorial de esta villa que dos mozos estaban riñendo y deseando evitar la quimera, se llegó a ellos y los separó, y conoció eran Faustino Sáenz de la Maza y Baltasar Regueiro mozos solteros naturales de esta villa. Y Regueiro dijo a Faustino haciendo una cruz en el suelo que no tenía que pasar de allí en anocheciendo, que si lo hacía se acordaría de él, con lo cual cada uno se marchó a su destino y no sabe el motivo que tuviese el dicho Regueiro para dar de golpes al Faustino.”

Otros testigos lo hacen en el mismo sentido y con la misma apreciación.

El cirujano de la villa, Francisco Sáenz de la Maza, reconoció a los dos heridos por orden del Alcalde. De Zubiaur dijo que tenía “una contusión en el carpo derecho no de la mayor consideración como también otro golpe en el hipocondrio izquierdo y encima de los músculos intercostales externos con una contusión leve superficial que le cogía su circunferencia de tres a cuatro pulgadas de amplitud y longitud y no las considera de peligro”. Sobre Faustino Sáenz de la Maza, le encontró “una contusión en el antebrazo izquierdo y encima de los músculos extensores y también otra en la pierna izquierda en la parte externa y debajo del hueso maléolo o tobillo”

A los cinco días, y entrando en el mes de Abril, el Alcalde ordena el encarcelamiento de Joseph del Valle, embargándole sus pertenencias y poniéndolas en seguro Depósito. Pertenencias que se detallan y son: “Un tirador, una silla de paja, una arca con su cerraja y llave vacía, una mesa de pino con su cajón, una silla de pino, una arca de pino vacía con su cerraja y sin llave, otra arca con su cerraja y llave”Del Valle

A partir de aquí comienzan una serie de “citas evacuadas” de varios testigos donde se encubre y enmarañan los hechos. Sobre una herida de uno de ellos dice que se la hizo” cuando iba al molino y pasando por junto a un pajar caído propio de Don Joaquín Villarreal cayó un canto y le hizo una herida en la cabeza”. Versión que según el cirujano estaba realizada con un instrumento punzante.

Otra variante de la misma versión la da otro declarante diciendo que “notó que se le había caído la hebilla de un zapato, y bajándose a ponerla, cayeron dos peñas del dicho pajar y le dio una de ellas en la cabeza y sintió que le había herido, con lo que se retiró a su casa

Joseph del Valle ya en la cárcel el 2 de abril, declara que tiene cuarenta y tres años y que es de oficio labrador. Que al anochecer del Jueves Santo estuvo en la taberna “a sacar dos azumbres de vino para beber en compañía”. Al preguntarle por la ropa que llevaba ese día respondió que “ tuvo puesto calzón, chupa, medias y zapatos negros, con capa negra y montera de paño de mezcla”. Cuando fue preguntado por qué fue a casa de otra persona, comentó que iba “ a que le diese un par de sardinas por haberle dicho que las tenía frescas o escabechadas”

Analizadas de nuevo todas  las declaraciones, el Alcalde mete en prisión a otras dos personas: Isidoro Valle y Domingo Iñiguez.

Siguen declarando más testigos sobre la bebida de dos azumbres de limonada de vino que realizaron a las afueras de la taberna. Hablan de un encuentro en la pilastra de la plaza; pero que luego todos fueron a casa.

Se le vuelve a tomar declaración a las tres personas encarceladas. A Domingo Iñiguez se le pregunta “ si sabe que la noche de Jueves Santo es una de las más misteriosas y en que se debe tener toda templanza meditando en la pasión de Nuestro Señor y que por lo mismo es ajeno de todo buen cristiano y porte el andar semejantes noches por las calles, tabernas, juegos bebiendo limonada” a lo que responde que asistió” a todos los oficios divinos que se celebraron en dicho día de Jueves Santo y no le parece mal el que se junten cuatro amigos a beber una limonada estando con toda paz y quietud “

Finalmente el auto dictamina a Joseph del Valle a pagar quinientos maravedíes y la mitad de las costas. A los otros dos, Isidro del Valle y Domingo Iñiguez, trescientos maravedíes cada uno y la otra mitad de las costas. Al primero se le apercibe y que” en adelante arregle su conducta y viva más contenido y recogido en su casa, con su mujer y familia por las noches y especialmente estando el Jueves Santo sin salir de ella, ni andar por las calles a no ser con causa legítima y necesaria bajo de que será castigado con la mayor severidad y destinará a uno de los reales Presidios de Africa”

Juicio rápido sobre unos hechos concretos, podríamos definir a este proceso.

(Archivo Diputación Foral de Alava.- DH 515-19)

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