1888.- El Marqués de Riscal fomentador de la viticultura española. Las bodegas de Torrea

Ricardo Becerro de Bengoak “El Imparcial” egunkarian artikulu hau argitaratu zuen 1888an. Oso idatzi interesagarria da jakiteko nola zegoen ardoaren gaia lantzen garai hartan.

Ricardo Becerro de Bengoa,escribió este artículo en “El Imparcial”, el 29 de marzo de 1888. Explica los avances propiciados por el marqués de Riscal en la vitivinicultura riojana y la importancia económica que supuso para este sector las innovaciones traídas desde tierras francesas por Jean PIneau.

 

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EL IMPARCIAL

Diario Liberal     Jueves 29de marzo de 1888

ELMARQUES DE RISCAL

Fomentador de la viticultura española

Las Bodegas de Torrea

En medio de la Rioja Alavesa, a corta distancia de la margen izquierda del Ebro y en una de las laderas de los numerosos barrancos que, formados por las derivaciones de la sierra de Toloño, cortan aquel pródigo y accidentado suelo, se eleva la importante villa de Elciego. Fuera de ella, entre el riachuelo que fertiliza las huertas de su término y el camino que sube a Lapuebla de Labarca, frente a su notable iglesia de San Andrés, que es su fábrica y ornamentación conserva la memoria del insigne hijo de la villa el Arzobispo de Burgos Don Manuel Navarrete, autor de las historias de esta sede y de la de Mondoñedo, frente a la obra del prelado erigida a principios del XVIII, se dilata la extensa línea de las Bodegas de Torrea,  que con sus plantíos cercanos constituyen una magistral escuela práctica de viticultura y de elaboración de vinos, ya afamada dentro y fuera de España, y que consagra para siempre el nombre del prócer ilustre del Marqués de Riscal, que las fundara para honra y provecho de la agricultura patria.

El progreso sostenido en Alava en pro de este ramo de la riqueza pública se inició en la Granja Modelo Provincial por su inolvidable director el Sr. Garagarz en 1860. Poco después, siendo Diputado General el Sr. Ortiz de Zárate, entusiasta por los intereses de la Rioja, se hizo la campaña de propaganda y de ensayos, en la que tomaron decidida parte el marqués de Riscal y los Sres Balanzategui y Gil de Elciego, Gortázar de Laguardia, Poves y Paternina de Labastida y Olano de Samaniego. El maestro de bodega Mr. Juan Pineau, que la Diputación trajo de Burdeos para la enseñanza práctica, pasó a servir al marqués de Riscal, en clase de director, y administrador cuando éste se decidió a establecer en grande escala la explotación vitícola por el sistema Medoc  en 1868, después de seis años de constantes trabajos de laboreo y fabricación.

Dadas  la clara inteligencia, la actividad asombrosa y la facilidad que para las más difíciles soluciones ostentaba el marqués en sus empresas, creó bien pronto, como por encanto y con la base de su sano capital, un centro vitícola que fue primero la admiración de toda la comarca riojana y después el predilecto punto de visita y de estudios de los hombres entendidos dedicados a la agricultura. Un ingeniero distinguido por muchos conceptos, D. Ricardo Bellsolá, jefe entonces  de la provincia de Logroño,  hizo por su encargo una expedición a Burdeos para tomar allí el modelo de los edificios que en el término de Torrea,habían de servir para la elaboración de los vinos.

Compró el marqués abundantes terrenos ( bien caros por cierto los que rodearon a las bodegas) y emprendió el plantío y las labores bajo la hábil dirección de Mr. Pineau.

Hiciéronse éstas con azada, a la profundidad de 40 centímetros en suelo limpio, y a 80 en el pedregoso, despojándolos de cuantos estorbos se oponían a la vegetación. En los términos fértiles de colocaron las cepas traídas del Medoc a 1’71 de distancia, correspondiendo 3.119 a cada hectárea y en los pobres a 1’40 que daban 5.102 en suma. Se alimentaron con una arroba de abono por cepa, preparado convenientemente en el primer año, y sujetado cada una a una estaca para que se criaran derechas. Plantación esmerada, cara, pero muy productiva, que en su geométrico regular y pintoresco conjunto, se distingue y destaca perfectamente en aquellas laderas, pregonando dónde puso su mano el marqués y sirviendo de enseñanza a todos.

Las bodegas se componen de un conjunto de dependencias de servicio completo para la elaboración. Por la fachada que mira al Norte, después de pasar por el despacho y habitaciones, se llega a los dos calados o galerías, donde están los cubos o tinos, de 85 hectolitros cada uno, montados sobre sillería,  y destinados a la fermentación. Se hallan todos provistos del aparato Mimsard, que dé salida al ácido carbónico y recoge y condensa los productos alcohólicos y aromáticos. Una línea de carriles de hierro conduce desde el exterior a los tinos la uva, limpia ya de todo grano podrido y sucio, y que va a parar a una trituradora  y zaranda, donde queda el raspón.

La presión se hace en cada cubo por un procedimiento superior al de Mabille, y para el cual no se necesita más que el esfuerzo de dos hombres.

Toda la techumbre del edifico es de armadura de hierro de chapa doble.

Las bodegas son sorprendentes. Hay cuatro antiguas y cuatro nuevas de 50 metros de longitud, y están edificadas sobre el nivel del suelo, con respiraderos al Norte y con dos metros de tierra sobre la bóveda. En ellas se ven escalonadas cuatro filas de barricas o pipas de 14 cántaras (228  litros) cada una. En cada galería hay unas 1.000 barricas. Estas se fabrican en Torrea. Costaban antes los envases de 25 a 30 pesetas y  comprendiendo el marqués que su fabricación extraña, sin favorecer a ninguna industria nacional, gravitaba sobre la de los vinos, planteó allí el taller de pipería, dando ocupación y pan a numerosos muchachos del pueblos, que fabrican de 600 a 1.000 por año.

Trasegados y clarificados los vinos, se embotellan por medio de magníficos aparatos, después de elegir y tamizar los corchos, y sin dejar nunca entre el tapón y el líquido ningún vacío, Consérvanse las botellas, puestas horizontalmente, en casillas de ladrillo con listones de madera, y en armarios de alambre, dentro de oscuras galerías a muy baja temperatura, al parecer. Allí hay una riqueza de productos excogidos, de vinos, desde 1862 hasta la fecha. Su fuerza alcohólica es (según los análisis de los Sres. E. Garagarza, Dr. Lande y E. Pedroni) de 11’9 a 12’8 y 13’4 por 100. Un vino de 1862, analizado en 1878 (Exposición Universal de París) por Mr. J. Boussingault, dio respecto a la cantidad de un litro, los siguientes resultados: densidad 0’996, alcohol en volumen, 118’0, acidez total 3,588, crema de tártaro 0’263, tanino 0,125, extracto seco, 26,2; glicerina, 8’2 , ácido sucínico, 1’61; cenizas, 2’8; alcalí en las cenizas 1’275

Bien pronto recogió el marqués el positivo resultado de su magna empresa. Los vinos de su nombre, premiados en primer lugar en los grandes concursos internacionales, adquieren gran fama en Madrid, en el Norte de Europa, en Inglaterra y en América. Hoy la elección de su marca para la mesa, es la mejor marca del gusto exquisito del consumidor.

Probó en sus cálculos agronómicos que los cosecheros en la Riojaapenas llegan a obtener un interés de un 3’6 por 100 del capital y que él obtenía un 7’7. Todo, por supuesto, en término medio. Mientras los productos ordinarios del país se venden a tres pesetas la cántara, o se a 18’73 el hectolitro, que dan un producto líquido medio de 31 reales por obrada (cada hectárea comprende 18’1 obradas), él podía vender a 12 pesetas la cántara, o sea a 75 el hectolitro, que aun reducido a 45, por las mermas de tenerlo cuatro o cinco años conservado, siempre resultaban a un precio muy superior al común. A los quince años de establecidas sus bodegas, vendía cada barrica de 225 litros a 170 pesetas, cuyo precio subió con la edad de los vinos considerablemente. El producto por obrada se duplicó ( en la misma relación que el interés indicado) pues aun descontando el 8 por 100 del capital invertido en más, en esta elaboración, resultaba ser de 63 rs, doble del ¿ ya dicho.

Consiguió el marqués en esta escuela ejemplar de elaboración no sólo esos grandes resultados económicos, sino el hacer comprender a los cosecheros que aquellos excelentes vinos riojanos, que no lograban conservar más de un año, por el atrasado sistema de fermentación que seguían, por las fatales consecuencias de guardarlos en pipas de gran capacidad y por el empeño en producir diversas clases de caldos de tres calidades, podían obtener larga duración y otras preciosas cualidades que multiplicarían su valor.

Tal fue la obra inteligente y patriótica del señor Hurtado de Amézaga. Si hoy, al lamentar la crisis por que atravesamos se queja, el país de que muchos hombres poseedores de talento y de capital viven apartados de la vida del campo, y de que para nada se cuidan de ella, empleando, egoístas, su fortuna y su actividad en otras más cómodas, brillantes y útiles especulaciones, conste que el marqués de Riscal, a semejanza de otros hombres ilustres por su alcurnia y sus medios, cuyos nombres sabe toda España de memoria, cumplió como bueno y como noble al contribuir generosamente a la regeneración y progreso de nuestra abatida agricultura

                               R. Becerro de Bengoa

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